La amistad se desvanece

Tiberio Yosif Klein


En 1962 se hizo la película “El Candidato de Manchuria”, basada en la novela de Richard Condon. La trama es sobre el lavado de cerebro que sufre durante la Guerra de Corea el hijo de una prominente familia conservadora estadounidense para convertirlo en asesino, en una intriga política destinada a convertir en presidente de Estados Unidos a alguien que los comunistas puedan manejar.

La manera en que el presidente norteamericano se está comportando con Israel podría llevar a pensar que Obama es una especie de infiltrado, que tiene como finalidad terminar con el apoyo que su país ha entregado por décadas al país judío. Pero la verdad es otra; Obama no es el norteamericano típico que ha regido los destinos de Estados Unidos, como lo ha sido la mayoría de sus antecesores, ya que viene de una familia disfuncional biracial, con madre blanca y padre africano kenyata que no estuvo presente durante la vida del futuro presidente, ya que se separó de su madre cuando Obama tenía dos años.  El segundo marido de su madre fue Lolo Soetoro, musulmán indonesio, con el que en 1967 la familia se mudó a Indonesia, donde Obama asistió a escuelas en Yakarta hasta los diez años, tras los que volvió a su Hawai natal. De manera que aunque se declara cristiano, tuvo fuerte influencia de la mentalidad del Islam, por mucho que no comulgue con esa religión. También se debe entender que Obama viene del sector “liberal” estadounidense, y fuera de que para él es importante la discriminación a los afroamericanos, ha sido un hombre que trabajó en organizaciones de ayuda social, prefiriéndolo a integrar algún importante bufete de abogados.

A pesar de lo anterior, no es sólo Obama el que está enfriando la relación con Israel, ya que hay todo un equipo tras él, por mucho que sea el presidente quien toma las decisiones finales. Hay que recordar que Estados Unidos no fue siempre el amigo de Israel que ha sido desde algunas décadas pasadas. Antes era Francia quien estaba a su lado, lo que terminó cuando De Gaulle decidió que los países árabes, con su petróleo, eran más interesantes para sus necesidades. En 1948, David Ben-Gurión declaró la independencia de Israel haciendo caso omiso de la oposición de Estados Unidos, que decía que “no era el momento para hacerlo”. Cuando Israel conquistó a Egipto toda la península del Sinaí durante la guerra de 1956, momento en el que acompañó a Gran Bretaña y a Francia que  atacaron al Egipto de Nasser que había cerrado el Canal de Suez a barcos occidentales, el presidente norteamericano Eisenhower dio a Israel un ultimátum para que se retirara del Sinaí.

En los primeros años, Estados Unidos intentó hacer alianza con los países árabes contra la Unión Soviética, que por otra parte hacía lo mismo. No existía el llamado “lobby” judío estadounidense, y los judíos norteamericanos no se habían atrevido a declararse a favor de Israel de manera incondicional. Fue en 1958, cuando Jordania e Irak se unieron en la “Federación Árabe de Irak y Jordania” el 14 de febrero de ese año, que cambió la actitud de Estados Unidos hacia Israel. Esta unión duró sólo seis meses, y se disolvió el 2 de agosto de 1958, cuando el rey Faisal fue depuesto por un golpe de estado militar el 14 de julio. Estados Unidos intentó ayudar a Jordania, que en ese momento era su aliado incondicional en la región, pero todo el mundo árabe se opuso: sólo Israel permitió el paso del puente aéreo con que los norteamericanos y los británicos pudieron volar hacia Aman, la capital jordana. Fue en ese momento cuando Estados Unidos se dio cuenta de que sólo Israel era fiel en la región, y el único dispuesto a defender los intereses de ellos y de occidente.

Durante la década del sesenta esa amistad se consolidó. Los norteamericanos vieron en Israel al país democrático que es, y el AIPAC, lobby judío, se fortaleció, así como la posición de los judíos estadounidenses a favor de Israel se hizo incondicional. De manera que Israel fue considerado un socio estratégico de Estados Unidos en la zona desde 1958 hasta que llegó Obama a la Casa Blanca. Él no tiene una identidad política norteamericana ni posee una relación con la cultura y valores de Israel como la que tuvieron sus antecesores. Ha decidido construir un frente panislámico, sin interesarle si con ello termina con la relación que tradicionalmente tuvo con el país judío.

