¿Qué diría Varela?

Dr. David Malowany.


      La divulgación del pensamiento completo del reformador uruguayo pondría los pelos de punta a más de uno. Era un liberal acérrimo, defensor de los postulados de Adam Smith, y antiproteccionista. Como él expresara: La libertad nos hará justos, nos hará grandes, nos hará ricos.   El negocio familiar fundado por su padre era una Barraca y allí trabajó buena parte de su vida. No tuvo estudios terciarios. Viajó a Europa y Estados Unidos a los 22 años (1867). Sus crónicas de viaje fueron recogidas por los diarios de la época.  En el viejo continente y en Norteamérica, recibió el impacto de las nuevas corrientes pedagógicas que se abrían paso, cambiando su orientación filosófica desde un espiritualismo racionalista al positivismo, muy influido por la lectura del filósofo del progreso evolutivo y cofundador de la sociología, Herbert Spencer (1820-1903).   

      Aborrecía el inmovilismo católico ya que era deísta. Se adelantó en ciento cuarenta años al Papa Francisco. En un artículo en el periódico  “La Semana”, en ocasión de viernes santo expresó: suponed que todas las riquezas con que se adorna el templo…se arrancan de allí y se emplearan en auxiliar a los pobres, en llevar un poco de abrigo a la cama de los enfermos, un poco de pan a la choza de los desvalidos! ¿Creéis que no sería este un medio mejor de adorar a Cristo, que no ir al templo a elevar una plegaria, que las más de las veces no nace del corazón?  Los días santos no deberían emplearse en visitar los templos: sino los hospitales, los asilos de mendigos, todos los lugares donde se sufre, se llora, se padece! La imagen de Cristo no está en la cruz y en esa imagen de madera colgada en el templo: está en los huérfanos, en los mendigos, en todos los que tienen hambre y sed de justicia. ¿Creéis que puede tener valor la plegaria que se dirige a los cielos en los días santos, cuando la misma persona que eleva esa plegaria ha cerrado su corazón a los que sufren? Es en su obra, “La Legislación Escolar”, expresa: la historia de todos los pueblos y de todos los días nos enseña que en ninguna materia se sienten más dispuestos a abusar, generalmente, los hombres, que en lo que se relaciona con las creencias religiosas.  

      Para aquellos gremialistas para quienes  los problemas de la enseñanza estatal se reducen a una cuestión presupuestal,  el reformador les contestaría; El capital que se emplea en pagar al maestro se ha invertido bien cuando éste ha instruído a sus alumnos, en tanto que se malgasta cuando no se los ha instruído (“La Ley de Educación”). Pero no se queda allí. En respuesta al Dr. Lucas Herrera y Obes, publicada en el Diario”El Siglo”, el 8 y 10 de octubre de 1868, expresó: para mi el niño no va a la escuela a aprender, sino a adquirir los medios de poder aprender. Las deficiencias de nuestros maestros, lo  inadecuado de los edificios que ocupan, las influencias externas que alejan al niño del estudio, hacen que por lo general nuestras escuelas primarias no son más que un punto adonde se envía a los niños pequeños, no para que aprendan sino para que no estorben en la casa durante el día…La escuela así, lejos de ser un elemento de progreso es quizás, una prueba de estancamiento y decadencia. La Escuela bien dirigida, educa, mejora, perfecciona, la escuela abandonada es simplemente, un depósito de niños.

     Para nuestros actuales trabajadores del Estado tampoco tendría palabras  bonitas. En su libro “La Legislación Escolar” (1876) habla de la fiebre de asaltar los puestos públicos y de vivir a costa del Estado, que se ha apoderado de nuestro pueblo. Con la misma, si no con más rápida progresión que las necesidades de la vida, han crecido los empleos, las jubilaciones, las pensiones, las gracias especiales, los aumentos de sueldo, los negocios abusivos: en una palabra, todos los mil medios puestos en práctica, a la sombra del Poder Público, para vivir bien sin tener hábitos de trabajo. Consumen, pues sin producir, todos los empleados en la administración, con excepción de los empleados en la Instrucción Pública y, con más latitud, todos los que viven del Estado. El número de éstos es excesivo entre nosotros, lo que hace excesivo también el número de los que, consumen sin producir.

      Alguna vez escuche a un economista blanco expresar loas a la proliferación de colegios privados que tuvo como consecuencia, voluntaria o no, el gobierno del Dr. Luis Alberto Lacalle en la primera mitad de la década de los noventa. En “La Educación del Pueblo” (1874) expresa que los que una vez se han encontrado juntos en los bancos de la escuela, en la que eran iguales y a la que concurrían usando de un mismo derecho, se acostumbran fácilmente a considerarse iguales, y a no reconocer más diferencias que las que resultan de las aptitudes y virtudes de cada uno. Y así, la Escuela gratuita es el más poderoso instrumento para la práctica de la igualdad democrática…todas las exigencias de la República, sólo tiene un medio de realización: educar, educar, siempre educar.

       En el anterior período de gobierno, tuvimos un Presidente que hizo caudal político de la chabacanería.  A dicho mandatario lo corregiría diciendo; las generaciones actuales son las que educan a las futuras, y cuando aquéllas adolecen de faltas y vicios, la educación que proporcionan es defectuosa y viciosa. La ignorancia no es un derecho, es un abuso.

      Y para quienes no quieren dar la batalla contra la balcanización de  asentamientos donde florecen los excluídos, Varela les diría: educar es conquistar a los niños para la virtud y el bien, es salvar a los hombres de la terrible tempestad del crimen, es rescatar a las poblaciones del desquicio y del desorden. Educar a los niños de hoy es formar a los hombres del mañana.

      Cuando en 1877 se dicta la Ley de Educación Común, por decreto del dictador Lorenzo Latorre, los opositores a la misma se alzaron contra este colaborador del gobierno tiránico. El le contestó que es un hecho incontrovertible que no combate a la dictadura, sino que forma parte de ella,   pero llevando a cabo la reforma educativa combatía a las dictaduras del porvenir. Por este medio, la inteligencia terminará venciendo al cuartel. En un editorial titulado “Los Partidos” del 9 de diciembre de 1869, Varela explaya su pensamiento frente a los partidos  políticos, afirmando que sólo existen, en puridad dos: el progresista y el retrógrado.

Fuente: Mensuarioidentidad
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