Nueva era de los cristales rotos

Tiberio Yosif Klein

El primer ministro de Jordania, Abdula Ensour, envió una carta de condolencias a las familias de los asesinos de cinco judíos en la sinagoga de Jerusalem, y el parlamento jordano mantuvo un minuto de silencio en honor a ellos. Rezaron “el espíritu de los héroes”, el primer capítulo del Corán. Judíos de Naturei Karta, que no reconocen a Israel ¡porque no ha sido instaurado por el Mesías!, consolaron en sus casas a los familiares de los árabes asesinos. Izquierdistas hacen manifestaciones contra el gobierno de Israel, y en el país mismo grupos defensores de derechos humanos judíos dificultan el trabajo de soldados del ejército israelí para evitar que hagan su labor para defenderlos a ellos mismos.

El antisemitismo se muestra solapadamente en muchos casos: organizaciones de Derechos Humanos critican a Israel por defenderse, pero no a los asesinos que lo atacan. Países como Suecia “reconocen” al “estado palestino”, a pesar de que no existe: no tiene gobierno unificado real, no tiene fronteras ni jurisprudencia. En el Parlamento de España también han “reconocido” de manera unánime, todos los partidos de ese país, a un supuesto e inexistente “estado palestino”. Gobiernos izquierdistas, como se auto catalogan Venezuela, Nicaragua, Argentina, sumados a ellos la dictadura de Cuba, critican a Israel pero no a sus atacantes árabes.

El nuevo antisemitismo, llamado por algunos estudiosos “neo antisemitismo” (como si no fuese el mismo) al referirse al resurgir de los ataques contra judíos y sus símbolos, como también a la amplia difusión de supuestos antisemitas explícitamente, consideran que este antisemitismo actual es promovido desde tres fuentes ideológicas completamente diferentes entre sí, que son la extrema derecha, la izquierda y el islamismo. En estas tres fuentes se han recuperado los mitos tradicionales contra los judíos, como son una teoría del dominio mundial y de la conspiración, y todos ellos se han unido a una nueva construcción política e ideológica euro-árabe de deslegitimación y destrucción de Israel como país judío.

Historiadores señalan que este nuevo antisemitismo tuvo como origen la derrota de los ejércitos árabes en la Guerra de los Seis Días – junio 1967 – ante los ojos de la izquierda no comunista y de la denominada  “nueva izquierda” occidental, que había tenido un nuevo comienzo entre 1965 y 1968. Israel había sido el fetiche de la izquierda no comunista debido al genocidio y a al kibutz desde 1947 hasta los años sesenta. Pero Israel dejó de ser el David débil y feble para, al ganar la guerra y vencer a los árabes, convertirse en un Goliat agresivo. Entre el “tercer mundo” de la nueva izquierda y el comunismo pro soviético, que ya era abiertamente anti israelí, nació ahora el mito del “David palestino” frente al “Goliat israelí”, “imperialista al servicio de Estados Unidos”. Contribuyó así definitivamente al renacimiento del antisemitismo europeo con toda su simbología antijudía, pero revestida ahora de un “tercermundismo” y de un “anti imperialismo” (estadounidense por cierto, no soviético). Según el rabino norteamericano Michael Lerner, existe un “antisemitismo de izquierda que se fundamenta en la negación del derecho a la existencia de Israel y en la falta de crítica hacia el terrorismo palestino.

Muchos autores consideran que la izquierda está ocupando un papel central en la transmisión del antisemitismo, ya que el antisionismo izquierdista sirve como vehículo al antisemitismo. Presenta una oposición a Israel y a los judíos que se muestra como socialmente apreciable y razonable, aparentemente distanciada de los prejuicios religiosos y étnicos del antisemitismo histórico. El filósofo e historiador Pierre-André Taguieff, especialista en racismo y antisemitismo, considera que “el empleo eufemístico de la palabra “antisionista” implica la sustitución por esa expresión suavizante de aquella otra que, siendo excesivamente explícita o “directa”, sería sin duda descalificadora:”Antisemitismo” “. Según él, “la temática llamada “antisionista” constituye un repertorio de acusaciones cuya diana es única, pese a recibir denominaciones diversas: “sionismo”, “imperialismo sionista”, “imperialismo sionista estadounidense”, etc. “. Según el historiador Robert Wistrich, “los judeófobos izquierdistas nunca se denominarán a sí mismos antisemitas. Efectivamente, ellos siempre rechazarán con indignación cualquier sugerencia de que puedan tener algo contra los judíos. No obstante, usualmente estarán obsesionados con estigmatizar a Israel”.

