Invasión bárbara 2014

Tiberio Yosif Klein

El emperador romano Diocleciano (284 - 305 dC.) dividió administrativamente el Imperio poniendo dos emperadores en cada sector. Esto fue consolidado por el emperador Teodosio I (379 - 395 dC.), que lo repartió entre sus hijos Arcadio, emperador de Oriente, y Honorio de Occidente. El último emperador de Occidente fue depuesto el 475 dC., y el Imperio se debilitó tanto que no pudo contener las invasiones de pueblos “bárbaros”, que ocuparon grandes extensiones del Imperio de manera violenta o por acuerdos políticos.

(Bárbaro viene del griego “barbapoc”, “el que balbucea”, referido a que hablaban lenguajes diferentes al de ellos, y lo aplicaban a los extranjeros)

Los primeros invasores fueron pueblos germánicos del siglo IV al VI, a los que después siguieron otros como los vikingos o los magiares. Estas invasiones fueron la causa directa de la caída del Imperio Romano de Occidente. Los “patricios” romanos, los aristócratas, se escaparon a sus villas de campo junto a sus servidores y esclavos, y allí se resguardaron de los invasores. Este fue el antecedente del feudalismo, con el Señor Feudal protegiendo a su gente de ataques de extraños.

En la Europa actual se está gestando un fenómeno que podría ser semejante a lo anterior. La fuerte inmigración de musulmanes se está tomando los espacios de los ciudadanos de muchos países, y éstos se alejan de las grandes ciudades para seguir viviendo como siempre lo han hecho, actuando así de manera similar a lo que hicieron en el pasado los señores romanos al irse a sus villas; pero con eso dejan espacio libre a los inmigrantes, los que no sólo no se adaptan a la cultura que les acoge, sino que pretenden que ésta se adapte a la de ellos,.

Europa, según algunos, se está transformando en “Eurabia”. Este neologismo (palabra nueva que aparece en una lengua) fue un concepto expresado por Bat Yeor, periodista judía nacida en Egipto y de nacionalidad británica, en su libro “Eurabia: The Euro-Arab Axis” (1985), que augura una conspiración geopolítica que hará que la cultura dominante ya no será europea sino islámica debido a la fuerte inmigración, y a una supuesta política exterior euro-árabe, anti israelí y anti estadounidense. En su momento el término fue adoptado por la periodista italiana Oriana Fallaci, y es usado por grupos de extrema derecha anti inmigración.

Hay 193 países integrantes de las Naciones Unidas, y 57 de ellos tienen al Islam como religión mayoritaria. En 23 países de mayoría islámica la Iglesia denuncia que se persigue a los cristianos de manera inhumana por su religión, debido a su fundamentalismo que desafía el orden legal establecido en el mundo occidental. Según el Kadi islámico (juez) de Jerusalem, Ayad Zajalka (segundo en el rango judicial de las cortes de Israel que dictaminan según la sharia, ley religiosa musulmana),  los radicales fundamentalistas no representan a la mayoría; dice que por algo hay 1.200 millones de sunitas y unos 100 millones de shiitas. Agrega que cuando los musulmanes llegan a occidente refuerzan su sensibilidad religiosa como manera de seguir identificándose como individuos. Se produce un choque contradictorio entre el fortalecimiento de la religión y la ansiedad del inmigrante por ser semejante a los habitantes del lugar, participar de sus logros económicos, gozar de su tecnología y creatividad. Pero los sectores extremistas entre ellos, marginales, hacen de su activismo algo contraproducente.

El problema es que los musulmanes que no son extremistas no se pronuncian contra las actividades de esos, dando así la impresión de que el Islam mismo lo es. Oficialmente se habla de que en la Unión Europea hay unos 25 millones de musulmanes en veintisiete países que suman quinientos millones de habitantes. Esto quiere decir que uno de cada veinte europeos es musulmán, y si Turquía se incorporara a la Unión Europea, sumaría ochenta millones más de musulmanes.

Europa tiene un crecimiento menor al porcentaje necesario como para mantener su cantidad de habitantes, es decir, menos de dos hijos por pareja. Constituye la tercera potencia demográfica mundial después de China y la India con unos quinientos millones de habitantes, pero ha contribuido con menos del 2% al aumento de la población mundial. En cambio los inmigrantes ayudan a aumentar en tres cuartas partes el crecimiento total de los habitantes de la Unión Europea. Ya en el 2002, Alemania tenía una población residente de unos dos millones de ciudadanos turcos, más cuatrocientos mil turcos naturalizados. Francia, en 1999 registraba en su censo medio millón de inmigrantes argelinos, cuyos descendientes, que han aumentado considerablemente en número, ya son ciudadanos franceses por adquisición o nacimiento.

