JUDÍOS Y VOTANTES
por Tiberio Yosif Klein

 

Los judíos fueron reducidos a la situación de parias de la sociedad de manera paulatina desde los comienzos de la Edad Media en Europa. Eran obligados a estar encerrados en ghetos  en la mayor miseria, sin otra salida que convertirse al cristianismo o soportar vejámenes, torturas y asesinatos. Sólo podían dedicarse a ocupaciones que nadie más quería hacer, pues se les vedaba cualquier otra. No podían educarse, ya que no les era permitido acceder a colegios – que eran religiosos cristianos -, y menos a las universidades; de manera que solamente lograban estudiar en el gheto con los rabinos.

El concepto de elecciones no existía, menos aún el de votantes. La ciudadanía como concepto universal no existía; este es el que define la relación de quien mora en un territorio con el gobierno, que le garantiza derechos a cambio de obligaciones. En la antigüedad era ciudadano el hombre libre, en cambio no lo eran los esclavos, las mujeres, los niños, los siervos y los extranjeros.  El concepto del grupo social fue anterior al del territorial, que es el producto de las naciones modernas con un estado propio.

En todo caso, el nacionalismo de estado fue producto del siglo XVIII, y no tenía implícito el concepto de ciudadanía, cuya base es el municipio medieval, que intentaba unir las lealtades de sus habitantes a su ciudad, su país, su cultura, su gobierno, su religión. Y es precisamente en este punto en el que los judíos fueron excluidos de la ciudadanía, junto a otros grupos de la sociedad.

Se excluían como ciudadanos a los siervos, que eran propiedad del señor feudal, el  noble, del obispado o del rey; también a las mujeres, de las que se decía que no tenían discernimiento ni alma. Y también a los extranjeros, entre los que se incluía a los judíos, aún a aquellos que hubiesen vivido en el lugar durante generaciones.

La discriminación tenía varios aspectos. Los judíos eran discriminados por tener la religión repudiada por el cristianismo, así como por no formar con ella parte de la universalidad con que la religión cristiana era determinante en la sociedad. También se les consideraba extranjeros, ya que eran miembros de una etnia o pueblo visto como diferente a sus coterráneos, y por lo tanto imposibilitados de integrar la sociedad. Sólo eran tolerados, si es que prestaban alguna utilidad a los señores de la nobleza debido a sus ocupaciones, o a los impuestos con que debían pagar su permanencia en el lugar. Pues las más de las veces, los judíos eran aceptados e incluso invitados a asentarse para crear el comercio, artesanía e industria, ya que muchas veces los naturales del lugar no eran más que campesinos, siervos o sus señores que los explotaban, pero no sabían cómo comerciar o la manera de desarrollar alguna industrialización. Eran los judíos quienes muchas veces creaban la burguesía.

Pero tras siglos de ser humillados y asesinados, llegó el momento en que mentes iluminadas de algunos países europeos clamaron por la emancipación de los judíos. Esta se refiere a la liberación de las trabas legales impuesta en la Europa cristiana sobre los judíos, y la transformación de los mismos desde ser grupos étnicos apenas tolerados y con sus derechos limitados, a convertirse en ciudadanos de sus países.

La primera emancipación judía podría considerarse el edicto del emperador romano Caracalla el 212 d.c., que garantizó la ciudadanía plena a todos los habitantes libres del imperio, los judíos entre ellos.  Sin embargo en Europa emancipación fue resultado de una evolución histórica que surgió con el liberalismo.

El inglés John Toland (Irlanda, 1670 – Londres 1722) fue el primero que en 1714 abogó por la emancipación total de los judíos. Con posterioridad, en Inglaterra el parlamento aceptó naturalizar en 1753 d.c. a las familias de anusim – marranos -, que habían llegado desde España y Portugal tras las expulsiones del siglo XV, y que ya tenían una posición económica y social destacada. Sin embargo se derogó el año siguiente por presiones religiosas y políticas, tras lo cual varias familias se bautizaron cristianas para seguir con su posición.

En Prusia, el administrador de hacienda de Federico el Grande había declarado en 1745 que no se podía reprochar a los judíos de no ser útiles, si no se les permitía serlo. En Francia y Holanda también se extendió la idea de dar a los judíos los mismos derechos que a los demás.

Se reprochaba a los judíos de no ser aptos para el servicio militar, pero ese argumento se cayó, dado el gran número de judíos que se distinguieron en los ejércitos del siglo XIX. Sin embargo todos los argumentos anteriores no lograron dar la emancipación, y con ello la ciudadanía a los judíos en Europa central y oriental. En Rumania y Rusia los judíos sólo fueron emancipados después de la Primera Guerra Mundial. En Alemania lo fueron al establecerse la República de Weimar tras la Primera Guerra Mundial, y fue abolida por el régimen nazi instaurado en 1933.