A partir de la década de 1990 y del año 2000 se produjo una segunda gran oleada de antisemitismo. La prohibición de “tabúes” antisemitas sobre opiniones antijudías se debilitó. Habían pasado varias generaciones desde la Segunda Guerra Mundial, de manera que cualquier “culpa” que pudiera tener alguien ya se había diluido con sus nietos. También cayó la “Cortina de Hierro” en los países de Europa del Este, que se liberaron de la quebrada Rusia Soviética, donde ese veto al antisemitismo occidental nunca rigió: ser “sionista militante” era sinónimo de ser encarcelado; sin contar con el antisemitismo de Stalin, que asesinó a cientos de judíos sin remordimiento. De manera que la mitología antisemita de pre-guerra mundial surgió de manera natural cuando en esos países liberados de los soviéticos se quejan de la situación económica y de sus políticos. Así es como han surgido partidos políticos antisemitas en Hungría y otros países, con los mismos eslóganes antisemitas de antes, con los mismos uniformes, con iguales ataques a judíos y a sus instituciones.

Algunos autores opinan que el uso del antisemitismo por parte de la extrema derecha es “residual”. La escritora de izquierda Pilar Rahola opina que “hoy la que genera antisemitismo es la izquierda y no la extrema derecha”. Hay quienes consideran que la extrema derecha ha dejado de lado su anti judaísmo porque lo han reemplazado, sin que por ello les desaparezca, por la islamofobia, que se ha transformado en su discurso más común. Lo que no significa que haya dejado de ser parte fundamental en su ideología, para la que los judíos siguen siendo, al igual que siempre, los culpables de todo, el comodín del naipe que les permite desviar hacia ellos cualquier mal que congoje a sus seguidores y a los potenciales simpatizantes.

Tras la Segunda Guerra Mundial muchos nazis encontraron asilo en países árabes, en los que ayudaron a sus gobiernos a usar las mismas técnicas que antes empleaban contra los judíos, pero ahora contra el Estado de Israel. Joel S. Fishman, del Jerusalem Center for Public Affairs, en su publicación “La Gran Mentira y la Guerra Mediática Contra Israel”, analiza las técnicas de “inversión de la realidad” practicadas por los nazis. Relata como el nazi Johann von Leers organizaba reuniones antisemitas en muchos idiomas educando a “neo” nazis en todo el mundo, manteniendo correspondencia para animar a los que niegan que el Holocausto haya ocurrido. También fue von Leers quien patrocinó la publicación en árabe de “Los protocolos de los sabios de Sión”, incitando a creer como ciertos los libelos de sangre judíos, según los que éstos usan la sangre de – en este caso – niños árabes para sus ritos religiosos, tal como en el pasado acusaban los cristianos a los judíos. De manera que el antisemitismo árabe es idéntico al nazi, y unido a ellos están las declaraciones antijudías del Corán, según las que “hay que matar a todos los judíos”.

(Johann von Leers – 1902, 1965, mayor de las SS nazis, fue difusor antisemita y publicó para Goebbels, después para Perón de Argentina y finalmente para Nasser en Egipto, donde se convirtió a musulmán adoptando el nombre de Oman Amin, muriendo en El Cairo)

