Oz ve Shalom, fortaleza y paz
Rabino Baruj Plavnick

Desde hace veinte días repica en mi alma la antigua invocación bíblica del salmista: Adonai oz le amo iten, Adonai yebarej et amo ba Shalom “Dios fuerza a su pueblo de, Dios bendiga a su pueblo con la paz”. El midrash sugiere que mientras que la fuerza es un don divino, la paz requiere una acción humana, una bendición es algo que obtenemos de Dios cuando hacemos algo que lo merezca.

Por fin llegó el cese del fuego! La muerte de un solo ser humano es una tragedia colosal. Las sangres derramadas claman y ese clamor acusa a todas las conciencias. Las de los que dispararon, las de los que hablaron, las de los que callaron! Cuando la sangre de un hombre es derramada por otro hombre, hay un culpable pero todos somos responsables, la humanidad ha sido comprometida, la esencia humana ha sido comprometida, el destino humano está comprometido. Cuando Anwar El Sadat, presidente de Egipto viajo a Jerusalem en 1978 para un acuerdo de paz, Golda Meier le dijo: “Señor presidente el pueblo de Israel podrá perdonarle que haya matado a tantos de nuestros hijos, pero lo que no podremos perdonarle es que nos haya hecho matar a tantos de sus hijos”.

Durante estos 20 días abrumado por la retorica y la propaganda tanto como por las escenas de guerra y muerte no encontraba fuerzas para escribir… El dolor que siento por los que murieron y por los que tendrán que vivir con la conciencia de que han matado es abrumador. El estupor que siento por las palabras baratas de condena y de justificación que hemos escuchado es abrumador.

La historia es tediosa y aburrida, hace 66 años que se repite: Los judíos reclamamos el derecho a constituir un estado judío en la tierra ancestral de Israel, los dirigentes árabes se oponen y no lo aceptan. Los judíos hemos constituido un estado en la mayor parte de la tierra ancestral, los dirigentes árabes han usado a la población palestina para justificar la oposición. El resultado de la necedad árabe y la tozudez judía es un pueblo palestino que en 1948 era una creación de la UN y hoy en día el sufrimiento y la humillación le ha dado identidad nacional, pero rehén de su origen no logra tener dirigentes que los conduzca a la construcción positiva. La obsesión por destruir a Israel es lo que los aglutina y da sentido a su existencia. Liquidar a Israel es una obsesión, si no se puede del todo e inmediatamente, de a poquito. Si todavía no se puede destruirlo materialmente, comencemos por desprestigiarlo, descalificarlo moralmente y deslegitimizarlo.

Mientras tanto el mundo, repuesto del trauma de la Segunda Guerra Mundial de la cual el genocidio judío fue la expresión más demencial y deshumanizante se ha permitido tolerar una cuota creciente de antisemitismo. El antisemitismo atraviesa la historia humana desde la remota antigüedad: En la antigua Grecia se argumentaba filosóficamente sobre la inferioridad judía y la absurda creencia en un solo dios sin imagen. Roma tomó esos sesudos argumentos y sorprendido por la obstinación judía frente a sus legiones imaginó poderes oscuros en los que el pueblo judío se amparaba. Los argumentos religiosos que aportaron los primero siglos del cristianismo, enriquecieron la percepción de que el judaísmo era deicida, satánico y despreciable, y por lo tanto merecedor de forzada extinción; cruzadas e inquisición trataron de hacer lo suyo. Hasta que la modernidad demandó argumentos científicos y entonces siglos de odio y desprecio destilado encontraron el molde pseudo científico y racional que uso el nazismo. La construcción fantasiosa de un judaísmo conspirativo, permitió la curiosa circunstancia que izquierdas y derechas irreconciliables en todo, estén de acuerdo en una sola cosa: los judíos somos el problema.

No es momento para hacer disquisiciones políticas, no soy político y no sabría serlo. Apoyar a Israel no es apoyar a determinado gobierno, de hecho me inquieta mucho la influencia que en Israel ejercen los ultranacionalistas y los ultra-ortodoxos pero Israel es el Estado Judío, de todos los judíos! (sea dicho una vez más que es un Estado auténticamente democrático, con división e independencia de poderes, votaciones libres, libertad de prensa y aún en las condiciones de guerra nunca suspendió el funcionamiento democrático).

El objetivo del Sionismo fue la construcción de un estado nacional para los judíos y eso ha estado haciendo desde hace poco más de 100 años con el resultado objetivo del Estado de Israel. El objetivo de todos los movimientos palestinos ha sido aniquilar al Estado de Israel.

En las últimas décadas ese objetivo fue confluyendo crecientemente con el antisemitismo atávico.

Mientras Israel fortaleció sus estructuras nacionales con educación moderna, con economía moderna, con ciencia y tecnología moderna (también con ejercito moderno), la obsesión árabe se orientó a deslegitimizar a Israel y encontró que el antisemitismo era un aliado poderoso, porque se había desprendido del desprestigio que la derrota del nazismo le trajo y porque los siglos de odio y desprecio habían calado profundo en el ADN de la cultura occidental. Cuando el prejuicio atávico no resulto suficiente, los petrodólares aportaron un incentivo comprando periodistas y chantajeando políticos.

En este punto debo decir: Me niego a sucumbir a lo que Rabi Marshall T Meyer llamaba “la historia lacrimógena del judaísmo” ese relato que pareciera gozar al contar cuantas veces hemos sido víctimas, y señalo una vez más la ominosa advertencia de este maestro: “El antisemitismo golpea al judío pero hiere a la cristiandad”. Confrontar al antisemitismo no es defender al judaísmo, sino remover de la humanidad un obstáculo espiritual.

