Suposiciones

Tiberio Yosif Klein


La conectividad que se ha producido en la sociedad actual hace cada vez más difícil engañar al gran público, lo que sin embargo sigue sucediendo. En el pasado, cuando no existía Internet ni los mecanismos de comunicación instantánea que hay en este siglo XXI, cuando las noticias demoraban, era fácil que la gente creyera lo que algún delegado o supuesto conocedor les contaba. En cambio ahora, cuando incluso las guerras y atentados terroristas se pueden ver de inmediato, gracias a arriesgados reporteros, se supone que a nadie podrían contarle mentiras. Pero ocurre que de todas maneras los que dan a conocer los hechos los relatan desde su propio punto de vista y conveniencia; así que de todas maneras manipulan a la opinión pública para que vean las cosas desde su propia e interesada perspectiva. Esto hace que se planteen como ciertas las suposiciones de quien cuenta la historia.

Siendo una Suposición la realización de conjeturas sobre alguna cosa - como ser las causas o hechos que la han originado, entre otros sucesos -, que se realizan en base a indicios o similitudes ante causas similares, dichas “suposiciones” suelen acomodarse al íntimo deseo de quien las hace. Esto es como sucede cuando algunas personas ven su horóscopo, que usualmente dicen sólo generalidades, e intentan acomodar lo que allí se dice a cualquier cosa que les haya sucedido o que podría llegar a pasarles, sin que eso responda a una lógica o rigor científico.

Por otra parte, como se dice coloquialmente, “el papel aguanta todo”. Entonces es cuando aparece la Estadística, que intenta sacar conclusiones sobre un asunto, anticipándose a los resultados reales o intentando explicarlos. Siendo la Estadística un método – algunos la definen como “ciencia” – que trata del recuento, ordenación y clasificación de datos obtenidos mediante observaciones o consultas a grupos demostrativos para poder hacer comparaciones y sacar conclusiones, por mucho que pretenda ser exacta, no por ello lo es. Prueba de eso han sido los experimentos en los que se consulta a personas sobre las bondades de cierto producto inexistente, ante lo cual casi todas se explayan diciendo que sí lo consumen y prefieren. Lo que no significa que el método estadístico no funcione, sólo se trata de señalar que también sirve para manipular cuando se usan falsedades como verdaderas, como si fuesen resultados producto de estadísticas reales y no supuestas como tales.

El caso más reciente ha sido el de las elecciones en Israel.  Según las estadísticas había un empate entre el partido del Primer Ministro Netanyahu, Likud, y la lista de la Unión Sionista, con grandes posibilidades de que incluso ganara más parlamentarios esta última. Sin embargo, y a pesar de lo que las probabilidades decían, Likud ganó muchos parlamentarios más; lo que indica que las estadísticas, aunque sean rigurosas, también dependerán de quienes son las personas encuestadas para la muestra: estas pueden haber sido certeras en el número, no así en el territorio donde se ha consultado. Finalmente, al dar a conocer los resultados, se llega a la suposición de que lo que ocurrirá es lo que esos datos indican. Esto podría influenciar al gran público en uno u otro sentido, y llevarlos a ser dirigidos.

A lo largo del tiempo se ha hecho suponer al público asuntos tan reiterados que han terminado por ser aceptados como verdades por este. Como ejemplo, aún se habla de ideologías políticas de “izquierda” y de “derecha”, pero aún cuando ese modelo ya es obsoleto, se mantiene. Sin embargo la suposición es que la “izquierda” es la única que se preocupa por los beneficios sociales y por los derechos humanos, y que a la “derecha” no sólo no le importan, sino que los atentan. Ninguno de los dos casos es completamente verdadero ya que en la política hay personas, cada una con pensamientos propios, no necesariamente igual al de todos sus colegas de ideología. Por ejemplo el antisemitismo, que siempre se supuso era solo una ideología de grupos de derecha – o de algunos individuos vinculados a esta -, hoy en día es casi una característica de personas ideológicamente de “izquierda” (sin que por ello haya desaparecido de los antisemitas habituales anteriores). Si para los antisemitas tradicionales el odio al judío es evolutivo, para los antisemitas de izquierda es un pretexto de sobrevivencia.

