Entre las naciones

Tiberio Yosif Klein

 

 

Aunque haya tenido que soportar constantes ataques terroristas contra su población, a pesar de tener que mantenerse en constante alerta ante alguna posible guerra de parte de enemigos, Israel ha logrado consolidarse como nación. El enorme costo que le ha significado desviar sus recursos hacia la defensa de sus ciudadanos no ha mermado su capacidad de desarrollarse en las ciencias, tecnologías, artes e inventos, con lo que puede proporcionar al mundo el resultado de sus innovaciones.

Estas son tantas que es largo de enumerar. En el campo de la medicina es una enorme lista, y bastaría mencionar el invento israelí que permite obtener agua del aire, que ya está en funcionamiento, y que sus fabricantes pretenden que sirva a regiones que carecen de ese elemento vital. Sin contar con su innovación en el campo de la informática, que ha hecho que se compare al país con el Silicon Valley de California, Estados Unidos, donde funcionan las mayores empresas de este rubro del mundo.

En estos momentos Israel ya es el país con mayor población judía del mundo, desplazando así a la de Estados Unidos, que mantuvo durante mucho tiempo ese record.  En la actualidad Israel tiene una población de 8.208.000 habitantes, y es el país número 97 en población dentro de los 243 países del mundo. El 20% de su población no es judía, y está completamente integrada a la sociedad democrática israelí. Basta decir que se calcula a la población mundial en 7.200.000 de  personas para notar lo ínfima que es la población de Israel dentro del contexto mundial. Más aún si se considera que el número total de judíos en el mundo no llega a los quince millones de personas, sin haber logrado todavía recuperarse de la tercera parte de la población judía asesinada durante el Holocausto en la segunda guerra mundial.

La población del mundo crece aceleradamente a medida que pasa el tiempo. Se calcula que el año 10.000 antes de la era común la población total de seres humanos pudo ser de máximo 1.000.000 de personas.

El año 8.000 a.C. de 8.000.000; el año 1.000 a.C. de unos 50.000.000; el 500 a.C. 100.000.000; el año 1 de nuestra Era 200.000.000; el año 1.000 d.C. 310.000.000; saltando al año 1.800 d.C., 978.000.000; el 1.900 d.C. 1.650.000.000 personas; en 1950 éramos 2.518.630.000, en 1970 la población mundial fue de 3.692.492.000, en 1990 fue de 5.263.593.000, el año 2000 éramos 6.070.581.000 personas, y para no seguir, el 2011 llegamos a los 7.000.000.000 de personas, y finalmente hoy en día somos unos 7.200.000.000 millones.

Cabe preguntarse porque si la cifra de habitantes de la humanidad crece de manera tan acelerada, la población judía se ha mantenido con tan pocos miembros. Según el historiador británico Paul Johnson, en su libro sobre los judíos asegura que en el auge del Imperio Romano los judíos debieron ser el diez por ciento de la población del mismo; y como los cálculos dicen que los habitantes del Imperio Romano debieron ser unos ochenta millones, entonces la población judía tendría que haber sumado unos ocho millones de personas. Y eso era sólo en el Imperio Romano, ya que también debió haber judíos en otros lugares, aunque seguramente en menor cantidad. Si el año 1 de nuestra Era la población era de 200 millones de personas frente a los 7.200 millones de la actualidad, esto significa que hoy en día hay algo más de treinta y seis veces más habitantes que entonces. De manera que según esa lógica de crecimiento, si la población judía de esa época era supuestamente de ocho millones de personas, un aumento de treinta y seis veces a lo largo del tiempo debiera llevar a que hoy en día tendría que haber una población judía de al menos 288 millones de personas descendientes de esas otras, sin contar con los nuevos miembros que pudieron adherirse por motivos familiares o por conversión.

Entonces, ¿Por qué los judíos son sólo menos de quince millones? La respuesta no es difícil para nadie, ya que es conocida la persecución de la que ha sido objeto el Pueblo Judío a lo largo de dos mil años de historia occidental. Innumerables asesinatos masivos, conversiones obligadas y otras voluntarias para no ser muertos o expulsados, todo ello culminando en el Holocausto, con el asesinato de la tercera parte del judaísmo. A eso se pueden sumar los raptos de niños judíos para separarlos de sus padres, como fue el integrarlos al ejército como “cantonistas” en la Rusia Zarista para separarlos del judaísmo, y en otros casos para convertirlos en católicos, lo que era común en los Estados Papales del centro de Italia.

Conocido es el caso de la familia  Mortara, cuyo hijo Edgardo Mortara Levi, nacido en Bolonia, Italia, en 1851, que fue raptado a los seis años por sacerdotes católicos, e instruido por el mismo Papa Pío IX hasta convertirlo en sacerdote, desoyendo las protestas de su familia y de muchos sectores del mundo civilizado, y lo finalmente fue hasta su muerte en marzo de 1940 en Lieja, Bélgica.

Esta persecución contra los judíos impidió su desarrollo normal en cuanto a expansión como cualquier otra religión, lo que debió ser la lógica, aún sin ser una religión proselitista. A pesar de todo eso, el judaísmo ha perdurado en el tiempo y tras un largo sufrimiento pudo finalmente volver a tener su país en el mismo territorio que le fuera quitado hace dos mil años por los desaparecidos romanos.

