Israel puede ser a la vez judío y democrático.
He aquí cómo

Por Alexander Yakobson / Traducción: Pamela Rillón

 

 Incluso la nacionalista Constitución Húngara garantiza la igualdad de derechos a todos sus ciudadanos.

Dinamarca, Grecia, Croacia y otros han abrazado una religión o una mayoría nacional -pero al mismo tiempo han garantizado también la igualdad civil para todos sus ciudadanos.

Imaginemos por un momento que la actual Knesset elige promulgar una Ley Básica sobre el estado-nación judío que fuese, al contrario de lo que ahora es temido por muchos, una legislación equilibrada y justa que haga honor al Estado judío y a la democracia israelí.  ¿Cómo luciría tal ley?

Algunos insisten que, en principio, un Estado judío y una verdadera democracia son términos contradictorios. De acuerdo con este punto de vista, un Estado no debe estar conectado oficialmente con una identidad nacional, cultural o religiosa que no sea común a todos sus ciudadanos. De acuerdo a esta forma de pensar, una democracia liberal que no es "neutral" frente a las diferentes identidades de sus ciudadanos no puede garantizarles la igualdad civil plena.

Sin embargo, cualquiera que consulte los actuales textos constitucionales de las democracias contemporáneas se dará cuenta de inmediato de dos cosas: mientras que todas las constituciones son igualitarias, proclamando el principio de la igualdad de derechos de todos los ciudadanos sin tener en cuenta (entre otras cosas) su religión y origen étnico, muchas de ellas no son en absoluto culturalmente neutrales.

La igualdad cívica es de hecho un principio democrático fundamental, mientras que la neutralidad cultural es un concepto que se divorció, en muchos casos, de la realidad. Los que sugieren que Israel adopte una constitución que no afirme explícitamente la igualdad civil, degradan al Estado judío y socavan su legitimidad; los que exigen que Israel tenga una constitución "neutral " están, por su parte, haciendo una demanda sin fundamento.

En primer lugar, en un país que tiene un idioma oficial (ya sea si se trata del único oficial o principal), pero donde se habla más de un idioma, el Estado, por definición, no es culturalmente neutral. Incluso cuando hay varios idiomas oficiales (como en la India) por lo general muchos ciudadanos hablarían la lengua "no oficial" del país.  En el momento en que todo el mundo se cambió al Esperanto, el principio de neutralidad cultural no se puede implementar en uno de sus aspectos más importantes - y hay que tener en cuenta que el lenguaje se considera, en la mayoría de los casos, el centro de una identidad nacional moderna.

En muchos casos, sin embargo, la "no neutralidad " de un estado va mucho más allá de la cuestión del idioma. Muchos se sorprenderán al oír esto, pero  en un número no desdeñable de casos, las constituciones democráticas contemporáneas son claramente "no neutrales" cuando se trata de religión, aunque que todas ellas garantizan solemnemente la libertad religiosa para todos y la igualdad cívica independientemente de su afiliación religiosa.

La Constitución de Irlanda, por ejemplo, comienza con "en el Nombre de la Santísima Trinidad.  La de Grecia es más específica: "en el Nombre de la Santísima y consustancial e indivisible Trinidad"; también se afirma que "la religión imperante en Grecia es la de la Iglesia Ortodoxa Oriental de Cristo. De acuerdo con la Constitución de Dinamarca, la Iglesia Evangélica Luterana "será la Iglesia oficial de Dinamarca".  Bajo una enmienda constitucional del 2012, Noruega atenuó la vinculación entre la Iglesia y el Estado, "La Iglesia de Noruega, una iglesia evangélica - luterana, sigue siendo la Iglesia de Noruega; disposiciones específicas relativas a la organización de las mismas se establecen por ley", y "la base de nuestros valores siguen siendo nuestra herencia cristiana y humanista”. Tanto en Dinamarca, como en Noruega, el monarca debe pertenecer a la Iglesia luterana.

De hecho, como es bien conocido, los países escandinavos son fuertemente seculares y fuertemente igualitarios. Los artículos de sus constituciones que tratan sobre iglesia y religión constituyen una reverencia a la tradición nacional y carácter de la cultura nacional. Esta venia no es de ninguna manera "neutral"; tampoco lo es la señal de la cruz en las banderas de estas naciones (y en el de algunas otras democracias).

En Bulgaria, con su gran minoría nativa turca musulmana, la Constitución proclama que "las instituciones religiosas estarán separadas del Estado", y también que " el cristianismo ortodoxo es la religión tradicional en la República de Bulgaria".

La mayoría de las constituciones democráticas no definen explícitamente el carácter nacional del Estado: el nombre del país y del Estado, y de la lengua oficial del país (todos los cuales suelen ser idéntico al nombre de la población del país), es lo que suele indicar la identidad nacional de un Estado. En algunas democracias, sin embargo, el texto constitucional describe expresamente al Estado en términos de una identidad nacional que no es compartida por todos sus ciudadanos. En tales casos, los Estados nación democráticos van más allá de las habituales disposiciones que garantizan la igualdad de derechos a todos los ciudadanos, independientemente de la religión, la etnia o la identidad nacional.  Incluyen, en sus constituciones, declaraciones expresas que enfatizan que las minorías nacionales son una parte integral de la comunidad cívica, y que es la comunidad en su conjunto -en lugar de la mayoría de la población nacional-  la que posee el poder soberano del Estado.

