¿Por qué Longueira sigue en campaña, cuando ya perdió?
por Humberto Silva Morelli

 

Si… Ganó poco apartando a Allamand y perdió una gran batalla con su pequeño medio millón de votantes. Pero no ha perdido la guerra. Aún le queda un bastión difícil de perder.  Le queda el llamado Poder Legislativo y esa es hoy su tarea, porque con once… solo con once senadores, la derecha puede paralizar cualquier tentativa de cambio importante. Y esa es hoy la tarea de Longueira… conseguir al menos once senadores de cuarenta… y treinta y un diputados de ciento veinte. No es mucho pero no debe fallar, porque la UDI sola, sacó algo más que la votación que Velasco, lo que realmente es muy poco para una aspiración presidencial, pero suficiente para entorpecer cualquier cambio que Bachellet desee realizar sin su consentimiento.

Es difícil entender el fanatismo y más aún con sus disfraces usuales. Es cierto… ya está claro que Longueira no será el próximo presidente, pero no está claro que la derecha no siga mandando desde el llamado Poder Legislativo. Y si manda en el legislativo, nada de lo escrito por Jaime Guzmán Errázuriz y cristalizado por el nunca juzgado Pinochet, será alterable. Recordemos que para mandar en el parlamento sólo se necesita la nadería ya mencionada. Estas son las leyes de amarre que aceptó la concertación, para volver a la democracia ¿Qué democracia? La democracia del amarre que no es democracia. Una democracia real no puede permitir que una ínfima minoría, paralice toda acción renovadora.

Con las leyes actuales, cuando la derecha gana por un voto, es ganadora indiscutible. Cuando la oposición gana por el 74% de los votantes, no es una mayoría suficiente. ¿Es eso lo correcto? La derecha dice que si, porque esas son las reglas del juego aceptadas cuando se fue la dictadura. Digo se fue y no digo que cayó, porque el amarre puso un colchón para que el irse, nadie de la dictadura se lastimara, salvo los asesinos confesos. Hoy está claro que las renovaciones de la derecha sólo son justificaciones de la práctica para mantener el esquema trazado por el neoliberalismo duro. Y como las renovaciones de la oposición, van en contra de su esquema de dominio, todo cambio es alterado en su esencia, para lograr su demonización. Por ejemplo en la educación:

  1. Niegan la justicia de la gratuidad de la educación porque eso favorecería a los ricos, al ser pagada por los pobres. Y…
  1. Niegan la democracia de este criterio, haciendo alusión a la ENU que sería el modelo para este disparate.

No quiero calificar estas afirmaciones en relación con su verdad, porque quien miente a sabiendas de lo que hace, engaña con premeditación, lo que mi moral me impide hasta suponer, porque todo lo que uno diga o suponga debe ser probado. Por esas razones, yo sólo explicaré lo que creo, sabiendo que todo lo que uno cree puede estar equivocado.

La afirmación “A” casi no necesita aclaración. Una educación gratuita para las familias de los educandos, no es gratuita para el Estado. La pagan todos los chilenos, en forma solidaria, vía impuestos. Si el 20 % de la población tiene una entrada promedio individual similar al del 80 % restante, entonces, realmente los ricos financiarían la educación de los pobres, concepto solidario, loable y permanentemente rechazado por la derecha política y económica. Pero peor aún… como los ricos no se quieren mezclar con los pobres y si no se suprime la enseñanza privada, creo que al no tocarse liceos como el “Nido de Aguilas”, y todo el resto, a los ricos le molesta tener que pagar privadamente, lo que también se les descuenta vía impositiva. Esta situación de injusticia es de fácil solución, si al rico se le indemniza por sus pérdidas económicas referidas al gasto de educar a sus hijos. Si eso es lo que los ricos quieren, no veo porqué Longueiera no lo dice directamente.

La afirmación “B” también no necesita aclaración porque nadie ha tenido letra chica para decir que “no se tocará la educación privada” ¿O acaso es malo que el Estado controle los dineros de sus inversiones? Pero ojo… en el sistema neoliberal que heredamos de la derecha cuyo vocero ejecutivo fue Pinochet (digo “ejecutivo” porque él nada creó, sólo “ejecutó” más allá de lo ético y permisible) permite que el estado ayude a la libre iniciativa, cuya libertad es tan amplia que no debe ser controlada. Es decir, la administración de Alí Babá es brutalmente elemental, al lado de la administración que defienden nuestros próceres derechistas. Y todo este embollo para no tener menos de 11 senadores y de 31 diputados. 10 no sirven, 30 tampoco y si eso sucede un Pinochet vuelve a servir.

Quizás sea porque soy muy viejo, pero no creo que en el mundo exista una derecha que sea intrísicamente democrática. Las añoranzas son muy fuertes cuando sólo les queda eso. Pero no todos son arrogantes catastrofistas. Pero no todos creen en el fin del mundo si sale Bachellet. Hay quienes creen en la fortaleza de la libre competencia, a diferencia de la libre extorsión producto de la falta de competencia. No todos creen en el progreso de un país inculto, versus un país con gente emprendedora, porque sabe manejar su destino.  No todos creen que el dinero hace la felicidad, porque no saben  que la felicidad no es un subproducto desechable, sino el fin de una economía saludable. No todos entienden que hay que dejara los jóvenes construir su mundo en lugar de llevar sus viejas y caducas rencillas y miedos, en un mundo diferente.

No sea cosa, que nos suceda como relata la Torah, en que las antiguas generaciones debamos morir en el desierto y no podamos, por nuestra tozudez acceder a la tierra prometida.

 
 
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