El Mito de las Razas

por Tiberio Yosif Klein

AL PUEBLO HEBREO: GABRIELA MISTRAL

Raza judía, carne de dolores,
raza judía, río de amargura:
como los cielos y la tierra, dura
y crece aún tu selva de clamores.

Nunca han dejado orearse tus heridas;
nunca han dejado que a sombrear te tienda
para estrujar y renovar tu venda,
más que ninguna rosa enrojecida.

Con tus gemidos se ha arrullado el mundo.
Y juego con las hebras de tu llanto.
Los surcos de tu rostro, que amo tanto,
son cual llagas de sierra de profundos.

Temblando mecen su hijo las mujeres,
temblando siega el hombre su gavilla.
En tu soñar se hincó la pesadilla
y tu palabra es sólo el ¡"miserere"!

Raza judía, y aun te resta pecho
y voz de miel, para alabar tus lares,
y decir el Cantar de los Cantares
con lengua, y labio, y corazòn deshechos.

En tu mujer camina aún María.
Sobre tu rostro va el perfil de Cristo;
por las laderas de Siòn le han visto
llamarte en vano, cuando muere el día...

Que tu dolor en Dimas le miraba
y Él dijo a Dimas la palabra inmensa
y para ungir sus pies busca la trenza
de Magdalena ¡y la halla ensangrentada!

¡Raza judía, carne de dolores,
raza judía, río de amargura:
como los cielos y la tierra, dura
y crece tu ancha selva de clamores!

La poetisa chilena, ganadora del premio Nobel de Literatura, describía con sus versos el sufrimiento al que ha sido sometido el Pueblo Judío a lo largo de los siglos. Ella, de acuerdo a la denominación de su época, describe al judaísmo como una “raza”, lo que es una falacia.

El antisemitismo fue desde un comienzo un problema religioso para el creciente cristianismo en occidente. El judaísmo no aceptaba la nueva fe, e insistía en no desaparecer. Para el judío perseguido bastaba entonces convertirse al cristianismo para dejar de ser acosado. Excepciones hubieron, especialmente en España, donde eso no fue suficiente, y los nuevos cristianos fueron igualmente atormentados bajo la sospecha de no haberse convertido más que en apariencia, aunque la verdadera razón bajo eso era por el poder económico y político.

La palabra “raza” ha sido en realidad un producto de la era del colonialismo europeo. Al expandirse a otros lugares del mundo, los europeos se encontraron con personas diferentes a sí mismos, que les hicieron especular sobre las diferencias sociales, físicas y culturales de esos grupos humanos tan distintos. Clasificaron a los pueblos que contactaron según esos patrones en lo que denominaron “razas diferentes” a la europea. Esto se incrementó al entrar los europeos en la trata de esclavos africanos, negocio infame que hasta ese momento había sido más que nada el de los árabes y reyezuelos africanos diversos. Al separar de sí mismos a los africanos esclavizados tuvieron un incentivo para darles una categoría totalmente diferente, y justificar así el trato inhumano que dieron a esas gentes africanas que esclavizaron.

Los europeos consideraron inferiores a sí mismos a todo aquel diferente físicamente. Ocultaron los grandes imperios y reinos africanos como los Imperios de Gahna, Zimbahue y Mali para que sus connacionales europeos se convencieran de que esas gentes eran salvajes y atrasadas, y que ellos habían llegado para “civilizarlos”. Según James Loewen en “Lies my Teacher Told Me”, tal como ya se dijo, también postula que la supremacía blanca tuvo su origen en la Era de los Descubrimientos, momento en que las naciones europeas intentaron justificar ideológicamente la conquista de poblaciones indígenas como la trata de esclavos africanos.

El modelo racial europeo medieval se mezclaba con el relato bíblico de que toda la Humanidad desciende de los hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet, los que habrían dado lugar a los distintos pueblos. Así es como se clasificaba a los “semitas” o asiáticos, a los “camitas” o africanos, y a los “jafetitas” o europeos.  De esta manera los europeos, producto del éxito de su sangrienta conquista colonialista se sentían diferentes – y superiores – al resto de las que denominaban “razas”. Aseguraban que esas otras gentes, especialmente la gente de color y los indígenas de América, Asia o cualquier otro sitio conquistado “no tenían alma”, lo que no les hacía humanos. Tras el descubrimiento europeo del Nuevo Mundo, el sacerdote español Bartolomé de Las Casas se opuso a esas teorías de que los indios carecían de alma, lo que era muy conveniente para los conquistadores que les esclavizaban.

Los nacionalismos que surgieron en el siglo XIX, especialmente tras la caída de Napoleón Bonaparte que en el Congreso de Viena restablecieron las fronteras anteriores a la Revolución Francesa y el absolutismo, abrieron el camino a la idea de identificar a los habitantes de cada reino con características propias que denominaron como “razas”.

(Congreso de Viena: 1 de octubre de 1814 al 9 de junio de 1815. Convocado por el emperador de Austria Francisco I, fue un encuentro internacional tras la derrota de Napoleón para reorganizar nuevamente las ideologías anteriores a la Revolución Francesa de 1789 – Antiguo Régimen -, legitimando el principio de las monarquías y del equilibrio entre los imperios y reinos. Se consiguió la paz mediante el absolutismo).