Un claro ejemplo de esto último, es Croacia. Un país que, por razones históricas, es sensible a las cuestiones de identidad nacional y que pone gran énfasis en su identidad en su constitución. También es un país que recientemente se unió a la Unión Europea, previo a un exhaustivo escrutinio de su Constitución y leyes por parte de las instituciones europeas, para asegurar que fueran compatibles con las normas europeas contemporáneas sobre la democracia y los derechos de las minorías.

El preámbulo de la Constitución de Croacia es, sin duda, completamente "nacional".  Enumera todas las razones históricas y justificaciones para la creación de un Estado nacional croata, y con "croata " refiriéndose claramente a la identidad de la mayoría de las personas. Proclama que Croacia es "el Estado nacional del pueblo croata y a su vez el Estado de miembros de otras naciones y minorías que son sus ciudadanos: serbios, musulmanes, eslovenos, checos, eslovacos, húngaros, italianos, judíos y otros, que tienen garantizada la igualdad con respecto a los ciudadanos de nacionalidad croata".

La larga lista de las minorías nacionales mencionadas sólo sirve para subrayar la centralidad de la identidad nacional de Croacia; el Estado es enfáticamente croata -pero no exclusivamente.  De acuerdo con el artículo 1 de la Constitución, "el poder en la República de Croacia... pertenece al pueblo como una comunidad de ciudadanos libres e iguales"  -es decir, a la totalidad del cuerpo ciudadano y no a la población mayoritaria exclusivamente. De acuerdo con el artículo 3, " parte de la nación croata que se encuentre en otros Estados, se les garantizará una preocupación especial y protección de la República de Croacia".

La constitución de Serbia establece que “la República de Serbia es el Estado del pueblo serbio y de todos los ciudadanos que viven en ella". 
La constitución de Eslovenia, declara ser "un Estado de todos sus ciudadanos y se fundamenta en el derecho permanente e irrenunciable de la nación eslovena a la autodeterminación”; la nación eslovena cuya historia e identidad se fundamenta el preámbulo de la Constitución, es claramente de la población mayoritaria de habla eslovena. La Constitución también se compromete a mantener y fomentar los vínculos entre la República y las comunidades eslovenas en los países vecinos - y, por ende, garantiza la plena igualdad de todos los ciudadanos.
La Constitución de Eslovaquia se promulga en nombre de "nosotros, la nación eslovaca... junto con los miembros de las minorías nacionales y los grupos étnicos que viven en el territorio de la República eslovaca".

Hungría está gobernada hoy por un gobierno nacionalista de derecha, uno que es muy polémico en Europa. Este gobierno ha puesto en marcha con éxito la adopción de una nueva Constitución. En su preámbulo se cantan alabanzas del nacionalismo húngaro: "nosotros, los miembros de la nación húngara... orgullosos de que nuestro rey San Esteban construyera el Estado húngaro en tierra firme e hiciera a nuestro país parte de la europa cristiana hace 1.000 años" - y así sucesivamente, en el mismo sentido.  "La nación" se define explícitamente como incluyendo a las comunidades húngaras en los países vecinos.  Los partidos de derecha y religiosos de Israel son los únicos que podrían envidiar un documento de este tipo. Sin embargo, incluso los nacionalistas húngaros han tenido que incluir en la nueva Constitución del país, que "las nacionalidades que viven con nosotros forman parte de la comunidad política húngara y son partes constitutivas del Estado". La igualdad de derechos de todos los ciudadanos está garantizada.

El panorama general es claro: cuanto más un Estado tiende a destacar su carácter nacional, en los casos en que la identidad nacional de que se trata no es compartida por todos los ciudadanos, más se verá en la necesidad de recalcar, al mismo tiempo, su carácter cívico democrático e inclusivo también.

Un Estado - nación democrático es de hecho un Estado "de" la mayoría en el sentido de que encarna la independencia nacional y es la expresión de su identidad y cultura nacional (que incluye, en ocasiones, un vínculo con una diáspora étnico-nacional). Pero no "pertenece" únicamente a la mayoría, con exclusión de los demás ciudadanos.

El carácter nacional de un Estado que tiene minorías nacionales importantes es siempre susceptible de ser interpretado de una manera no democrática, lo que implica que los miembros de las minorías no sean ciudadanos de pleno derecho. Los Estados nación democráticos tienen el cuidado de rechazar explícitamente estas interpretaciones en sus constituciones.

La definición de Israel como un "Estado judío y democrático " tal y como aparece hoy en día en las leyes fundamentales vigentes del país han sido interpretadas por el Tribunal Supremo de Israel en el espíritu de los principios ampliamente reconocidos por otros Estados nación contemporáneos democráticos. Si ahora hay un deseo de detallar más sobre el contenido de la parte judía de la ecuación, la parte democrática y cívica debe ser igualmente elaborada en la misma Ley Fundamental. Sería conveniente definir al Estado judío como un Estado que encarna el derecho del pueblo judío a la autodeterminación y el Estado democrático como un Estado en el que la soberanía reside en todos los ciudadanos, incluida la minoría nacional árabe. El borrador de una Ley Fundamental en Israel sobre un Estado - nación judío presentada por miembros de los partidos de derecha y religiosos de la Knesset, abiertamente  evita el reconocimiento del principio de la igualdad de derechos a todos los ciudadanos, independientemente de su religión, etnia o identidad nacional.  No se puede imaginar más flaco favor a la causa del Estado judío.

 

 

Fuente: Haaretz

 
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