Pero la costumbre de que “el judío” es el chivo expiatorio de todo lo que suceda en el mundo ha perdurado en la psiquis de occidente. Los hijos y nietos de los gestores del Holocausto se sienten libres de culpa y han vuelto a su antisemitismo incorporado, pero esta vez identificando al judío con su país, Israel. Por otra parte, considerado por el Islam como intruso en un territorio que creen de su propiedad, y avalados por las afirmaciones antijudías expresadas por Mahoma, vertidas en su libro sagrado, el Corán – que impelen a sus fieles a asesinar a los judíos -, los 56 países musulmanes que hay atacan a Israel como bloque en las Naciones Unidas y cuanto foro sobre cualquier tema haya en el mundo, logrando, con la ayuda de países anti israelíes – como Cuba, Venezuela, Nicaragua y otros – saquen una y otra vez resoluciones contra Israel por cualquier motivo.

(En el Corán se reitera la imagen de los judíos como “hijos de simios y cerdos”. En la Sura 5, versículo 82, dice “malditos sean los herejes hijos de Israel, en boca de David y Jesús, hijo de María… sus acciones son malas”. Agrega en el versículo 85 “… hallarás que los que abrigan el odio más fuerte hacia los fieles son los judíos”)

(El odio de Mahoma hacia los judíos partió de la negativa de las tribus judías de Arabia a aceptar su nueva religión, y a que le combatieron cuando pretendió con sus ejércitos convertirlos a la fuerza. Aunque finalmente les venció y asesinó, igualmente mantuvo su rencor contra el pueblo del que había sacado la mayor parte de sus ideas religiosas).

Pero a pesar de los ataques contra Israel, ahora convertido en el Judío entre las Naciones, el país judío avanza, se desarrolla aunque deba llevar un gasto militar enorme ante las amenazas, y sus habitantes asombran al mundo con su creatividad. Sin un solo momento de paz durante todos estos 66 años desde que Israel fuera refundado, las ciudades han crecido, las universidades se han multiplicado, el hebreo ha desplazado al yidish y al ladino como el idioma judío. Los inventos y la creatividad se suceden, lo que está avalado por los ya diez Premios Nobel con que el país cuenta, record inusitado para cualquier país, y menos con tan cortos años de existencia moderna.

Israel tiene una retro alimentación con la población judía del mundo, al igual que sucede con descendientes de cualquier país viviendo en otro lugar. El típico insulto que se debía sufrir, “judío despatriado”, está ahora fuera de lugar, aunque siempre lo haya sido. Y no se trata de que los judíos que viven en otros países sean menos patriotas que sus conciudadanos con otros ancestros y otras religiones; es un asunto de respeto. Antes de la existencia de Israel había algunos que no lo tenían por ningún judío, como si éste fuera el objeto que les permitía desahogar sus frustraciones, el “puching ball”, el saco de boxeo humano que sólo existía para ser golpeado y denostado sin que nadie les criticara por eso.

Lo que sucede es que todavía hay individuos que permanecen en el pasado, y no se dan cuenta de que eso se terminó: ya no pueden atacar judíos y quedar impunes. Eso quedó demostrado cuando Israel rescató a los rehenes judíos secuestrados en Entebbe, Uganda, con su admirada acción heroica que mostró la larga mano que tiene el país para defender a los suyos. Tal como los judíos del mundo defienden el derecho de la existencia de Israel, y actúan ante ataques sin sentido contra el país judío, también éste defiende a los judíos ante actos antisemitas, y les acoge cuando quieren retornar a su tierra ancestral.

Israel está cumpliendo 66 años de existencia. Es conocido como los primeros pioneros encontraron el territorio: desértico, casi sin habitantes, seco y sin ningún desarrollo. Se sabe como trabajaron desecando los pantanos del lago Hule, llenos de mosquitos de malaria, horadando la tierra dura para lograr sembrarla, inventando llevar tuberías con agua para hacerlo. Como desarrollaron y fundaron ciudades donde sólo había dunas de arena, y de la nada tuvieron la capacidad de hacer un país respetado por su desarrollo en muchas áreas, al menos por los que tienen inteligencia para notarlo, y no odio antisemita para cegarse. Lo que hizo que muchos árabes, de los que descienden muchos de los ahora se llaman a sí mismos palestinos, inmigraron desde los países vecinos para aprovechar el trabajo que había gracias a la pujanza judía.

Tal como predijo Theodor Herzl, que Israel sería una luz entre las naciones, y que su creatividad serviría para ayudar al mundo, en efecto, en el País Judío se está haciendo realidad el mandato del Tikún Olam, mejorar al mundo, hacerlo mejor. Si al cumplir 66 años Israel puede mostrar el desarrollo que ha logrado a pesar del incesante ataque asesino que ha sufrido desde siempre, es inimaginable pensar en lo que podría desarrollar si tuviese la paz anhelada que le permitiera vivir con tranquilidad. Mientras sueña con lograrla, Israel prosigue su incansable marcha hacia el progreso, para el beneficio de sus ciudadanos y del mundo, al que derrama sus logros.

 

 

 

Fuente: www.tiberioyosif.com

 
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