Satán hoy, contra el Pueblo Judío

Rabino Roberto Feldmann


Satán está contento como nunca, y ocupado. En estos días de Bein Hameitzarim, entre angustias del 17 de Tammuz y el 9 de Av, anda ocupado marioneteando a Obama y sus temas irresueltos con sus dos padres ausentes. Lo anima a proyectar en el ayatolá de Irán a su padre biológico –quien era musulmán-, a ver si la tercera es la vencida, y este, el de turbante negro, no lo abandona.

¿Satán? Sí. Palabra hebrea. Satán existe en el judaísmo para hacernos las cosas difíciles, para que podamos superar nuestros impulsos negativos, y pasar las pruebas. Ese es el concepto clásico judío y ese es el propósito de Satán. No es un “ángel que se rebeló contra D’s” ni se “cayó”. Satán es un ángel cuyo propósito ha sido determinado por D’s. Más no nos ha sido dado entender.   

Para todo hay que prepararse, estudiar, graduarse. Menos para ser orador político y presidente. Eso no requiere de magíster ni tesis, ni doctorado ni trabajo en terreno, ni marcha blanca ni maestro tutor. Si hablas bien, como el coludo; si juntas plata, como el del tridente, entonces votan por ti, y ya puedes empezar a sentirte de otra estirpe que la del común de los mortales. Y, como decía Laura Rodríguez, irte contagiando con el “virus de altura”: Suficiente tiempo en que manejas todo el poder entre hamburguesa y pizza – porque Obama sigue siendo un adolescente mimado - : suficientes vuelos en tu avión o tu helicóptero, suficientes horas con los pies sobre el escritorio de la oficina oval, y ya vas creyendo que tu humanidad, llena como la de todos de afanes y ambiciones, de hoyos negros y fijaciones, de carencias y manías, no toca las alturas de tu excelentísima investidura, de tu alter ego de presidente. Y allí juras que eres tú el artífice, cuando el demonio se ríe y te tiene en sus garras, de cabo a rabo y oreja.

Reshit Jojmá Irat Hashem. El fundamento de la sabiduría es el temor reverencial a D’s. Salmos (Tehilím) 111:10. Si no está, la sabiduría es reemplazada por la mentira. Un adolescente bastante frívolo, influido por los que copiaban a Martin Luther King y su oratoria cautivante, se transforma en organizador social de las zonas menos privilegiadas de Chicago sur. Y aprende a tratar con bandas, a buscar intereses comunes y resolver acuerdos. Y rodeado, como en Chicago, de 3000 kilómetros a la redonda de supermercados, leche, carne, trigo y abundancia; y de gente con la cual hay “intereses comunes”, aprende una política que puede aplicar en Chicago, con pandilleros afro-americanos, latinos o parroquias. Pero solo allá.

Y descubre allí a este carismático imitador de Martin Luther King que se llama Reverend Jeremiah Wright. Un hombre apasionadamente resentido, que desde el púlpito predica que la culpa de todos los males del mundo radica primeramente en EE.UU. y el hombre blanco, con matices antisemitas en varias de sus prédicas también. Sus argumentos anti-imperialistas tienen cierto atractivo para jóvenes negros quienes como el mismo Wright, no calzan del todo en el modelo o el sistema, en sus universidades o sus barrios, su círculo social, y en el sentido de  merecimiento (“entitlement”) que los blancos detentan, sin siquiera tener conciencia plena de ello.

Obama es de la generación de los juegos de video, la generación light, la que no fue ni objetora de Vietnam ni de Iraq ni estuvo en el ejército; y que lee a autores que le indican que todo está bien si EE.UU. no interviene y se retira. Asiste con su familia por veinte años a esa iglesia de Wright. Como Hitler, ensaya y practica la oratoria. Le es innata, y la perfecciona con sus mentores como el mismo Wright, levantando el mentón y hablando de un vago “¡sí se puede!” que resuena como M. L. King.

