Victoriosa derrota

Tiberio Yosif Klein

 

 

Es curiosa la costumbre que se da de celebrar derrotas como si fueran una victoria. Eso es característico en muchas elecciones políticas, tras las cuales todos los bandos se atribuyen éxitos aunque hayan sido vencidos por sus opositores.

También se encuentran casos en los que las víctimas de desastres son elevados a la categoría de héroes, como si sus aflicciones les deificaran. Es el caso de los treinta y tres mineros que fueron rescatados por el Gobierno de Chile de su prisión involuntaria en una mina, y que fueron catalogados de “héroes” por los medios de comunicación. Al igual que un grupo de soldados bisoños que murieron de frío debido a la estupidez de su comandante que les obligó a marchar por la nieve sin ropa adecuada, que también fueron denominados “héroes” por la prensa chilena, sin otra cosa que haber fallecido por la negligencia de su superior.

En el Combate Naval de Iquique, puerto peruano que bloqueaba el capitán chileno Arturo Prat con su viejo buque La Esmeralda al comienzo del conflicto de Chile contra Perú y Bolivia el siglo XIX, la Guerra del Pacífico, éste fue hundido y muerto Prat por el capitán Grau al mando buque peruano. Prat resistió sin rendirse las embestidas del acorazado peruano, y finalmente saltó a éste en un “abordaje”, siendo muerto de inmediato. Las noticias magnificaron su derrota como una inmolación patriótica, lo que hizo de Prat hasta hoy en día lo que algunos llaman “un santo laico”. Pero la mayor importancia que tuvo su sacrificio y derrota fue que como Chile no contaba con reclutamiento obligatorio, tenía un ejército poco apropiado para la lucha que había emprendido. Pero la ciudadanía enfervorizada por su acción acudió en masa a unirse al ejército, lo que permitió a Chile aumentar su tropa para finalmente ganar la contienda.

En otros casos, se puede mencionar el de Napoleón Bonaparte.  La clave para su ascenso al poder se debió a sus contactos. El Barón Dominique Vivant Denon, que fue diplomático de los reyes y logró hacer lo mismo con los revolucionarios, gracias a sus vínculos se hizo amigo de Josephine de Beauharnais, que divorciada hacía poco ya mantenía una relación con Napoleón. El Barón introdujo en las altas esferas al bisoño general Bonaparte, logrando apoyo político para él.

Tras vencer en Italia, el Directorio de Francia consideró invadir Gran Bretaña. Pero eso fue estimado como imposible por Napoleón y sus asesores, de manera que prefirieron cortar a los británicos el suministro de sus materias primas desde sus colonias de la India dominando Egipto. Napoleón zarpó el 19 de mayo de 1798 de Tolón con más de 300 barcos, 38.000 soldados, mil cañones y más de 700 caballos. Los espías creyeron que invadiría Irlanda primero, pero en cambio tomó Malta y luego desembarcó en Alejandría. Fue atacado por 40.000 soldados mamelucos al servicio del Imperio Otomano, pero Napoleón los venció con sus cañones y mosquetes matando a más de 5.000, perdiendo sólo 300 soldados franceses.

(Mamelucos: del árabe “mamluk”, “poseído” – pasivo de “malaka”, “poseer o tener algo en propiedad” -, fueron esclavos islamizados, más que nada turcos paganos y gente de la zona del Mar Negro: eslavos, circasianos y otros. Instruidos militarmente sirvieron como soldados para los califas abasidas, y en 1250 constituyeron un Sultanato independiente extendido por Egipto y Siria, teniendo como precedente el que en 1210 fundara en el norte de la India el esclavo turco Qutb al-Din Aybak al morir su señor, que fueron los llamados  “reyes esclavos”)

Si bien Napoleón quiso “modernizar” Egipto promulgando leyes para acabar con la esclavitud, el feudalismo y preservar los derechos de los ciudadanos egipcios, y a pesar de que los científicos que llevó abrieron el camino a la arqueología hasta la actualidad, entre ellos el descubrimiento de la piedra Rosetta (la zona de Al-Rashid era llamada Rosetta por los europeos), que permitió al francés  Champollion descifrar los jeroglíficos egipcios, igual para los egipcios los franceses eran invasores.  En agosto de 1798 el almirante inglés Nelson atacó a la flota francesa destruyéndola. El Imperio Otomano se unió a los ingleses, y unido a eso se desató una epidemia de cólera que diezmó a los franceses, terminando con eso su campaña desastrosa en Egipto.

Napoleón dejó al mando al general Kleber y volvió a Francia supuestamente victorioso de su campaña militar egipcia, lo que le dio el apoyo que le ayudó a dar el Golpe de Estado contra el Directorio e imponerse como dictador.

En el judaísmo se ha celebrado recién la festividad de Lag Baomer. Esta significa “el día 33 de Omer”: como cada letra hebrea corresponde a un número, “Lag” es 33; y “omer” significa un pequeño manojo de espigas. En el período de Omer se han guardado costumbres de días de duelo. Pero este se interrumpe el 33 de Omer, y nuevamente hay casamientos y en todo el país se encienden fogatas, reminiscencias de las que se hacían en las cimas de montañas para anunciar el comienzo de un nuevo mes y llamar a la población a reunión o guerra. Se sale a la naturaleza con arcos y flechas, se goza con juegos y se visita en Meirón (cerca de Safed en Galilea) la tumba de Rabí Shimón Bar Iojái.