A pesar del fuerte lobby judío, se ha producido un alejamiento parte de los judíos norteamericanos de su tradicional apoyo a Israel. Por una parte hay una fuerte asimilación, que ha hecho que el 25% de los jóvenes judíos critique a Israel, favoreciendo a los palestinos. La mayoría de los judíos de Estados Unidos son “liberales”, identificándose con la ayuda a los desposeídos y las minorías, apoyando causas por los derechos humanos. En general votan por los demócratas, y un 78% votó por Obama en las últimas elecciones. A un número importante de judíos no  les interesa la centralidad de Israel ni la solidaridad con éste, lo que ha sido un buen resultado para Obama, ya que tanto él como el presidente Clinton en su momento hicieron lo posible para separar a la comunidad judía norteamericana y a Israel para su propio beneficio.

Este gobierno norteamericano está preocupado del avance de las milicias del Estado Islámico, que de no ser detenidos podría ir apoderándose de los pozos petroleros de la zona. Por eso se ha acercado a Irán, a pesar de que este país teocrático es un estado terrorista, que ha estado detrás de atentados contra Estados Unidos, que financia a Hezbollá, a Hamas, a los terroristas del Yemen, que hizo el atentado contra la mutual judía Amia y contra la embajada de Israel en Buenos Aires. Como toda gran potencia, a este nuevo Estados Unidos regido por Obama le interesan más sus intereses que lo emocional al aliarse con un enemigo de siempre, Irán. Y si con eso sacrifica a su amistad con su leal aliado, Israel, el fin que persigue lo justifica para sus intereses. 

Tanto Estados Unidos como los países europeos saben bien que Irán está tras la bomba atómica. Pero como los negocios justifican todo, aunque Irán haya tenido que ver con todos esos atentados terroristas, y a pesar de que peligre Israel, le levantarán las sanciones a Irán que le impiden efectuar las enormes compras que ayudarán a mejorar en parte los problemas económicos de Estados Unidos y Europa. Y si Irán logra finalmente fabricar la bomba atómica, que Israel se las arregle. Como este país está molestando en que hagan el movimiento que les permitirá su comercio, Obama da públicamente señales de desprecio hacia el Israel con Netanyahu como primer ministro y hacia éste, ya que al ganar las elecciones no permitió que ganara la oposición, que al parecer sí les habría permitido hacer las cosas como pretenden.

Los movimientos que hace Obama le han traído el enojo de sus aliados tradicionales, como lo es Arabia Saudita, que lucha indirectamente contra Irán, que está tras la hegemonía musulmana chiita en la región lanzando a los milicianos de Hezbollá con los que apoya al dictador sirio Al Assad, a los golpistas en Yemen y al Hamas de Gaza, que ataca a Egipto. Sucede que Estados Unidos produce casi tanto petróleo como Arabia Saudita, e incluso la superará pronto, de manera que al menos por el momento no depende tanto de ese país. Ya el 2012 Estados Unidos producía 11.096 barriles diarios de petróleo, contra 11.546 de Arabia Saudita, siendo Estados Unidos el segundo mayor productor mundial de petróleo, seguidos ambos por Rusia.

Las nuevas alianzas son importantes para los actores internacionales. Hay aires de guerra que pudieran extenderse, no sólo en Medio Oriente. China amplió unilateralmente su zona de defensa aérea sobre las islas Diaoyu, Senkaku para Japón, que denunció la violación de su soberanía marítima por China, y ha puesto en alerta a sus fuerzas armadas. Corea del Sur anunció que ha ampliado su zona de defensa aérea al islote disputado Roca Socotra, que se encuentra en la esfera del interés también de Japón y China. También Vietnam tiene un conflicto con China debido a que esta última colocó el equipo de perforación de petróleo Haiyang-981 de mil millones de dólares, de la Compañía Nacional de Petróleo de China, acompañados por ochenta barcos chinos, en aguas que ambos países reclaman.

