Arbitraje y mediación


por Tiberio Yosif Klein

El Tribunal en La Haya dio su veredicto al alegato peruano sobre el límite marítimo entre Chile y Perú, como ya es conocido. Era de suponer que darían algo a cada una de las partes.

En el caso de Chile, el país ganó que se reconociera que su frontera parte desde el llamado “Hito N° 1”, que está en tierra, y no desde el punto de “la Línea de la Concordia”, a 265,50 metros más al sur del anterior. Y como se le otorgó una frontera marítima desde ese punto hasta 80 millas marítimas en paralelo desde el comienzo del mar, ese punto está definido y ahora Chile tiene frontera hasta esas 80 millas náuticas, y no a 12 millas (los pescadores artesanales llegan sólo hasta las 50 millas). Pero por otra parte, a partir de esas 80 millas el Tribunal de La Haya trazó una bisectriz hacia el sur, otorgándole a Perú un triángulo de mar de Zona Económica Exclusiva para pesca de alta mar, con lo que Chile perdió aproximadamente unos 22.500 kms.2 de esa Zona de la que antes usufructuaba.

El general prusiano Carl Philipp Gottlieb von Clausewitz decía en su libro “De la Guerra” que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”. Esta idea no tenía nada de cinismo. Definía a la guerra como “un acto de fuerza que se lleva a cabo para obligar al adversario a acatar nuestra voluntad”. De manera que para él, la guerra constituye un acto político. Sin embargo a nadie le cabe duda de que es la última de las posibilidades que antagonistas podrían tener después de agotar todas las maneras de resolver los conflictos.

Desde hace mucho que se recurre a instancias que evitan por todos los medios la violencia para solucionar posiciones antagónicas, las que naturalmente  dependerán de que las partes las acepten y acaten. Como hay casos en los que una de las partes no acepta la resolución de un árbitro, o no considera útil una mediación, fácilmente esto puede terminar en un conflicto bélico.

Tras la Segunda Guerra Mundial, las recién creadas Naciones Unidas estableció en La Haya, Holanda, en 1945 la “Corte Internacional de Justicia”(CIJ), también llamada “Tribunal Internacional de Justicia”, como su principal órgano judicial, siendo a partir de 1946 su continuadora la “Corte Permanente de Justicia Internacional”.

Sus principales funciones son resolver las disputas que le sometan los Estados por medio de sentencias, y emitir opiniones o dictámenes para dar respuesta a asuntos jurídicos que les  planteen la Asamblea General o el Consejo de Seguridad, o agencias especializadas autorizadas por dicha Asamblea General de la ONU de acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas.

La  mayoría de las personas creen que Arbitraje y Mediación son sinónimos, pero esto no es así. Aunque se puedan referir al mismo problema, son diferentes conceptos.

El Arbitraje, en el Derecho, es una manera de resolver un conflicto sin acudir a tribunales de justicia ordinarios. Las partes, de común acuerdo nombran a un tercero independiente que se denominará “árbitro”, y que será el encargado de resolver el conflicto. Este árbitro estará limitado por lo que hayan pactado las partes para dictar su resolución, las que han aceptado cumplir con lo que el árbitro determine. El arbitraje sustituye a la jurisdicción ordinaria, y ésta no tiene porqué conocer el litigio. Sin embargo, en el caso que una o ambas partes no acepten acatar y cumplir lo resuelto por el árbitro, sí podría ser necesario acudir a las autoridades para hacerlas cumplir el laudo arbitral, que desde el punto de vista legal es aceptado por la ley desde el momento en que las partes lo han nombrado y expresado que aceptarán lo que decida.

La Mediación, por otro lado, se refiere a un mecanismo de resolución de conflictos en el cual un tercero imparcial busca facilitar la comunicación entre las partes para que ellas por sí mismas sean capaces de resolver su conflicto, sea cual sea éste. Al contrario del caso del arbitraje, en que las partes aceptan acatar lo que el árbitro decida, en la mediación, si bien es aceptada por esas partes, se tomará como sugerencia lo que el mediador le diga a cada uno, y les servirá para conocer lo que la otra parte diga u opine, especialmente cuando no hay comunicación entre ambos.

El primer árbitro del que se tiene noticia fue el rey Salomón. Cuando dos mujeres le pidieron interceder como árbitro y decidir cuál de ellas era la verdadera madre de un recién nacido, es conocido como resolvió el caso: tomó un cuchillo y propuso dividir en dos al bebé para dar los pedazos a ambas mujeres. Como una de ellas se negó a esa solución y prefirió que lo dieran a la otra, el rey Salomón supo que ella debía ser la verdadera madre y se lo entregó.

En el conflicto entre Israel y los palestinos las partes no han acordado ningún arbitraje, de manera que cualquier controversia debe ser resuelta entre las partes. Como está a la vista que es difícil, es que varios países han propuesto ser mediadores para llegar a alguna posibilidad de solución. El presidente de Estados Unidos se ha reunido con los líderes políticos de ambos lados, Netanyahu y Abbas, para que retomen sus conversaciones. Tiene a su Secretario de Estado John Kerry dedicado casi exclusivamente a lograr mediar para lograr una solución, que sin duda sería un punto a favor de Obama en su política exterior. 

También el presidente de China, Xi Jinping se reunió con los dirigentes de Israel y de la Autoridad Palestina ofreciendo a China como mediador en el conflicto entre ambos. Y varios otros han seguido ese camino, como Colombia, que también ha ofrecido mediar entre las partes.