El antisemitismo musulmán se centra en la amenaza que Israel representaría para los árabes. Se caracteriza por ser político, ideológico e intelectual. En 1944 el muftí de Jerusalem, Amin al Husayni, decía por la radio en Berlín: “¡Árabes! Luchad como un solo hombre por vuestros sagrados derechos. Asesinad a los judíos donde los encontréis”. Hamas declara sin tapujos: “!Musulmanes!  ¡Matad a todo judío que se encuentre tras de vosotros¡”.  Hasan Nasrallah, “secretario general” de Hezbollá, dijo: “Si buscamos en el mundo entero a una persona cobarde, despreciable, débil de mente, ideología y religión, no encontraremos sino al judío. He dicho judío, advierto, no israelí”. En Irán sus dirigentes niegan el Holocausto como “un mito”, declaran que “Israel debería ser borrado del mapa”, y han emitido una serie de televisión árabe titulada “Un caballero sin caballo” basada en Los protocolos de los sabios de Sion.  El profesor Khaleel Mohammed declaró en 2006 que el 95% de los musulmanes del mundo están expuestos a enseñanzas antisemitas.

El judaísmo nuevamente se ve enfrentado al odio generalizado que atenta contra su existencia. El antisemitismo dejó de ser políticamente incorrecto pues ahora está convenientemente disfrazado de “anti sionismo”. No importa que casi nadie sepa lo que es el sionismo (es el movimiento de reivindicación nacional judía para volver a tener su patria, Israel), lo que vale es estar en contra, pues se trata de denostar a Israel. A casi nadie le interesan los palestinos, y prueba de ello es como ningún gobierno ni organización de derechos humanos o lo que sea hace declaraciones contra la matanza de cristianos árabes a manos del “Estado Islámico”, contra los asesinatos de cristianos u otras etnias en África o Asia,  contra la matanza que hace el gobierno de Siria contra su propio pueblo, que ya suma más de 200.000 personas. Los medios de comunicación mundiales, con escasas excepciones, se escandalizan con cualquier acción de Israel, sin hacerlo contra quienes atacan y asesinan a su población.

En estos momentos el Pueblo Judío está ante una nueva Era de Cristales Rotos, siendo atacado desde muchos ángulos y con muy pocos amigos que lo defiendan, tal como nadie se escandalizó ante el pogrom nazi de la Noche de los Cristales Rotos, que fue lo que hizo a los alemanes nazis darse cuenta de que tenían el campo libre para asesinar a los judíos, a nadie le importaba lo que les hicieran.

(La Noche de los Cristales Rotos – Kristallnacht – fue una serie de pogroms y ataques contra la población judía en la Alemania nazi y Austria durante la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938, que hicieron la tropas de asalto de las SA junto con la población civil, durante los que la autoridad no intervino).

El mundo no sólo observa, como sucedió en el pasado; ahora actúa, ya sea activamente, como los países musulmanes, izquierdistas  y acólitos en las desprestigiadas Naciones Unidas lanzando resoluciones contra Israel y no contra sus atacantes, o indirectamente al emitir declaraciones contra Israel solamente y no contra los asesinos de su población. Como los medios de comunicación que tergiversan u obvian los ataques contra Israel, como ha hecho el diario El Mercurio de Santiago de Chile, que subliminalmente va contra Israel al titular como “terroristas”, con cremillas, a los asesinos en la sinagoga de Jerusalem. Afortunadamente aún existen los Justos, ya sean países o individuos, que se dan cuenta de la injusticia que se hace contra los judíos y contra Israel, y no callan a pesar de ser pocos e ir contra la corriente.

Nunca ha sido fácil la existencia del Pueblo Judío. A pesar de que ningún otro ha dado tanto en proporción de su número al mundo en ciencia, artes, filosofía,  invención, y en todos los campos de la creatividad humana - partiendo por el monoteísmo y la ética de los Diez Mandamientos y la ayuda social -, sin embargo ha sido y continúa siendo atacado. Ahora, al contrario de lo que ocurría en el pasado, existe el país judío, Israel, que puede proteger a su pueblo. Pero también la seguridad de Israel pende de un hilo. Si bien antes era el Violinista que tocaba su instrumento balanceándose en el techo a punto de caer, quizás ahora es el judío que digita su “SmartPhone”, su teléfono celular, en ese mismo techo, con Israel asiéndole de la solapa para que no caiga. Pero ¿quién puede asir a Israel para que no le suceda lo mismo, sino es el Pueblo Judío?

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