El nacionalismo se centró en características comunes de lengua, cultura y aspecto físico, con el objeto de homogeneizar a la población. Esto hipervaloró los razgos nacionales propios en contraposición a los ajenos. En el caso alemán se dio especial importancia a las referencias a los mitos germánicos popularizados por su literatura y música.

El francés Conde de Gobineau (1853 – 1857), en su “Ensayo Sobre la Desigualdad de las Razas Humanas”, planteó la superioridad de la raza blanca (sólo hasta el norte de los Alpes, o sea franceses, los alemanes eran para él muy “mezclados”) sobre unas indefinidas razas amarilla y negra. Por otra parte, la teoría de la evolución de Darwin derivó en un “darwinismo social” (Herbert Spencer) que pretendió aplicar a las clases sociales y grupos humanos conceptos evolucionistas, como ser la supervivencia del más apto en la lucha por la vida.

(Charles Robert Darwin, 1809 – 1882, fue un naturalista inglés que postuló que todas las especies de seres vivos han evolucionado con el tiempo a partir de un antepasado común mediante un proceso denominado selección natural, en que el más apto ha podido sobrevivir sobre los demás)

Este concepto de la sobrevivencia del más apto derivó en teorías racistas desarrolladas en Inglaterra y Alemania, según las que las personas de piel blanca serían superiores a todos los demás. En Estados Unidos la derrota del sur esclavista en la Guerra de Secesión no implicó el abandono de las tesis racistas – que por lo demás predominaban en todo el país, no sólo en el sur -, sino el desarrollo de movimientos sobre la supremacía blanca. Previo a la Primera Guerra Mundial, a fines del siglo XIX y comienzos del XX, en el período llamado de la “paz armada”, se hizo usual usar el concepto de razas superiores o inferiores, o naciones decadentes frente a naciones emergentes (guerra ruso-japonesa de 1905, guerra hispano-norteamericana 1898). Esta denominación de “raza” se hizo tan común, que cada país lo usaba para catalogarse: así se hablaba de “raza española”, “raza alemana”, “raza inglesa”, e incluso en Chile escribió Nicolás Palacios a comienzos del siglo XX su libro “Raza Chilena”.

A pesar de que los judíos europeos eran indudablemente blancos, de igual manera, con una mezcla del antisemitismo de origen religioso cristiano, se les consideró como “otros”, incluso de otra “raza”, tomando el concepto ya común de la raza diferente de cada nación. De manera que fue fácil para los antisemitas valerse de ello para validar su persecución a los judíos, ya que así se justificaba una separación de estos del resto de sus congéneres. Como el antisemitismo estaba inserto en el subconsciente colectivo, a las organizaciones antisemitas no se les dificultó segregar y luego perseguir a los judíos como “raza” diferente. La persecución religiosa dio lugar a la racial, que tuvo como culminación wagneriana el Holocausto, con el que se pretendió aniquilar a todo el Pueblo Judío bajo el pretexto de ser de otra “raza”, de por sí perniciosa para el resto de la humanidad.

Teorías antropológicas aparecidas en los años 1960 han postulado que la especie humana está compuesta por sólo una raza que se divide en etnias. Aparecieron como reacción al predeterminismo biológico que llevaba al segregacionismo y a la discriminación racial de esa época en los países occidentales.

(Predeterminismo:serie de postulados que establecen relación directa entre patrones genéticos y las diferencias en cuanto a factores psicológicos como la conducta, la inteligencia, la personalidad)

(Etnia: del griego Etnos, pueblo o nación, es un conjunto de personas que comparten rasgos culturales, idioma, religión, celebración de ciertas festividades, expresiones como música, vestimenta, nexos históricos, tipo de alimentación, y muchas veces un territorio)

También influyeron las investigaciones de los antropólogos Franz Boas y Claude Levi-Strauss. La UNESCO, a mediados de la década de 1950 recomendó sustituir la noción de raza humana por la de etnia, basada en las diferencias culturales como lengua, costumbres, religión, ya que la anterior no es científica y es confusa. Y es la lógica la que nos lleva a entender que no existen las razas humanas, sólo las diferencias externas, producto del clima; ya que la piel oscura es producto del calor, por el que el cuerpo produce más mielina. Y la blanca es la falta de sol, al igual que el color claro de los ojos. Por otra parte no es difícil darse cuenta de que si hoy en día somos siete mil millones de seres humanos, al ir yendo hacia atrás en el tiempo vemos que éramos cada vez menos hasta llegar a sólo un mínimo grupo de personas de las que todos descendemos gracias a que sobrevivieron. Esto está avalado tanto por arqueólogos, antropólogos como por estudios del ADN a lo largo del mundo.

De manera que las razas existen sólo en la imaginación de quienes son tan poca cosa que necesitan sentirse superiores a otros para ser algo. No hay “raza judía”, ni menos “raza aria” (concepto inventado por los nazis alemanes, que hasta el nombre y su logo lo copiaron, el primero del persa – Irán, parís de los “arios” – , y el segundo del símbolo universal de la vida, que se encuentra en Asia, América previa a la invasión europea, y otros lugares del mundo) ya que no tenían la capacidad de crear algo propio). Un oriental tiene los mismos dolores y dudas que un africano, europeo o americano. Venimos de un solo grupo humano mínimo, somos todos descendientes de la misma madre ancestral.

 

 
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