En poco más de treinta años Francia será una república islámica. Se calcula que en la actualidad hay en Rusia más de 23 millones de musulmanes, uno de cada cinco rusos. En pocos años el 40% del ejército ruso será musulmán. En Bélgica, donde recién se hizo una reunión que trató sobre el antisemitismo, los musulmanes son el 4%; esto significa que en un país de poco más de diez millones de personas, los musulmanes son casi quinientos mil. En Holanda, con casi dieciséis millones y medio, los musulmanes son el 6%. En Noruega, que tiene apenas cuatro y medio millones de habitantes, los musulmanes son el 2% de la población. Para qué continuar, lo que está claro es que la población musulmana está aumentando vertiginosamente frente al casi nulo crecimiento de los nativos de esos países.

(En Estados Unidos había unos cien mil musulmanes en 1970; ahora son más de nueve millones. En Argentina son casi cuatrocientos mil, y también están Brasil, Venezuela, Honduras, etc., lo que va en aumento debido a la inmigración y a la infiltración de Irán en Latinoamérica).

Europa es un continente viejo. Su población no crece, a duras penas logra mantener su número de habitantes. Esto hizo que los ciudadanos en muchas naciones no quisieran hacer cierto tipo de trabajo pues podían acceder a otros mucho mejor remunerados. Recurrieron entonces a la gente de sus antiguas colonias y del “tercer mundo”. Llegaron así miles de trabajadores huyendo de la pobreza y la guerra para vivir mejor. Pero eso terminó siendo “el castigo” de los viejos estados colonialistas; sus antes explotados se están convirtiendo en una marea que les está invadiendo, la mayoría de ellos musulmanes en países de cultura cristiana. Como los Estados en los que viven no tienen la fuerza o capacidad de poner límites, a medida que los musulmanes crecen en número, exigen: que la comida que se vende en los negocios sea “halal”, dietética islámica. Hacen mezquitas donde no hubo ni siquiera iglesias. En muchos lugares cierran las calles para usarlas para que cientos de musulmanes puedan realizar sus oraciones diarias. Los ciudadanos nativos, franceses, holandeses, belgas, británicos, y otros muchos, les dejan sectores completos de sus ciudades para que vivan a su manera, con sus asesinatos de honor, con sus imanes predicando la sharia, ley islámica, y muchos se retiran a pueblos alejados para seguir viviendo como siempre, dando espacio para que los otros vayan tomándose el país.

Debido a que el Islam considera que Israel no tiene derecho de existir, han extendido su antagonismo y odio a todos los judíos. Diariamente hay atentados contra judíos en los países europeos. Los judíos no pueden ponerse el kipá, el solideo, en la cabeza, no pueden ir con símbolos judíos colgando de cadenas, deben esconder su judaísmo porque grupos musulmanes pueden atacarlos e incluso asesinarlos, tal como ha ocurrido en reiteradas ocasiones. Las sinagogas y las instituciones judías son atacadas; la opinión pública no se escandaliza por los asesinatos de judíos, tal como ocurrió con el de quienes fueron brutalmente asesinados cuando rezaban en una sinagoga. Las autoridades de esos países actúan de manera blanda, temerosos de la reacción de bandas de musulmanes, intentando evitar los desmanes como los que hace un tiempo se produjeron en Francia. Muchos judíos están emigrando de países en los que vivieron hace siglos, ya que con  razón están temerosos de ser atacados sin una protección firme de las policías. Llega a tal punto la indefensión de los judíos de ciertos países europeos, que esos gobiernos hacen declaraciones contra Israel, e incluso “reconocen al Estado Palestino”, que saben bien que no existe, como una demostración a favor de su población musulmana, a la que temen, una declaración contra Israel que esperan logre apaciguar cualquier atentado contra sus instituciones nacionales.

Tal como ocurrió en el siglo V, Europa está siendo invadida: lentamente, pero de manera segura e inevitable, dada la no reacción decidida de sus Estados. Lo que se puede anticipar es que los ciudadanos europeos no musulmanes, cansados de que les estén apartando, se comenzarán a agrupar para defenderse de los avances islámicos. Ya se están haciendo en Alemania y otros países manifestaciones contra los musulmanes. Y no se trata sólo de grupos de extrema derecha, la mayoría son ciudadanos comunes. Donde podría terminar eso, si es que llegara a producirse finalmente un enfrentamiento, no se sabe. Lo que sí está claro es que de a poco Europa se quedará casi sin los judíos que han colaborado a su cultura a lo largo de siglos, para cambiarlos por musulmanes recién llegados que usufructúan de los beneficios sociales, muchas veces sin trabajar y sin aportar nada a la cultura.

Puede ser que a Europa le ocurra lo que le pasó a “Alex”, el personaje de la novela de Anthony Burgess (1962), “La Naranja Mecánica”, que después de haber sido violento y despiadado, tras un tratamiento para curarlo de ese comportamiento, termina por ser tan blando que es maltratado y herido por todos. ¿Peor el remedio que la enfermedad?

 

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