En EE.UU., aún joven, gana la nominación demócrata, y lo demás es historia. Su primer discurso significativo en el extranjero como presidente, es ir a El Cairo a adular a la civilización islámica como contribución maravillosa a la cultura universal. Muy posiblemente, en el fondo, una vez presidente, Obama viaja para ser visto por su Pater cultural y psicológico. Cree que con eso cimentó la primera piedra de una corrección de los males de la hegemonía norteamericana, su imperialismo, su hubris, su arrogancia, que serían la fuente de todo mal. Según Wright, ameritaban los ataques terroristas del 11 de Septiembre de 2001. Fue a Libia en compañía del notorio y virulento antisemita Louis Farrakhan, y su iglesia, la Trinity United Church of Christ, premió a Farrakhan. Para Wright todo mal viene con el hombre blanco. Y este fue el pastor de los Obama durante veinte años.   

A los cuatro meses de su mandato presidencial, tras el robo de la elecciones dirigidas de por el Ayatolá Jameneí y sus esbirros en Irán, y en las que sale reelegido Ahmadinejad, adviene la revolución de 2009 en el país persa. Miles y miles de iraníes salieron por fin, tras treinta años de indecible represión, a las calles a desafiar con sus pancartas y sus cantos al régimen más terrorista y genocida del mundo. Miles de jóvenes fueron baleados en las calles, mujeres violadas en los cuarteles de los Bassidj, disidentes torturados y desaparecidos, otros –como gays o zoroastrianos- son colgados de grúas de construcción, cada día, bajo la mirada sempiterna de sus siniestros cuervos enturbantados, Ayatolá Jomeini y Ayatolá Jameneí, con sus eslóganes de “¡Muerte a Israel!” y “¡Muerte a los EE.UU.!” (Muerte a todo lo que no sea Islam shiíta, sanguinario y  fanático). Una joven de 27 años, Neda Agha-Soltan, se bajó del auto por el calor en el atochamiento de Teherán, el 20 de Junio de 2009, y un francotirador del Bassidj, del régimen del Ayatolá Jameneí, le disparó a la muchacha, quien se desangró en la calle, ante los esfuerzos inútiles de los peatones desesperados. Fue una muerte más entre decenas de miles, pero como fue filmada, recorrió el mundo.  

¿Y qué hizo Obama, ya premio Nobel de la paz? ¿El que hacía gárgaras citando a Martin Luther King? No dijo nada. Esperaron y esperaron una ayuda, una mano los iraníes, replegados en los tejados de sus edificios, noche tras noche, esperando al amparo de la oscuridad gritar por justicia y libertad. Pero nada. De Obama solo vino complicidad con los asesinos de un régimen que envía a sus propios niños, con llavecitas de plástico del cielo colgadas en el pecho, a caminar sobre campos minados para reventarlas reventándose, amputándose, desangrándose –igual que Neda- para morir como “mártires” –shahiids-.

Un año y medio más tarde, inesperadamente, gatillada por un verdulero tunecino endeudado que se quemó a lo bonzo, vino la revolución en Túnez, y luego en la plaza Tahrir del El Cairo: la mal llamada “primavera árabe”. Obama sí intervino, dándole el golpe de gracia para que cayera el dictador Mubarak, quien había mantenido la paz con Israel. Luego apoyó con todo su poder económico y militar y con todos sus chantajes y doble rasero a uno mucho peor, Mohammed Morsi, fanático miembro de la Hermandad Musulmana, que mandaba a matar a cristianos coptos, a hacer un pogromo contra la embajada de Israel en El Cairo, a instaurar la Sharia, y que reabrió la embajada iraní en Egipto, amenazando con anular el tratado de paz con Israel. Y Morsi también dio armas, apoyo, logística y entrenamiento, libre paso e impunidad al grupo terrorista Hamás, hijo de la Hermandad Musulmana, en Gaza. Sus diatribas antisemitas eran constantes, y Obama nunca las comentó.