En el caso del límite marítimo entre Chile y Perú, el conflicto ha estado dirigido a la apropiación de los recursos marítimos de la zona que este último país ha cuestionado al primero. El cambio de la línea limítrofe es la que define la zona a explotar como país. Esta se refiere a las doce millas marítimas desde la costa que se consideran como mar territorial, y a las doscientas millas marítimas que son una zona económica exclusiva para la pesca o extracción de otros recursos, como petróleo si fuera el caso.

Esta proyección es la que hace que varios países pretendan islas muchas veces insignificantes, e incluso parte de la Antártica, lo que les permitiría el uso y usufructo de la proyección del mar desde esa zona. Es el caso del conflicto de los islotes deshabitados entre Japón y China que se ha visto el último tiempo, e incluso el nuevo empuje del gobierno argentino respecto a las islas Malvinas, especialmente ahora que al parecer están circundadas de zonas petrolíferas, territorio que las Naciones Unidas consideran zona en litigio.

(Malvinas vienen de “iles Malouines”, nombre dado por el navegante francés Louis Antoine de Bougainville en 1764 en recuerdo del puerto de Saint-Malo en Francia. Por otra parte Falkland fue el nombre que el inglés John Strong pusiera al estrecho de San Carlos entre las islas principales, nombrándolo Falkland Channel  en honor a Anthony Cary, quinto vizconde Falkland, que financió su expedición como comisario del Almirantazgo Británico)

El 22 de julio de 1971 Chile y Argentina hicieron un Acuerdo de Arbitraje de parte de Gran Bretaña respecto a su controversia sobre las islas Picton, Lennox y Nueva, así como los islotes adyacentes en el Canal del Beagle del sur extremo, en el Laudo Arbitral sobre sus límites. El fallo, dado a conocer el 2 de mayo de 1977 por el gobierno británico, que benefició a Chile, fue desconocido por Argentina, que pretendió ocuparlas por la fuerza en 1978. La inminente guerra entre ambos países no ocurrió gracias a la mediación del Papa Juan Pablo II, a quien se lo pidieron las partes para que interviniera.

A pesar de que en el siglo XVII Hugo Grocio, basado en el Derecho Romano, postuló la “doctrina del mar libre” en su libro Mare Liberum, según la que los mares debían ser libres para todos porque no pueden ser ocupados como las tierras, en el siglo XVIII Cornelius van Bynkershoek logró afirmar como principio que el mar adyacente a las costas de un país quedan bajo su soberanía; y estas dependerían de la capacidad de ese Estado para controlarlo. En un comienzo se trató de tres millas marinas, que era el alcance de una bala de cañón.

(La milla náutica o marina equivale a 1.852 metros – la milla terrestre a 1.609 metros usada sólo en países anglosajones -, y es universal, aprobada por la primera Conferencia Hidrográfica Internacional en Mónaco, 1929.  Así, la velocidad se mide en “Nudos”, siendo un nudo igual a una milla náutica por hora)

(Hugo Grocio o Hugo de Groot, 1583-1645, jurista, escritor y poeta holandés, niño prodigio que comenzó Derecho a los 11 años y se recibió cuatro años después. Cornelius van Bynkershoek, 1673-1743, jurista y teórico político holandés, contribuyó al desarrollo del derecho internacional en lo marítimo, especialmente en la Ley del Mar. Sostuvo que los estados ribereños tienen derecho a las aguas adyacentes, y pueden reclamar su mar territorial con la distancia que un cañón puede disparar desde la orilla, tres millas náuticas, conocida como la “regla del cañonazo)

Muchos estados alegaron la necesidad de extender el mar territorial para proteger recursos pesqueros, mineros y evitar contaminación. La Sociedad de Naciones, anterior a las Naciones Unidas, reconoció en la Conferencia de La Haya sobre Codificación del Derecho Internacional de 1930 la existencia de una “zona contigua” de un máximo de doce millas marinas.

A mediados del siglo XX surgió en varios países latinoamericanos la tesis de las 200 millas marinas. En la Declaración de Panamá en 1939 se estableció una zona de protección alrededor del continente americano entre 300 y 1200 millas marinas debido al peligro potencial que se podría generar en las aguas americanas ante una guerra mundial.

Declaraciones del presidente de Estados Unidos Harry Truman en 1945 sobre la Plataforma Continental detonaron a su vez declaraciones de varios países latinoamericanos que terminaron en la idea de una zona económica exclusiva de 200 millas marítimas de extensión, que fue reconocida en la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982.

Antes de esa Convención, Chile, Perú y Ecuador habían manifestado que más allá del mar territorial el Estado tiene competencia para conservación, protección, explotación y exploración de los recursos naturales vivos o inertes en el lecho marino, el subsuelo o en aguas subyacentes hasta una distancia de 200 millas marítimas, o a 370,4 kilómetros de la costa. Y finalmente en la Convención del Mar se estableció que todo estado tiene derecho a establecer su mar territorial hasta un límite de doce millas marinas a partir de líneas de base determinadas en la misma Convención, y una “zona económica exclusiva” de un máximo de 200 millas marinas.

Los países suelen tener controversias sobre los límites de sus territorios, más que nada porque cuando se crearon, hace mucho tiempo, estos se definieron vagamente de manera general, sin mediciones que los avalara. Eso es lo que hace que muchas veces se recurra a organismos o individuos externos para que les ayuden a definir los conflictos. Cuando hay seriedad y buena voluntad eso termina bien; pero no faltan los casos en los que una de las partes no acepta las conclusiones, lo que no pocas veces desemboca en guerras. Pero eso es para quienes no son serios ni cumplen sus compromisos.
 
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