Los judíos fueron legalmente emancipados por primera vez en Estados Unidos en 1775, y gracias a su Declaración de Independencia del 4 de julio de 1776, en la que declaraban que todos los hombres se consideran iguales (lo que por supuesto no contemplaba a los negros, ya fueran esclavos o libertos), y esto se mantuvo.  En Europa, la Revolución Francesa también dio la emancipación a los judíos en 1791, extendiéndola a los países que iba conquistando el Ejército Republicano.  Cuando Napoleón fue derrotado por la Santa Alianza que se formó contra él, gran parte de las conquistas legales de los judíos fueron anuladas. Pero estos ya habían ingresado en muchas actividades que antes les habían sido vedadas, y no estaban dispuestos a volver a su situación anterior. Muchos emigraron a los nuevos Estados Unidos. Por otra parte, algunas personas debieron sorprenderse de que si los judíos que se habían convertido tenían abiertas las puertas, la mantención de trabas legales y sociales a los que permanecían como judíos eran absurdas.

Las fechas de legalización de la emancipación en algunos países es la siguiente:

Estados Unidos: 1775 / Francia: 1791 / Holanda (Batavia): 1795 / Inglaterra: 1830 – 1866 / Alemania: 1848-1869 / Dinamarca: 1849 / Austria-Hungría: 1867 / Polonia (Galitzia): 1868 / Italia: 1870 / Grecia: 1830 / Suecia: 1870 / Argelia: 1870 / Suiza: 1874 / Turquía: 1908 / Rusia: 1917 / Rumania: 1919.

La emancipación de los judíos en los distintos países tuvo como consecuencia el desarrollo de estos en los campos que antes les habían estado vedados. Esto ayudó a su incorporación en los nuevos estados nacionales como ciudadanos, lo que les hizo hacer suya la problemática que aquejaba tanto a sus correligionarios judíos como al resto de los ciudadanos. De manera que muchos judíos se incorporaron a campos de ayuda social, dado que el judaísmo siempre fue activo en ello, y su entrada a la política fue su consecuencia.

Muchos políticos destacaron en sus respectivos países. Disraelí, el ministro de la reina Victoria, a pesar de ser de familia conversa, siempre se declaró de origen judío; Blum, el primer ministro de Francia, Trostki (Lev Davidovich Bronstein) de Rusia, y tantos otros en todos los países que aceptaron a los judíos como ciudadanos, aportaron con su trabajo a la sociedad a la que pertenecían, y siguen haciéndolo, igual que cualquier otro ciudadano.

Muchas veces sucede que la primera generación de inmigrantes trabaja para sobrevivir y asentarse en el país de adopción; sus hijos se preocupan de  educarse y desarrollar su ocupación, y quizás ellos o sus hijos son los que comienzan a interesarse en aportar a la sociedad, integrándose a la política. Los judíos desde siempre han creado agrupaciones de ayuda social, lo que les hace tener una especial sensibilidad a los problemas de su entorno. De manera que el paso a la política nacional es natural. Sin embargo no siempre se ve a muchos judíos integrarse plenamente en los partidos políticos. Más que nada podría deberse al rechazo a ser clasificados en un partido que podría no cumplir plenamente con la ideología personal.

En Chile se ven pocos judíos en la política nacional. Ha habido y hay algunos parlamentarios, también concejales en municipalidades; y en muchos gobiernos se han visto ministros judíos.  Pero no es algo tan masivo en proporción al número de judíos del país – que igual no es alto -. Es posible que la baja apreciación que la gente joven tiene de la política nacional, entre ellos también los jóvenes judíos, influya en no tener interés en incorporarse a proyectos políticos.

Otra causa podría ser que los jóvenes judíos tienen muchos lugares donde activar. Están los movimientos juveniles que aglutinan a cientos de jóvenes judíos, así como otros que reúnen a universitarios judíos e incluso a los grupos de estudios judaicos. Pero de a poco está comenzando a verse más actividad. Ya se ha visto a un joven judío como presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica, y otro joven judío que es presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile. Hay varios concejales de Municipalidades que son judíos, y un par de parlamentarios que también lo son. Aparte de un infaltable ministro judío, que ha sido la tónica durante varios gobiernos.

La integración a la política de parte de la juventud judía es cosa de tiempo. En países donde hay gran cantidad de judíos, o donde llegaron mucho antes que a Chile, esto ha ocurrido hace tiempo y se ven muchos en la política. No es que sea imprescindible que haya judíos participando; pero es importante porque ayudarían tanto al país como a sus correligionarios en momentos de incertidumbre, y también respaldarían ante la sociedad el aporte de la comunidad judía a esta.  El tiempo lo dirá.

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