El antisemitismo, producto del deseo de eliminar a la competencia de parte de los primeros cristianos en su marcha a evolucionar de secta judía a religión, fue primero eso, una competencia a la que era necesario denostar para poder surgir como ideología que la superara. Hacia el año 150 d.C., Melitón obispo de Sardes (que fuera capital de Lidia, actualmente Sard en Turquía), fue quien inventó el mito del deicidio, al decir “Dios ha sido asesinado, el Rey de Israel fue muerto por una mano israelita”. Esto fue tomado en adelante literalmente, y a lo largo de dos mil años millones de judíos fueron asesinados y torturados por eso. Esta “suposición” fue conveniente a lo largo de la historia, pues en adelante, en las sociedades cristianas, el judío pasó a ser el comodín a quien responsabilizar de todo mal, lo que permitió a los gobernantes corruptos desviar la atención de su propia responsabilidad.

(A pesar de lo contradictorio que es dicha afirmación, ya que ¿cómo es posible “matar” a Dios? Si Jesús murió en la cruz debido al “plan divino”, para ser sacrificado para el bien de toda la humanidad, ¿cómo se podría acusar de “matarlo” a nadie, ya que estaría ayudándole a cumplir el “plan”? Más aún, ¿cómo podría acusarse a todo el judaísmo de matar a Jesús, si él mismo era un judío devoto, en un país judío, en el que los ocupantes romanos, con un gobierno títere impuesto por ellos, fueron los que mataron a Jesús?)

A mediados del siglo XIX, este antisemitismo religioso “evolucionó” a uno racial. Wilhelm Marr, alemán que fuera un revolucionario demócrata, defensor de grupos oprimidos, tras el fracaso de la revolución alemana de 1848 a 1849 – al igual que en gran parte de Europa -, lideró una lucha para impedir la emancipación de los judíos en Alemania, y creó la organización “Liga Antisemita”, con la que inventó la palabra “antisemita”. Su ensayo “La victoria del judaísmo frente al germanismo desde un punto de vista no confesional” (“Der Sieg des Judenthum uber das Germanenthum von nicht confessionellen Standpunkt”) tuvo enorme éxito en su tiempo, y logró hacer aumentar el anti judaísmo religioso a incorporar uno “racial”, haciendo de los judíos una “raza” aparte.

(Los nacionalismos de esa época designaban como “raza” a todos ellos: “raza alemana”, “raza francesa”, “raza inglesa”, etc. Incluso en Chile Nicolás Palacios escribió un libro “Raza Chilena”)

Esta “suposición” - supuesto, teoría, imaginación – de separar racialmente a los judíos facilitaba imaginar todo tipo de imputaciones a éstos, y para ello los ahora antisemitas se ayudaban de supuestas estadísticas con las que acusaban a los judíos de estar cubriendo todas las actividades de la sociedad que fueran causantes de males a los ciudadanos. Esto facilitaba su exclusión, persecución y exterminio, extremo al que llegaron los alemanes, ayudados por todos sus aliados húngaros, rumanos, franceses de Vichy, checos, rusos blancos y cosacos, y muchos otros, incluidos muchos musulmanes.

La última etapa de la evolución de este anti judaísmo ha sido la de acusar a Israel, el País Judío, de todos los males que hasta ahora se habían achacado a los judíos como pueblo en su conjunto. Como después de la última Guerra Mundial el antisemitismo fue “políticamente incorrecto”, hasta el punto que hasta ahora muchos países lo condenan, pasado el tiempo y llegadas nuevas generaciones supuestamente no responsables de los asesinatos o el silencio ante el Holocausto judío, ahora ante un Israel que se defiende de enemigos que le quieren aniquilar, les ha llegado el momento de trasladar ese anti judaísmo a ese objetivo. Más aún, la condena a Israel permite a quienes hacen uso de ese pretexto extender el odio a todos los judíos bajo la premisa de que ven a Israel como su “madre patria” o país de origen.