El pueblo egipcio, que lo había votado, al cabo de un año no soportó más, y pidió en la misma plaza Tahrir a las Fuerzas Armadas que Morsi fuera depuesto. Este aún no había cimentado todo su poder, y las fuerzas armadas lo derrocaron. Obama protestó airadamente, retiró a su embajador de Egipto, amenazó con retirar la ayuda militar que al esbirro de Hamás sí daba, pero a un militar secular que anunciaba elecciones, no.

Y mientras tanto, Irán seguía todos estos años ignorando sus obligaciones como signatario del Tratado de No-Proliferación Nuclear NPT (por sus siglas en inglés), engañando, escondiendo, probando explosiones en su base militar de Parchín, enriqueciendo Uranio, acelerando su programa de agua pesada para producir plutonio en Arak, aumentando a decenas de miles sus cilindros en Bushehr, Fordow (Qom) bunkerizados bajo montañas, y decenas de lugares bien camuflados entre estructuras civiles. ¿Todo para energía nuclear para “fines pacíficos” -médicos quizá- el tercer país más productor de petróleo y gas natural del mundo?

Y mientras tanto, cada semana hace años de años, ya sea el Ayatolá Jameneí, el presidente, o el general en jefe de las CGRI o Cuerpo de Guardias Revolucionarios Islámicos, o algún otro matón, amenaza con aniquilar a Israel. Sus desfiles militares desde hace 36 años, tienen escrito sobre sus misiles “Israel será destruido”. El Ayatolá, no por vivir en el siglo séptimo, deja de tuitear: Dice “Israel es un tumor canceroso, y será removido”. Hay docenas de estas citas. No son de años atrás son de estos días, mientras Irán negociaba feliz con Obama (EE.UU.), quien concitó a Cameron (Gran Bretaña), Hollande (Francia), Merkel (Alemania), Jinping (China) y Putin (Rusia). ¿Quién les dio el poder para negociar con el mismo diablo en turbante la capitulación más siniestra desde Neville Chamberlain y su “peace in our times” de 1938? Nadie. Yo no voté por ninguno de estos chamberlines, y mi pueblo nuevamente, es explícitamente amenazado con el exterminio, porque a Obama y sus socios les parece genial aliarse con Irán de Jameneí, Rouhani y Zarif.

 

Y ojo que es Obama. Él la lleva. Él manda a su canciller, Kerry. Él decide, define, cede, concede y capitula. Los demás tienen opiniones, pero son un marco, un “engagement”, una expresión de multilateralidad políticamente correcta, entre los que detentan el veto y el monopolio de la coerción que se han auto conferido.

Y Obama y Kerry lideran esto sonrientes y cordiales con el Irán que niega el Holocausto y hace concursos de caricaturas para negarlo y plantear que sería un complot judío para recibir plata y favores políticos. Obama y Kerry hacen esto el Irán que produce misiles balísticos -incluso intercontinentales- y declara abierta, expresa y manifiestamente su meta de destruir a Israel, otro estado miembro de las Naciones Unidas. Eso es un llamado al genocidio, y penado por la ley internacional, también la norteamericana. Pero como se amenaza al estado judío, suenan los grillos. Todo piola. Obama y Kerry llevan la guaripola de esto con el Irán que arma, financia, entrena y comanda a Hezbolá, que ha matado cientos de marines en Líbano, y que ha cooptado a ese pequeño país; lo hacen con el Irán que arma y financia, entrena y da logística a Hamás y la Jihad Islámica Palestina, que mantienen 1.5 millones de civiles como rehenes palestinos en Gaza para disparar cohetes y lo que sea para matar israelíes. Y pobre de Israel que se defienda, porque será condenado en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, por Amnesia Internacional, y cuanta oenegé exista.

