¿De qué te gustaría hablar hoy?
Eduardo Hadjes Navarro

Querido amigo ¿De qué te gustaría hablar hoy?

A mi, personalmente, me encantaría contarles lo maravilloso que me resulta mirar un amanecer en un despejado día primaveral. De la sonrisa que me brindó un niño de dos años, con quien me crucé a la salida de mi casa. De las olas a la orilla de la playa…..en resumen, me encantaría poder hablar de todas las cosas hermosas y amables que encontramos en nuestro diario vivir, pero, desgraciadamente,  mis inquietudes por lo que acontece en nuestro mundo, quedarían en mi interior, quemándome inmisericordemente, al no poder compartirlas.

Como me encantaría describirles la vista que tengo desde mi escritorio, en que puedo contemplar los primeros faldeos cordilleranos, cubiertos sus penachos con manteles blancos, que luchan por no ser absorbidos por los rayos de sol……..

Luchan, absorbidos, manteles blancos. Mis ojos se nublan, producto de unas furtivas lágrimas que asoman rebeldes, ante la realidad siria y la lucha desesperada de unos niños descalzos y semi desnudos, luchando por conseguir un pedazo de pan, el cual, les garantizo, en vez de mantel blanco, sólo lograrán ver un  charco de barro, en un campamento de refugiados, en la frontera sirio-turca.

¿Por qué, tantos hombres disfrutan haciendo el mal, cuando el bien, la bondad, la caridad,  la misericordia, son mucho más bonitas y fáciles de lograr?

¿Por qué miramos como algo lógico, que los Organismos Internacionales, esos mismos que están tan atentos para condenar a Israel, por lo que sea, permanecer impasibles frente a lo que está aconteciendo a diario en Siria?

Que lamentable que los temores que manifestaba hace unas pocas semanas atrás, de que Hezbollah interviniera en Siria, para defender al cruel tirano, ya sea una realidad.

Rusia insiste que el conflicto sirio debe ser resuelto sólo entre ellos. Para lograrlo, le envía lo más moderno de su arsenal militar y aplaude entusiasta que las armas enviadas anteriormente, hoy en manos de los terroristas de Hezbollah, los mismos que la Unión Europea se niega a calificar de movimiento terrorista, esté actuando abiertamente, para ayudar a Basher al Assad, a asesinar a sus propios conciudadanos. Recuperar Quseir, terminar de destruir Alepo, se está transformando en actos heroicos, a manos de tan crueles asesinos.

Es tan descarado este intervencionismo, que Irán ya no necesita disimular como sus propios soldados, están colaborando por su lado, en tan macabra tarea. Si hace una semana atrás, la caída de Al Assad se veía como algo inminente, esta posibilidad se aleja a pasos agigantados, ante el refuerzo iraní-Hezbollah, que de paso, está ocasionando serios problemas al Líbano que ya está recibiendo frecuentes ataques en su frontera con Siria.

Por su parte, Turquía se debate en la más impensada incertidumbre, viendo como las protestas iniciales, cambiaron de rumbo radicalmente y ahora, Erdogan, recién llegado de su gira internacional, amenaza que no jueguen con su paciencia.

Nosotros, los judíos del mundo, no estamos mucho mejor. El antisemitismo, avanza aceleradamente donde quiera que llevemos nuestra atención.

Europa, la culta, la civilizada y supuesta rectora de la democrática conducta humana, se debate en olas de protesta, las cuales, en definitiva, repercuten en un resurgimiento del antisemitismo más cruel y despiadado imaginable.

La llegada de millones de musulmanes a sus territorios, está trayendo un renacer de las extremas derechistas, las cuales, en definitiva, terminan descargando su odio en contra de los judíos.

Atacar a los musulmanes y su intento de que sean los nacionales los que se adapten a sus costumbres y leyes y no ellos a las de los países que los cobijan, les resulta cada vez más problemático y peligroso. Nuevamente nosotros, los judíos, más pacíficos y civilizados, somos los que terminamos pagando la cuenta.

Nadie, salvo nosotros mismos, reclamará  en contra de éste resurgir antisemita.

¿Y en Latinoamérica, cómo estamos?

En Chile, ya vimos hace poco, el brutal ataque antisemita de un lagarto miserable, disfrazado de cómico, haciendo la más burda parodia imaginable, de judíos siendo quemados en hornos tristemente famosos, pero, aparentemente en vías de ser olvidados. Claro, con tanto personero mundial negando el  Holocausto, como podría extrañarnos tal crueldad.

Con una Asamblea General de las Naciones Unidas, escuchando impávidos, a un Ahmadinejad anunciando la próxima destrucción total de Israel y sus 7,5 millones de habitantes y manifestando que el Holocausto es una invención sionista, recibiendo el repudio de contados delegados, los cuales se retiraron de la sala, mientras una gran mayoría, guardó respetuoso silencio, hasta el final de su diatriba, para premiarlo con un caluroso aplauso, nada es sorprendente.

Inexplicablemente, los delegados de nuestros tres países, Chile, Uruguay y México, estaban entre estos últimos.

Venezuela y su nuevo tiranillo, se ufana de atacar a Israel, a los judíos y al sionismo, mientras jura que por ningún motivo, es antisemita. Clásico entre aquellos que creen que todo lo que dicen en nuestra contra, no es porque nos odian. Al contrario. Nos aman, pero sólo están diciendo la verdad y ello, en definitiva, sería nuestra culpa.

Francia, cuna de LA LIBERTAD, IGUALDAD Y FRATERNIDAD, está siendo mudo testigo del más increíble resurgimiento del antisemitismo. Tomados de la mano, Marine Le Pen y una serie de grupúsculos ultraderechistas, surgidos justamente para contrarrestar la arremetida fundamentalista islámica, se toman de la mano a ellos, haciendo causa común, para atacar todo lo que sea relacionado con judaísmo.

Ya no se disfrazan de “antiisraelíes” o “antisionistas” Simplemente, sus ataques son antisemitas y, por razones increíbles, ya no se disimulan.

Pero….un momento. ¿De qué íbamos a hablar en éste comentario?

Ya me acordé. De lo que a ti y a mí nos gustaría poder abarcar en este espacio.

Yo, ya lo tengo claro. Me gustaría. Más aun, me fascinaría. Sería mi ansia satisfecha, poder seguir recordando tantas cosas maravillosas que nos brinda la vida, sin ese cúmulo de odio, que por desgracia, parece ahogarnos cada vez más fácilmente.

¿Llegará algún día tamaña felicidad?

 
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