No todo es narrativa

Gustavo D. Perednik.

 

Hay algunos partidarios judíos de Israel que mantienen diferencias políticas realistas con el gobierno israelí. Pueden, por ejemplo, cuestionar la sabiduría política de seguir construyendo comunidades judías en ciertas partes de Cisjordania, y ello en vista de la oposición prácticamente de todo el mundo a tales esfuerzos. Ellos legítimamente buscan y promueven el mejor interés de Israel, por lo que aquellos que están en desacuerdo con sus opiniones deben discutir y debatir con ellos.

Sin embargo, hay algunos judíos que se oponen directamente a la existencia de un Estado judío en la Tierra de Israel. Son hostiles a la empresa sionista, y no necesitan análisis que valgan, simplemente están en contra de Israel. Es por eso que no vale la pena comprometerse con ellos en un diálogo constructivo porque su hostilidad les vuelve inmunes a un debate honesto.

No obstante, también hay otros judíos cuyas diferencias con Israel tiene más que ver con su propia psicología que con las propias políticas de Israel. Para ellos tampoco parece valer la pena analizar las cosas. Ellos se oponen a los argumentos o a las acciones israelíes por una razón muy personal y psicológica. Son moralistas narcisistas. Su deseo primordial, y su razón de ser, es creer que son personas morales. Es esa creencia la que les hace sentirse bien. Su atención se centra por lo tanto en sus propios sentimientos de cómo son y cómo los verán, no en las consecuencias de las acciones que promueven, ya que su único objetivo es que dichas acciones mejoren su conciencia de ser moralmente buenos.

En parte, ellos comparten lo que los demás narcisistas “normales” poseen: una preocupación por su autopercepción (y la de los demás). Pero si los narcisistas “normales” suelen manifiestar una falta de empatía, estos judíos moralistas narcisistas desarrollan por el contrario una absoluta empatía, por ejemplo, con los árabes palestinos, la cual resulta tan expansiva que erosiona su autoestima judía.

Es tan amplia su identificación que les lleva a negar cualquier empatía hacia los israelíes, y ello les lleva además a disculpar, o directamente negar, la violenta hostilidad y las agresiones, como es el caso del cruel terrorismo, en las que han estado involucrados los árabes palestinos. Los narcisistas “normales” tienen una falta inconsciente de autoestima, en cambio los moralistas narcisistas morales tienen un exceso de autoestima, hasta el punto de que a menudo se caracterizan por su arrogancia moralista. Están convencidos de que ellos, y todos aquellos que están de acuerdo con ellos, saben mucho mejor lo que hay que hacer que el gobierno israelí, que el electorado israelí, y que esos otros judíos - y no judíos - que no están de acuerdo con sus opiniones, y que inclusive llegan a cuestionar la validez de sus conclusiones políticas.

Estos moralistas narcisistas tienen un hondo deseo y una profunda necesidad de una pureza moral en un mundo impuro. Evitan el poder militar porque, por definición, ese poder puede ir dirigido o perjudicar a otros, y porque ven el poder mismo como algo intrínsecamente malo o un instrumento para permitir que el mal gobierne. Como es de esperar, están profundamente descontentos con el ejercicio y la aplicación de ese poder en Israel. Se sienten culpables de que los judíos ya no sean ahora las víctimas y que se hayan transformado en vencedores. Se muestran intensamente orgullosos de los judíos muertos como víctimas y por esos otros judíos fallecidos célebres, por ser a la vez fuente de orgullo e identificación y por ya no poder avergonzarlos y contradecirles. Se muestran tan ciegos que disculpan o justifican los crueles actos cometidos en el mundo árabe por deberse a los crímenes supuestamente cometidos con anterioridad por Occidente y los judíos contra el Islam.

Estos moralistas narcisistas se sienten especialmente bien cuando pueden firmar una carta o una petición, o escribir un artículo, o participar en una manifestación, que se dirigen en contra de alguna política israelí. Ellos rara vez reconocen los sorprendentes éxitos de Israel, su impávido espíritu democrático frente a un ambiente hostil, su apoyo a los derechos de las mujeres o de los homosexuales en un área geográfica que es característicamente hostil a cualquiera de esos derechos.

Estos moralistas narcisistas viven en un extraño universo moral. En cierto sentido, su problema es filosófico. Su idealismo perdido les ha llevado a tener un sentido ingenuo y simplista de la moralidad. Son idealistas morales. Exhiben una forma distorsionada de comportamiento altruista. Creen que si se esfuerzan por entender el punto de vista palestino, apoyando los esfuerzos políticos de los palestinos, los palestinos a su vez les abrazarán y dejarán de luchar contra los judíos. Creen que la buena voluntad y un sincero lenguaje de apoyo pueden acabar con el conflicto. Creen en la abnegación como el necesario camino hacia la paz.

Ellos no quieren ni desean ver al Oriente Medio como el mundo hobbesiano que es. En su mundo no puede existir un mundo que no sea moralmente puro, y todo lo demás está bajo sospecha. Son totalitaristas morales, y tratan de imponer su propia moral a todos los demás porque, según ellos, sólo ellos están “del lado de los ángeles”. Para ellos, Israel está poniendo en peligro su pureza moral y su reputación por extensión, y eso les resulta inaceptable.

Su “inocencia” sirve a sus necesidades personales, aunque participar de sus políticas utópicas y de su narcisismo moral puede acarrear unos daños muy reales. De hecho, hacen daño a Israel, y merecen ser criticados por ello. Ya que, o bien realmente no ven, o bien no les interesa, las consecuencias políticas y de otro tipo que para Israel implica su idealismo egoísta.

Realmente ellos no son malvados, tampoco son nuestros enemigos, solamente se equivocan. Pero por desgracia, su propio deseo de ser “morales ante todo” y de hacer el bien por encima de todo les vuelve peligrosos, ya que su “mundo no es de este mundo”, y desde luego no es el que habita Israel, sino un mundo imaginario donde las palabras detienen las balas y los discursos sustituyen a las políticas y a los intereses.

Puede parecer cruel denominar a estas personas por lo que son, pero el peligro que pueden causar lo requiere. En realidad son una variante de los famosos “idiotas útiles”, no plenamente conscientes de que sirven la causa de aquellos que se oponen a la existencia de Israel, los cuales utilizan a estos bien intencionados, a menudo judíos muy amables, de una manera cínica para socavar al Estado judío.

Es hora de que estos “buenos judíos” vean a los enemigos de Israel tal como lo que son. De esa manera, su moral pudiera llegar a ser auténtica, y aunque su pureza se vea contaminada por la realidad, habrán alcanzado una verdadera moralidad.

 

 

 

Fuente: Ynet/Safed-Tzfat

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