Obama y Kerry lo hacen con el Irán que se embuchó a Yemen mientras negociaban en Ginebra y en Viena, a través de sus mercenarios shiítas Houthis, tumbando del poder al presidente electo Al-Hadi. Conceden y capitulan ante un Irán que acogió a Al-Zarkawi de Al-Qaida cuando huía de Afganistán, quién luego creó Al-Qaida en Iraq, que fue la base del actual “califato” del más sangriento y morboso grupo terrorista: Estado Islámico –que hoy es rival de Irán en Iraq y Siria, pero no cuando se trata de matar israelíes y occidentales, cristianos, kurdos o yazidis-; Obama y Kerry intercambian regalitos y palmaditas con el que se embuchó de facto a Iraq, de mayoría shiíta; que subvierte a Bahrein, y pone bombas antisemitas en Bulgaria, Azerbaijan, Georgia, India, Tailandia y Argentina. Y por suerte Irán no salió con la suya de matar al embajador saudí en Washington el año antepasado. Israel le pasó la inteligencia al gobierno de EE.UU.  

Obama y Kerry lideran esta farsa de peace in our times con el Irán que mandó a su Hezbolá a ejecutar la masacre de la Embajada de Israel en 1992 y de la AMIA en 1994, en Buenos Aires, mientras los sucesivos gobiernos argentinos pactaron con Irán para que sus crímenes queden impunes. Y si alguien levanta la cabeza y lo señala, lo mandan a matar. Yo estuve allí en Julio de 1994.

Si alguien no siente olor a azufre al leer esto, quizá deba revisar su pituitaria.   

Y mientras todo esto y tanto más que no cabe en estas páginas, ocurre, algo absolutamente incomprensible desde toda lógica humana, desde toda razón y ética, comienza aquí, y que ni todos los wikileaks podrán explicar en términos naturales, jamás.

El Presidente Obama, contra toda razón, contra toda ética, contra todo sentido de responsabilidad de protección a sus ciudadanos, contra todo sentido de lealtad a Israel,  su aliado; al pueblo judío, al que dice querer y respetar (quizá porque cena un delicioso Seder de Pésaj en la Casa Blanca cada año); aún oyendo y viendo todo lo que Irán dice y hace contra los soldados norteamericanos en Iraq, -los explosivos IED vienen mayoritariamente de Irán- contra israelíes y judíos; y contraviniendo todos los consejos de los estados árabes del Golfo Pérsico, de Egipto, Arabia Saudí y Jordania, pretende cimentar su “gloria personal”, su “legado” en política exterior, imaginando que Irán es un pobre viejo bonachón solo ofendido por Estados Unidos, al que si uno le regalara todo lo que quiere, y mirara para otro lado, se convertiría en su papi, y vendría a abrazarle “¡Hijo, hijo mío!”. Y con China, a la que nada le importa salvo su codicia y su poder; y con Rusia, -ídem-, invitan a Gran Bretaña, Francia –los otros poderes permanentes y con derecho a veto de las Naciones Unidas, y agregan a Alemania- para hacer un pacto con el régimen iraní. Nadie les dio permiso, nadie votó, nadie encargó. Esto es autoritarismo puro y duro con consecuencias catastróficas globales.

Sigo preguntas simples enunciadas por el editor David Horovitz de Times of Israel:  

¿Se le exigió a Irán declarar todas sus violaciones y componente militar de su programa nuclear de hace décadas, para verificar que sus instalaciones están desmanteladas para dichos fines? No. En vez de eso, el acuerdo llama al TNP (Tratado de No-Proliferación, mil veces violado por Irán) “la piedra angular” sobre la que se basa el acuerdo, que Irán ha burlado como ha querido por décadas ya. ¿Se le demandó a Irán detener el enriquecimiento de Uranio en Natanz? No. ¿Se le exigió al régimen iraní cerrar el complejo de agua pesada para plutonio en Arak? No. ¿Se le exigió desmantelar el complejo que construyó en secreto en Fordow, cerca de Qom, para enriquecer Uranio? No.