Este anti judaísmo ha sido adoptado por la izquierda internacional bajo el pretexto de la “suposición” de que Israel sería un último resabio colonialista, y no el país producto del retorno del Pueblo Judío a su patria ancestral arrebatada. Esta suposición es ampliamente reforzada por medios de comunicación, que logran así ser parte de la también supuesta intelectualidad occidental, esto es gente auto denominada “progresista” – entre los que incluso se encuentra a judíos ilusos -, que ocultan de esta manera su anti judaísmo subconsciente. Usan como pretexto la defensa de árabes palestinos, sin meditar sobre el terrorismo con que asolan a Israel, o como vulneran groseramente los derechos humanos, tanto Hamas en Gaza como la Autoridad Palestina en Judea y Samaria; ni que decir sobre el resto de los países árabes de la zona, menos aún lo que sucede en el absolutista Irán.

Por otra parte, en el mundo árabe, para el que Israel está inserto en lo que consideran parte de Su Mundo Musulmán, se ha adoptado el anti judaísmo occidental, basándose ahora en la persecución que Mahoma hizo en su momento contra las tribus judías de Arabia, que no lo reconocieron como su profeta. Los libelos antijudíos europeos circulan como reales entre la población enormemente analfabeta de sus países regidos por corruptos dictadores absolutistas, ayudados en su momento por nazis, que refugiados y protegidos por ellos, les ayudaron a organizar represiones a sus pueblos, y por supuesto a fomentar el anti judaísmo visceral que les movía.

La “suposición” que imparten a sus pueblos, según la cual “los judíos” se han apropiado de un territorio que “es musulmán”, y las mentiras según las cuales los judíos de Israel – y por extensión los del mundo – flagelan y persiguen a los musulmanes de los territorios del País Judío, hace que la población musulmana se haya adherido al antisemitismo que domina a gran parte de la izquierda y a los que lo han sido por herencia desde siempre. Estos anti judíos musulmanes – palestinos, iraníes, y otros – han creado un mundo de supuestos y estadísticas falsas para incentivar al mundo entero a ir contra Israel. Financiados por grupos “de izquierda progresista” antisemitas, iraníes y de países musulmanes diversos, incluso han creado una producción fílmica falsa a la que los medios de comunicación internacionales, conocedores de la farsa, se adhieren con el supuesto propósito de vender su producto, que en la realidad se suma al anti judaísmo del momento.

Todo vale para conseguir los fines, de tal manera que Macchiavello, con frases como: “En general, los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que ven”, o la supuestamente atribuida a él, “El fin justifica los medios”, ilustró ya en el siglo XV lo que se podía lograr al lanzar al boleo suposiciones y estadísticas falsas.

(En realidad, la famosa cita fue extraída del texto en latín Medulla theologiae moralis” (1645) y cuyo autor es el teólogo alemán Hermmann Busenbaum. La frase que se encuentra en dicho texto, dice literalmente: Cum finis est licitus, etiam media sunt licita. “Cuando el fin es lícito, también lo son los medios”)

De manera que a pesar de la aparente facilidad para conocer de inmediato lo que sucede en cualquier lugar del orbe, al ser esa información entregada por medios interesados en fomentar su propia visión ideológica, la que es la mayoría de las veces burdamente manipulada con estadísticas entregadas como serias, terminan por hacer que la población toda crea en las suposiciones que les presentan como ciertas. Lo que para desgracia del judaísmo, ha hecho que el antisemitismo nuevamente esté creciendo, debido tanto a la manipulación dirigida como al mostrar la cara que hasta ahora estuvo oculta.

 

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Fuente: Libertaddigital
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