Los judíos como individuos y como grupo estamos llenos de cuestiones objetables y criticarnos o criticar las políticas del Estado de Israel no es antisemitismo, pero el empleo vil y falaz de la crítica para desprestigiar y deslegitimizar si lo es.

Amos Oz escribió hace un tiempo respecto al conflicto palestino-israelí: “los hechos pueden constituirse en el peor enemigo de la verdad”. Explícitamente kafkiano es una observación aguda que marca como un observador ingenuo puede ser cómplice de apoyar la más trágica mentira sin siquiera percibir un cosquilleo en la conciencia.

De la catástrofe de la Shoa el mundo occidental intentó reivindicarse apoyando el nacimiento de Israel al que no le confiaban ninguna viabilidad. Los ingleses expresaban lo que muchos creían en 1948: es imposible que exista un Estado judío, es imposible que un pueblo pequeño, diezmado y débil sostenga en medio de millones de árabes un estado nacional. La debilidad extrema al que fue arrinconado el pueblo judío despertó cierta lastimosa compasión entonces asomó alguna tolerancia. Pero la condición era que nos mantuviéramos débiles e indefensos.

El mundo no estaba preparado para la sorpresa de un pueblo judío que prospera y se fortalece (me parece que nosotros – los judíos - tampoco estábamos preparados). El pueblo judío es fuerte y el Estado de Israel es fuerte pero no invulnerable. La fortaleza del pueblo judío viene de las reservas intelectuales y morales que en la experiencia histórica hemos acumulado no solo en el dolor, también en los tiempos fecundos y prósperos.

Que un pueblo demográficamente pequeño con una identidad muy definida y solida sea fuerte, es también fuente de alta vulnerabilidad.

La vulnerabilidad que genera nuestra fortaleza; la obsesión árabe en retrotraer la historia a antes de la creación del Estado de Israel; y el antisemitismo arraigado en occidente; todo junto es una combinación muy explosiva.

Esta es una guerra asimétrica: cuantos más muertos israelíes mejor para el Hamas; cuantos más muertos palestinos mejor para el Hamas ¿qué oportunidad tiene así la paz?. El conflicto es una disputa entre dos pueblos, entre dos verdades, entre dos derechos legítimos, y la única solución es un acuerdo de paz. Llegará tarde o temprano, si es tarde … (ya es tarde para miles de palestinos y miles de israelíes).

En un mundo organizado alrededor del lucro y el poder como valores supremo, el mensaje profético que insta a la justicia, la compasión, la solidaridad, la bondad, la rectitud y la paz es inaudible. Hasta que las sociedades más desarrolladas y cultas no se aparten del enfoque utilitarista y consumista que está destruyendo la naturaleza y prostituyendo a las sociedades, y adopten un modo de vida que permita una relación sustentable con el medioambiente; hasta que el hombre no deje de ver a otro ser humano como un instrumento para satisfacer deseos y aspiraciones egocéntricas y comience a reconocerlo como semejante y manifestación admirable del misterio de la vida y la divinidad; hasta que no ocurra eso, la historia no ingresará en la instancia más evolucionada que nos corresponde.

La fuerza es un don divino, la paz un esfuerzo humano.

No es sencillo ser pacifista judío. La mayoría de los pacifistas que conozco jamás han tenido que defender su propia existencia de una amenaza concreta e inapelable. Para un judío ser pacifista demanda un esfuerzo suplementario, después de la Shoa, la ingenuidad no nos es más permitida. Usar deliberadamente la bandera de los Derechos Humanos como instrumento político es un crimen de lesa humanidad, y toda complicidad con la profanación de las ideas también lo es.

La paz llegará cuando además de conversaciones de paz haya dialogo y se logre un mutuo reconocimiento, se neutralicen los rencores y los prejuicios, se invierta en arados en lugar de espadas y se trasciendan los nacionalismos. Europa después de guerras atroces logró trascender las nacionalidades y sin rendir las propias particularidades camina en dirección a la unidad en la diversidad. ¿No es posible soñar con algo así en Medio oriente? ¿Hará falta una destrucción descomunal como la Segunda Guerra Mundial para que esa posibilidad nazca?

Los judíos dentro y fuera de Israel tenemos que hacer nuestra parte del trabajo, desmantelando algunos becerros de oro construidos en la fascinación del éxito, Yeshahiahu Leibovitz en la década del 70 advertía que la ocupación de Cisjordania es una tragedia para los árabes, pero también para Israel. Una ocupación humilla al ocupado y corrompe al ocupante. También en la Diáspora hace falta más construcción alrededor de valores espirituales y éticos; tal vez la creación de organismos que promuevan la participación democrática de todas las colectividades judías del mundo, después de todo como decía Janan Nudel, Israel es una diáspora más. También la diáspora tiene la responsabilidad de construir puentes de entendimiento genuino con otros grupos culturales y poner con humildad alertas a los desvíos antisemitas consientes e inconscientes. Denunciar y enfrentar al Antisemitismos es un acto de servicio a la humanidad.

La paz es un imperativo para cualquiera que tome en serio a Dios. La paz es un imperativo para cualquiera que tome en serio el valor supremo de la vida.

Es cierto! El antisemitismo ha resurgido agresivo y determinado. Tenemos dos problemas: uno es la paz el otro es el antisemitismo. Parafraseando a Ben Gurion hay que enfrentar el antisemitismo como si el conflicto con los palestino no existiera y hay que promover la paz con los palestinos como si el antisemitismo no nos amenazara.

En fin… Adonai oz le amo iten, adonai yebarej et amo ba Shalom.

 

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