¿Se le exigió a Irán  detener su programa de desarrollo de misiles balísticos intercontinentales? No. ¿Se le demando a Irán detener su investigación y desarrollo de centrífugas más y más potentes, para enriquecer Uranio mucho más allá de lo necesario para –digamos- fines médicos? No. En absoluto. ¿Se le exigió a Irán un régimen de inspecciones en cualquier momento y en cualquier lugar, en vez de orquestados por Irán mismo, con toda la anticipación necesaria para poder remover de los inspectores lo que no quiera que vean? No. No hay tal régimen de inspección. ¿Se estableció un régimen de respuesta ante posibles violaciones de Irán de todo esto? No. Nada.

¿Se le exigió a Irán detener su apoyo, envío de armas y misiles, entrenamiento a Hezbolá? No. Ni siquiera figuró en las conversaciones. ¿Se le exigió a Irán entregar a los responsables buscados por la Interpol de la masacre de la AMIA? No, ni siquiera figuró en las conversaciones. ¿Se le exigió a Irán cerrar los 80 “centros culturales” que mantiene en Latinoamérica para promover el terrorismo, incluido en Chile? No, ni siquiera fue parte de las negociaciones. ¿Se le exigió a Irán parar sus constantes marchas, diatribas y amenazas de aniquilar, destruir a Israel, sus quemas de banderas, y sus griteríos “¡Muerte a Israel!”, “¡Muerte a EE.UU!”, “¡Muerte a Gran Bretaña!”? No. Ni siquiera fue parte de las negociaciones, y siguió todo el tiempo mientras Obama, Kerry y sus amigos negociaban. ¿Se le exigió a Irán detener el sanguinario ritmo de ejecuciones, -tres al día en promedio-, la mayor de los últimos veinte años, mientras negociaba? No. Ni siquiera figuró en las negociaciones.

¿Desmantela este acuerdo el muy complejo y trabajoso régimen de sanciones construido paso a paso? Sí, lo desmantela completamente. Va esto a pavimentar una era de bonanza económica para Irán, que su régimen usará para sus ambiciones hegemónicas, su apoyo al terrorismo y su toma del poder en país tras país en la región. Sí. ¿Consolida este acuerdo la opresión y la ideología rapaz del régimen sobre los ciudadanos iraníes y los de países sobre los que alcanza dominio? Sí.

Y sin embargo, en los noticieros de la BBC, CNN, TV5, Deutsche Welle, y los noticieros locales de Chile, Obama dice: “Pusimos fin a todo camino a la bomba de Irán”. Miente descaradamente. Y en paralelo, el Presidente de Irán celebra, después de que el viernes pasado avivaba la quema de banderas israelíes y norteamericanas en Teherán. Anuncia que Irán no quiere bombas atómicas. Miente descaradamente. Irán fue pillado infraganti innumerables veces. Siempre dio una excusa y los tontones de la AIEA la tragaban. Menos Olli Heinonen, que fue despedido por ElBaradei, por escribir la verdad.

Bein Hameitzarim, entre angustias, entre el 17 de Tammuz y el 9 de Av. Oscurísimo.   

En palabras del Primer Ministro de Israel:

“Así, el mundo hoy, tras esta inexplicable traición a la humanidad toda, es un lugar más peligroso para cada ser humano que ayer. Los poderes fácticos del mundo han apostado nuestro futuro común con el mayor exportador de terrorismo de nuestro planeta. Han apostado a que este régimen cambie, quitándole todo incentivo para que se reforme. Este acuerdo le da todo el incentivo a Irán para permanecer inalterable en su peligrosidad y violencia extrema.

En los próximos años, este acuerdo premiará a Irán con cientos de billones de dólares. Esa bonanza económica le dará a Irán todo el dinero imaginable para perseguir sus fines terroristas hegemónicos en el Medio Oriente y en todo el mundo, y su permanente campaña para destruir a Israel.

