Premoniciones

Tiberio Yosif Klein

En 1963 el escritor australiano Morris West escribió la novela “Las Sandalias del Pescador”. En ella, Kiril Lakota, obispo ucraniano, después de ser liberado por el presidente soviético Piotr Ilyich Kamnev, llega a ser el nuevo Papa, Cirilo I. A pesar de que la trama va hacia la ayuda que el Vaticano pretende dar a China por una hambruna, la sola idea de que un ucraniano, de un país de la órbita soviética, llegara a ser Papa, era inconcebible en esos años de la Guerra Fría.

Pero la realidad, que siempre supera a la ficción, demostró que todo es posible: el 16 de octubre de 1978 el polaco Karol Jozef Wojtyla fue elegido Papa con el nombre de Juan Pablo II. Desde su posición combatió al comunismo, jugando un papel decisivo para ponerle fin en su Polonia natal, y finalmente en toda Europa, ayudando a la caída de la Unión Soviética. También mejoró significativamente las relaciones con otras religiones, en especial con el judaísmo.

El escritor Tom Clancey, fallecido hace poco, escribió una serie de novelas con su personaje Jack Ryan, héroe estadounidense de la inteligencia militar. En su última novela, “Command Authority”, publicada el 2013, después del fallecimiento del autor, pone a un presidente de Rusia, Valeri Volodin, un ex KGB, que está determinado a restablecer el dominio ruso sobre sus antiguos países satélites. Éste comienza con una incursión militar sobre Estonia, a la que seguirá una sobre Ucrania. Está a la vista el parecido de Volodin con Putin.

A pesar de que la imaginación de los escritores puede hacer política ficción, muchas veces los análisis geopolíticos y militares fallan. En Estados Unidos se anticipaba, entre otras posibilidades de acciones terroristas, ataques mediante aviones, pero nadie previó el secuestro de naves para chocar con las Torres Gemelas en Nueva York y en otros lugares como el Pentágono (a pesar de que hay serias dudas sobre el ataque a ese lugar, ya que no quedo ningún resto de un aeroplano destruido).

Pero lo que no se previó en absoluto de parte de gobiernos occidentales fue lo que se ha desarrollado a partir de la mal denominada “Primavera Árabe”. El insólito desconocimiento de la cultura árabe hizo que gobernantes de países democráticos celebrasen lo que creyeron un paso hacia un sistema de gobierno de tipo occidental, esto es, democrático. Pero no comprendieron que las protestas estaban dirigidas más bien contra los dictadores vitalicios y corruptos que los gobernaban, y no hacia sistemas de gobierno que su cultura desconoce, ya que la democracia es un concepto occidental. Para ellos lo lógico ha sido buscar en sus propias raíces lo que necesitan, no en culturas extrañas que lo único que han hecho en el pasado ha sido explotar sus recursos y a sus gentes en provecho propio. Lo que es cierto, a pesar de que de no haber llegado los británicos, estadounidenses y otros, no se habrían enterado de que bajo las arenas que recorrían con sus camellos había un mar del petróleo que haría después ricos a sus dirigentes tribales. Y que gracias a esos extranjeros, sus vastos territorios, provincias atrasadas y lejanas del Imperio Otomano, fue que nacieron los países en los que ahora moran.

Sin tener información de parte de analistas de las potencias occidentales, es difícil saber si realmente tuvieron alguna premonición de que aparecería el grupo sunita auto denominado “Estado Islámico” (“EI”, ex “ISIS”). Es posible que no lo supieran, tal como no se imaginaron los estadounidenses que millonarios sauditas financiaban a los terroristas suicidas que después de secuestrar los aviones se lanzarían contra sus objetivos en Estados Unidos.

Para nadie debe ser un secreto a estas alturas que los asesinos del EI nacieron bajo el alero financiero de Arabia Saudita, que con eso quería hacer frente a la expansión chiita de Irán, su enemigo en el Islam. Tampoco debería ser extraño para los analistas que también Turquía ha estado tras el apoyo al Estado Islámico, tanto por ser sunitas como ellos, y con eso estar contra los chiitas de Irán y Siria - que suman cada vez más fuerzas gracias a sus brazos armados Hezbollá y los sirios -. El sueño de Erdogán de Turquía es que Siria quedara descabezada del chiita Al Assad para reemplazarlo por algún gobierno sunita.

También ha sido el objetivo del gobierno turco ir contra los kurdos, a los que ha combatido durante años. Los kurdos, pueblo mayoritariamente musulmán pero no árabe, aspiran formar su propio país, Kurdistán, lo que no lograron de parte de los aliados que se repartieron los restos del Imperio Otomano después de la Primera Guerra Mundial. Entre 190.000 a 230.000 kilómetros cuadrados tiene la zona de Turquía habitada por personas de la etnia kurda, es decir, casi la tercera parte de Turquía, abarcando diecisiete provincias turcas. (El resto del territorio que los kurdos habitan y aspiran para su Estado está en Siria, Irán e Irak).

Hace unos días Turquía anunció que ayudará a los “peshmerga”, los combatientes kurdos, a pasar por su país para enfrentarse al “Estado Islámico” (EI) en la ciudad siria de Kobani, que los últimos están asediando. Lo aseguraron las autoridades kurdas, y fue ratificado por el Ministro turco de Relaciones Exteriores Mevlut Cavusoglu. No está claro si Turquía lo está haciendo porque realmente quiere ayudar a los kurdos, o porque al ser parte de la OTAN sus socios, especialmente Estados Unidos, lo han forzado a hacerlo.