Pero esta fecha festiva encierra una tragedia, no un triunfo. El siglo II d.C. el emperador romano Adriano, que había conquistado Israel, prohibió a los judíos entrar en Jerusalem, e incluso cambió su nombre por Aelia Capitolina. Prohibió por la fuerza la religión judía a la población para que se asimilaran a la romana. Los discípulos de los Rabíes estudiaban el judaísmo simulando que iban a los bosques a cazar con arcos y flechas, de allí la costumbre actual de hacerlo durante las celebraciones.

Esto produjo la rebelión del año 132 d.C. que duró tres años, al mando de Shimón Bar Coziba - su ciudad natal era esa -. (La rebelión anterior había ocurrido el año 70 d.C., que también terminó en derrota, y fue celebrada por los romanos con el Arco de Tito en Roma).  Los sabios de Israel apoyaron la revuelta, y se cree que fue Rabi Akiva, el más renombrado de todos, quien le cambió el nombre a Bar Coziba  por el de Bar Kojba, “hijo de la estrella”. (Inspirado en Números, versículo 17, 24: “Daraj Kojav Mi Iaakov”, “De Iaakov ha salido una estrella”).

Los discípulos de Rabi Akiva se unieron a la lucha, y el Talmud dice que unos “doce mil pares de alumnos de Rabi Akiva murieron en ese tiempo. También se desató una epidemia que se cuenta mató a unos veinticinco mil discípulos de Rabi Akiva”, y es probable que por todo eso el de Omer pasó a ser un período de duelo.  Pero el día 33 de Omer hubo un vuelco a favor de los israelíes; quizás Bar Kojba tomó Jerusalem y además se detuvo la mortandad debida a la epidemia. Pudiera ser esa la causa de la alegría de esa fecha.

Como a partir de ese momento se termina el duelo de Omer, los judíos ortodoxos cabalistas llevan a sus niños que han cumplido tres años a la ciudad de Meirón para cortarles por primera vez el pelo allí. Eso se acompaña con celebraciones de danzas, canciones y comidas dulces.

(Esta costumbre del corte de pelo a esa edad aproximada es costumbre también de varios otros pueblos nativos de América del Sur).

Pero la insurrección contra Roma fue reprimida con una crueldad inusitada contra la población judía. Fueron asesinados decenas de miles, y los romanos instauraron leyes restrictivas muy duras. De manera que fue una derrota del pueblo judío que llevó a que cientos de miles fueran esclavizados y enviados a Europa y otros lugares, comenzando así la tragedia del exilio del Pueblo Judío. Sin embargo todo eso fue dejado de lado para celebrar Lag BaOmer hasta el día de hoy con alegría, como un suceso positivo

La refundación del Estado Judío de Israel es vista por algunos como el resultado de la tragedia del Holocausto. Eso no es así, ya que desde siempre los judíos del Galut (Exilio) anhelaron volver a su patria arrebatada. Pero sí es cierto que al menos fue lo que hizo a los países de las recién creadas Naciones Unidas aprobar que se pudiera dar un territorio a los judíos, avergonzado el mundo por no haber hecho nada para detener la matanza del Pueblo Judío a manos de los alemanes y sus secuaces. Fue un acto de “corrección política” solamente, ya que nadie daba un peso porque los judíos pudieran resistir el ataque que todos sabían que vendría de parte de los países árabes. Pero vieron con estupor que no sólo los judíos les ganaron, sino que han creado un país ejemplar en su democracia y desarrollo. De manera que de la “derrota”, la matanza del Holocausto, apareció la “victoria”, el Estado Judío.

(En Chile, el presidente Gabriel González Videla, amigo de la organización  “Comité Chileno Pro Palestina Hebrea”, tras recibir una enorme presión de los árabes chilenos encabezados por el poderoso industrial Juan Yarur, con la cooperación del senador Jaime Larraín García Moreno, presidente del partido Agrario Laborista – simpatizantes de los  nazis -, que amenazaron con no apoyar al presidente chileno en el Tratado Comercial que se negociaba con Argentina, ordenó votar absteniéndose  por la creación del Estado Judío en las Naciones Unidas, traicionando así a los judíos, ya que Gonzalez Videla había manifestado hasta ese momento su apoyo incondicional a la creación del Estado Judío. Esto provocó la renuncia del Senador Álvarez Suarez de la delegación chilena, en protesta por la inconsecuencia de su gobierno)  

Para lanzarse de un trampolín a una piscina hay que dar primero un salto que hace que el nadador baje antes de ser lanzado hacia arriba para comenzar su pirueta que terminará en el agua. De igual manera, un emprendedor que sufre una derrota podría ser mejor que alguien que sólo tiene victorias en su trayectoria, pues sabrá tomar mejores decisiones cuando haya momentos de crisis. Hay que alegrarse al obtener una gran victoria con una gestión, pero un excelente gestor debe alegrarse mucho cuando al haber fracasado descubre la manera de no repetir ese fracaso. 

Tal como reza el dicho, que “después de la tormenta sale el sol”, así es como al fracaso debería seguir la victoria: lo que hará que se celebre como victoria lo que fue originalmente una derrota.

 

 

 

Fuente: www.tiberioyosif.com

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