Sorprendentemente, este acuerdo no le exige a Irán cesar su conducta agresiva de modo alguno. Este viernes pasado, era visible para todo el mundo: Mientras negociaban en Viena, el presidente supuestamente moderado de Irán, escogió participar en una marcha en Teherán, y en ella, una multitud enardecida quemaba banderas y gritaba ‘¡Muerte a Israel!’, ‘¡Muerte a EE.UU.!’ Esto no ocurrió hace cuatro años, sino hace cuatro días.

El sábado 11 de Julio pasado, el Ayatolá Jameneí lo volvió a enunciar: ‘Estados Unidos encarna arrogancia global, y la batalla contra este continuará inalterable aún después de un acuerdo nuclear’. Y esto es lo que dijo el jefe de la secta terrorista proiraní Hezbolá, Hassan Nasrala: ‘Un Irán rico y fuerte será capaz de apoyar a sus amigos y aliados en la región, más que en ningún otro tiempo’. O sea, el apoyo al terrorismo y la subversión de Irán va a aumentar después de este acuerdo.

Tal como lo dijo el presidente de Irán hoy, ‘la comunidad internacional sacó las sanciones y nosotros nos quedamos con nuestro programa nuclear’.

Al no desmantelar su programa nuclear, este acuerdo le dará a un irredento y mucho más rico régimen terrorista los medios para amasar un arsenal nuclear y los medios para usarlo y transportarlo con misiles balísticos.

¡Qué inmenso error histórico!”

Pero “inmenso error histórico” es un eufemismo diplomático del Primer Ministro de Israel. Todo lo listado aquí arriba lo saben Obama, Putin, Cameron, Jinping, Merkel, Hollande y sus cancilleres y sus asesores y sus expertos. Lo sabe la AIEA. Lo saben los países árabes, lo sabe la Unión Europea. Entonces ¿Por qué? ¡¡¡Por qué!!!

Yo creo que en el núcleo de todo esto está aquello que llamamos lo satánico. Y creo que en ese mismo plano misterioso, habita el odio al pueblo judío. Cuando aumenta lo satánico en el mundo, siempre aumenta el antisemitismo. Y cuando aumenta el antisemitismo, siempre la era se oscurece.

Y se oscurece al punto de cegar a todos, de marionetear a los actores clave con sus pequeños grandes egos, y sus carencias y sus historias de venganzas y odios, sus inconcientes. Hoy no era Neville Chamberlain sino Barack Obama. Las palabras son las mismas, la impotencia que sentimos los que no estamos cegados, es la misma. La indignación, la depresión al constatar que aunque todo haya sido dicho y prometido, al pueblo judío se lo vuelve a traicionar, a odiar, a sacrificar en acuerdos con regímenes genocidas y terroristas, aún cuando no esconden sus siniestras metas para con el pueblo judío, y aún cuando ya han derramado tanta sangre judía.

El demonio y el odio al pueblo judío, son como un borracho con su botella, un adicto con su droga, un matón con su cuchillo. Van juntos. ¿Cómo es posible que un odio tan absurdo, tan irracional, que se dirige contra un pueblo ínfimo en números, tenga una presencia tan obvia, espesa, constante y global tras miles de años?

Los piadosos darán sus explicaciones chauvinistas que no comparto en absoluto. Los fanáticos religiosos harán gárgaras con sus escatologías, y se sentirán confirmados en sus zonas de confort.

Yo me siento huérfano. Aunque siento a D’s, le siento dejar que lo satánico haga lo que le place. Y ante eso, mi pequeñez no da para discernir, ni siquiera para preguntar.

Solo me queda la humilde convicción de que no me doy por vencido por haber sido puesto en este juego macabro. Todavía creo en la luz de la ética, y todavía creo que aunque quede solo, decir la verdad es mi deber.

Porque soy judío, y ya sea que D’s y el diablo jueguen a las cartas, a las apuestas, o que la cosa sea muy, muy distinta a todo lo imaginable por los seres humanos, yo digo:

¡Am Israel Jai Vekayam! · ¡El Pueblo de Israel Vive y Vivirá por Siempre!

 

 
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