También hay tensión entre Estados Unidos y Rusia. El presidente Putin, antiguo oficial de la KGB, está intentado rehacer el Imperio Ruso que tanto los Zares como los Soviéticos tuvieron. El general ruso Leonid Ivashov, Presidente del Centro Internacional para el Análisis Geopolítico, fue entrevistado por el diario ruso Pravda, sobre el estado actual de la doctrina militar en la Federación de Rusia. Ivashov cree que estarían próximos a una guerra con Estados Unidos, y que la OTAN, como primer objetivo de ataque querría destruir los satélites de navegación y reconocimiento que aseguran el uso de sus misiles balísticos y crucero para dejar “ciega” a Rusia. Así, al no contar este país con el sistema GLONASS (“Sistema Global de Navegación por Satélite Ruso”, homólogo del GPS de Estados Unidos y del GALILEO  de Europa), sería imposible para la aviación rusa lograr sus objetivos. Es la razón de que también Rusia esté haciendo alianzas en América Latina para tener a Estados Unidos “a punta de pistola”.

Rusia apoyó en un comienzo a Israel en 1949, dándole a éste asistencia en lo político y militar, a pesar de que ya comenzaba Stalin sus purgas contra judíos. Incluso apoyó a Israel cuando los árabes palestinos iniciaron su éxodo tras la guerra de independencia, culpando a los británicos de eso. Pero desde 1967, guerra de Los Seis Días, hasta 1988 no se restablecieron las relaciones entre ambos países, después de que la Unión Soviética eligiera a los países árabes en su guerra fría contra occidente. Desde que se desintegró la URSS llegaron al país cerca de 1.250.000 personas, que están integrados en todos los niveles de Israel, y han crecido hasta ser el 15% de la población, de tal manera que Putin ha dicho que Israel es un “país rusófono”. Después de los norteamericanos, los rusos son el segundo grupo mayor de visitantes del país. El comercio bilateral alcanzó en 2013 cerca de 10.000 millones de dólares, y actualmente se trabaja con la Unión Aduanera (Rusia, Kazajistán y Bielorrusia) para avanzar en un tratado de libre comercio interregional. Hay acuerdos militares, y Gazprom, la empresa estatal rusa, participará activamente en la extracción del gas de la costa de Israel.

Sin embargo Rusia no está de acuerdo con Israel sobre Irán, Siria y el conflicto con los palestinos. Rusia ayuda a Irán a desarrollar su programa nuclear, apoya a Siria que le debe mucho dinero (que no quiere perder como le sucedió con Libia, al caer Gadafi), y apoya la creación de un Estado palestino dentro de la línea de armisticio de 1967. Lo que significa que de todas maneras hay diferencias que no permitirían una “amistad” completa con Rusia, de perder la de Estados Unidos. Sin embargo Israel guardó silencio respecto al conflicto con Ucrania, mostrando desconfianza por el gobierno de ese país que ha incluido elementos neonazis en su gabinete, y han alertado del antisemitismo creciente en ese país después del cambio. Rusia por su parte devolvió el favor al guardar silencio sobre la operación israelí en Gaza, lo que finalmente podría hacer de los rusos unos interlocutores válidos ante los palestinos, al ser aparentemente neutrales, más que los norteamericanos que han fracasado como mediadores.

Por mucho que Obama y su gobierno tengan el pragmatismo de abandonar a Israel, al dejar de considerarlo la “defensa” de occidente en la región dado que la Guerra Fría ya no existe, aún gran parte de la clase política y del público norteamericano apoya al país judío. Los parlamentarios del partido Republicano son aparentemente en gran parte partidarios de que Israel siga siendo su aliado. Son mayoría, lo que puede hacer que bloqueen intentos del presidente Obama en contra de Israel o a favor de Irán. Pero como lo que priman son los intereses de la nación estadounidense, esto es económicos, no está claro adonde podría conducir este cambio tan drástico de Estados Unidos. Sin embargo como los políticos israelíes tampoco son torpes, es de esperar que hayan analizado los posibles movimientos a los que podría conducir este conflicto de intereses con Estados Unidos.

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 Fuente: Jaime Gorenstein
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