Mientras todo esto ocurre, Israel se mantiene en un aparente statu quo; es decir, con el peligro latente de siempre. No es una novedad que el presidente palestino Majmut Abbas haya celebrado insólitamente el ataque que el joven árabe palestino realizó contra civiles israelíes inermes, lo que dio como resultado la muerte de un bebé. Haya sido un ataque terrorista o un accidente, Abbas mostró su verdadera cara – como siempre -: no le interesa para nada hacer ningún tipo de paz con Israel.

En Israel no se hacen ilusiones al respecto. Tras más de un siglo de tratar con la población árabe, y más que nada con sus dirigentes, tienen claro cuál es el verdadero objetivo de sus vecinos. No obstante, la paz es importante, aunque fuese tan fría como la que tienen con Egipto y Jordania: sin amor pero con tranquilidad. En estos momentos Israel ha dejado de ser “tan malo” para algunos gobernantes vecinos, ya que les es más importante la lucha fratricida que están llevando a cabo entre sunitas y chiitas, entre los terroristas sunitas del Estado Islámico y los chiitas de Siria e Irán, y ante la posibilidad de que esos sunitas lograran desestabilizar estados como Arabia Saudita o los del Golfo, lo que les quitaría el piso a sus gobernantes.

De manera que en estos momentos Israel está colaborando en inteligencia con varios gobiernos árabes, está ayudando a los kurdos en su lucha contra el EI, ha abierto sus puertos al tránsito de las exportaciones e importaciones de varios países árabes supuestamente enemigos. Lo que esa colaboración traerá como consecuencia en el futuro sólo pueden saberlo los involucrados, desde acá se podría imaginar algunos resultados, pero inciertos al no contar con toda la información.

En todo caso no es como para hacerse ningún tipo de ilusión. En Medio Oriente una cosa es la guerra y otra los negocios. El Estado Islámico se financia por medio del rescate de secuestrados, pero más que nada gracias al petróleo que venden en el mercado negro internacional. Y se dice que mucho de ese petróleo es adquirido por los kurdos y por los turcos; lo que no sería raro, dado que son los que están más cerca. Es posible que los adquirentes no sean oficialmente parte de los respectivos gobernantes sino particulares de esas etnias que hacen el negocio, aunque dada la mentalidad de muchos de esos pueblos, todo es posible, incluso que los mismos sirios fuesen compradores.

Así como están las cosas, podría decirse que Israel está teniendo unos breves momentos de calma: Hamas está aplacado tras su derrota, y esperando los cientos de miles de millones de dólares que la ingenuidad occidental les regalará para la alegría de sus líderes corruptos, y que fue lo que pretendieron lograr con su guerra contra el Estado Judío, ya que estaban quebrados económicamente. Hezbollá está por el momento muy ocupado luchando contra el Estado Islámico por el mandato de su patrón, Irán. Israel seguramente ve con interés, y quizás ayudando de alguna manera a que Hezbollá se debilite y disminuya sus filas de combatientes en la contienda. Egipto, tras haber liquidado políticamente a los Hermanos Musulmanes, colabora en inteligencia con Israel, más aún ahora que ha sufrido ataques terroristas contra sus soldados en el Sinaí.

El interés internacional se desvió por el momento de Israel para centrarse en la lucha del Estado Islámico contra todos los demás. El antisemitismo virulento que apareció bajo el pretexto de la guerra de Israel contra Hamas ha amainado, sin embargo no ha desaparecido en los medios de comunicación apenas sale alguna noticia que tenga relación con judíos o con Israel.

Es probable que lo que vendrá en el futuro no sea alentador para el Estado Judío, pero tampoco demasiado malo. La colaboración económica con los Estados árabes en este momento podría llevar a una relación más firme que enfríe el antagonismo que le tienen, aunque nunca desaparecerá, esa es su cultura. Sin embargo algunos podrían darse cuenta que hay más ventajas en un acuerdo económico, que excluyendo a Israel de sus posibilidades. No llevaría a la paz política, ya que la población del mundo árabe ha tenido un adoctrinamiento contra Israel y los judíos desde hace muchos años, por lo que difícilmente los gobernantes podrían cambiar su pensamiento, si es que quisieran hacerlo, lo que es improbable.

En cuanto a los palestinos, como ya se dijo, Hamas consiguió su propósito, que era lograr que le regalen una enorme suma de dinero para evitar la quiebra, con lo que sus dirigentes seguirán enriqueciéndose a costa de la pobreza de su gente, y preparándose para la siguiente guerra en unos pocos años más. Por otra parte, el presidente palestino, Majmut Abbas, no ha podido evitar anunciar su alegría por el atentado que resultó con la muerte de un bebé, lo que muestra su verdadero espíritu anti israelí y antisemita, lo que para nadie en Israel debiera ser una novedad. Dada su edad, en algún momento será reemplazado. No se vislumbra ningún líder entre su gente que sea más pragmático con respecto a Israel, de manera que a menos que surja alguno que tenga el coraje de hacer acuerdos valederos con el Estado Judío, todo seguirá igual, quizás con algún breve momento de tranquilidad.

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Fuente: Infobae

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