Señor Director:

Jorge Tachauer Sebök.


 

Tomando lo expresado en una carta a anajnu.cl firmada por la señora Perla Calderón, quisiera extenderme sobre el tema.

  Se ha comentado bastante en medios de comunicación nacionales, judíos y no-judíos, acerca del comportamiento de los turistas israelíes

(en particular los mochileros). En unos pocos casos, sus actitudes dejan mucho que desear y son francamente condenables. Pero en su mayoría absoluta, me atrevo a sugerir que en más del 99% se comportan con respeto a la gente, a las normas relacionadas con el medio ambiente y a la legalidad vigente. Es de hacer notar que turistas de otras nacionalidades también tienen ocasionalmente, un comportamiento condenable; grupos muy minoritarios también.

 En el caso de los mochileros israelíes, por supuesto, los antisemitas aprovechan la oportunidad para seguir sembrando la cizaña y el odio.

  Lo anterior no obsta a que se sugiera y enfatice a los visitantes israelíes a que sean especialmente cuidadosos en todo sentido, pues hay más gente de la creemos agazapada esperando la "caída" de ellos  para desencadenar su visceral odio hacia todos los judíos; cito, por ejemplo, al senador Eugenio Tuma, prototipo del político antisemita que, por sus características, podría haber vivido en la Rusia de los zares y de los pogroms sin desentonar. Aunque no es el único; lamentablemente hay más Eugenios Tuma (senador que más se dedica al antisemitismo práctico que a velar por los intereses de sus electores) y Jorges Gajardo (presidente del Colegio de Profesores, enemigo acérrimo del "lucro en la "educación", aunque él y su esposa son dueños de 3 colegios; esto lo menciono por su "calidad" moral, cosa poco frecuente en antisemitas) en Chile.

  Quiero abordar otro tema, delicado, verídico aunque minoritario, pero que igual es la excusa para la diatriba antisemita, metiendo a todos los judíos en un mismo saco.

 La grandísima mayoría de los empresarios, gerentes, dueños de negocio judíos son gente honrada que cumple con las leyes tributarias y laborales y pagan sueldos decentes de acuerdo a las reales posibilidades de la empresa o negocio.

Pero, lamentablemente, hay una pequeñísima minoría que, pese a pertenecer a veces activamente a instituciones judías, acudir regularmente a la sinagoga, etc., no cumplen con la ley. Derivado de este delito - el no cumplir la ley - deriva casi forzosamente que sus industrias, empresas, negocios, etc., son verdaderos criaderos de antisemitas. El empleado, obrero o funcionario no-judío que trabaja para ellos tiende, habitualmente, a generalizar. No se trata del patrón X, del gerente Y o del propietario Z que, casualmente, son judíos, sino de los judíos X, Y y Z que incumplen sus obligaciones legales y pagan sueldos misérrimos.

De ahí a pensar y decir que los judíos, en general, son "pulpos, sinvergüenzas y explotadores", hay un paso muy corto.

 Insto,

a)  Por una  parte a ese pequeño pero llamativo grupo de empleadores judíos a que cumplan las leyes y traten como corresponde a sus empleados, obreros y funcionarios. Las leyes se deben cumplir por un imperativo moral como decía Kant, no porque haya castigos si no se cumplen. Además, aunque vayan a la sinagoga y a otras instituciones de la comunidad, no por eso dejan de ser incorrectos y, además, faltan gravemente a las mitzvot y a los preceptos de la Torá; y

b) A que la misma gente de las instituciones comunitarias, llámense sinagogas, Bnéi Brith, les exija taxativamente cumplir lo que la legislación exige para con sus empleados, obreros o funcionarios, so pena de aplicarles las sanciones éticas y pecuniarias que dichas instituciones supongo tienen o que, al menos, deberían tener.

 Reitero, señor Director, son un número pequeño, pero el daño se lo hacen a todos los judíos de Chile. En muchos casos, si el antisemitismo se desatara violentamente en Chile, serían los primeros en irse del país porque tienen los medios económicos (no siempre bien habidos) para hacerlo, aunque sea a costillas de dañar a judíos y de haber dañado a no judíos.

Se trata de temas que existen y no por incómodos debemos tirarlos debajo de la alfombra...

Como señala el dicho, "De todo hay en la viña del Señor".

 

 
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