Evolución de la actitud cristiana hacia los judíos
(3ªParte y final)

Baruj Garzon
http://aurora-israel.co.il/pic.php?txt=Bernardo%20Alex%20atendido%20por%20su%20herida&src=http://www.aurora-israel.co.il/images/uploaded/image/01-30-09-2015/2895/otras/2bernardo.jpg

Por fin, el 28 de Octubre de 1965, el Concilio Vaticano II adopta el texto definitivo de la ´Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas, Nostra Aetate´, cuyo capítulo IV trata exclusivamente de los judíos. Este documento es quizás el más significativo de todos los mencionados en este breve estudio acerca del cambio positivo de actitud de los cristianos en cuanto al pueblo de Israel. La ambigüedad que supone su inclusión entre las consideraciones acerca de las religiones no cristianas, no resta importancia a la influencia posterior de este importantísimo documento, decisivo, junto a las orientaciones y sugerencias para su aplicación, en el desarrollo de las relaciones y del diálogo entre judíos y cristianos hasta nuestros días.

El texto de la Declaración conciliar merece ser leído e incluso estudiado detenidamente, por su espíritu innovador. Pero ciñéndonos al tema del antisemitismo, es necesario citar, al menos, el breve pero contundente párrafo que se le dedica:
"Además la Iglesia, que reprueba cualquier persecución contra los hombres, consciente del patrimonio común con los judíos e impulsada, no por razones políticas, sino por la religiosa caridad evangélica, deplora los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona contra los judíos".

Y concluye: "La Iglesia, por consiguiente, reprueba como ajena al espíritu de Cristo, cualquier discriminación o vejación realizada por motivo de raza o color, de condición o religión".

Tras la promulgación de la Declaración conciliar Nostra Aetate, la minoría que en el curso de los debates se había opuesto a su aprobación, sigue manteniendo su polémica actitud. Una vez más, las necesarias puntualizaciones salen de la pluma inspirada del Cardenal Bea, en un largo y documentado trabajo que publica la Civiltà Cattolica en el volumen IV de 1965.

De nuevo el Concilio Ecuménico de las Iglesias reunido en Bristol, en Febrero de 1967, reflexiona acerca de los judíos. Pero el espíritu proselitista de la citada primera declaración de Amsterdam queda muy atrás, dejando lugar a la condena explícita del antisemitismo, e instando a la revisión de los textos de enseñanza y de la predicación, e incluso de las afirmaciones teológicas acerca de los judíos.

La Conferencia episcopal de los Estados Unidos de América, país en el que reside la más numerosa comunidad judía del mundo, crea una comisión especial encargada de llevar a la práctica las nuevas orientaciones del Concilio Vaticano II respecto a los judíos, así como un Directorio destinado a guiarlas. De ella emana el Documento publicado en Marzo de 1967 que, conforme a la mentalidad anglosajona, no insiste en los aspectos teóricos y doctrinales, ciñéndose estrictamente a las indicaciones para la aplicación concreta, en la práctica, del texto conciliar.

La Declaración Nostra Aetate continúa despertando ecos altamente positivos, extendiéndose sus efectos a América del Sur donde primero el Sínodo Pastoral Católico de Santiago de Chile, en Septiembre de 1967 y luego la Conferencia Episcopal de Latinoamérica (Celam) en 1968, elaboran y aprueban recomendaciones prácticas para el cumplimiento de la Declaración Conciliar.

En Europa, sigue actuando en vanguardia, la Iglesia Católica Holandesa. Tras la publicación del innovador Catecismo holandés, el Concilio Pastoral holandés, reunido en Abril de 1970, elabora un proyecto de informe sobre la Iglesia e Israel en el que, tras reconocer la contribución del pueblo judío a la historia y a la civilización, analiza los efectos de la destrucción de la comunidad judía holandesa durante la ocupación nazi, entre los años 1940 y 1945, tomándolo como punto de partida de una profunda reflexión ante el coraje y la fe de las víctimas , pero también, y cito textualmente, "para no olvidar que muchos cristianos faltaron en aquel momento a su deber, como consecuencia de siglos de antisemitismo cristiano".

En el mismo año 1970, la Iglesia reformada holandesa publica una "Propuesta para una ´reflexión teológica sobre Israel, pueblo, tierra y estado´. Es la primera vez quizás, que una iglesia cristiana aborda la realidad judía, a la luz de la existencia del Estado de Israel, en profundidad y desde la perspectiva bíblica y teológica a la vez. La argumentación y la delicadeza en el tratamiento de problemas tan espinosos como por ejemplo, el de Jerusalén, hacen que este texto pueda ser estudiado con provecho por judíos y cristianos hasta hoy.

La actitud de la iglesia austríaca hacia los judíos, tras la anexión de 1938, seguía siendo objeto de un sincero examen de conciencia que culmina en 1970, en la Declaración del Sínodo Diocesano de Viena. Concluye con este llamamiento: "Todos los cristianos deben alejarse de cualquier sentimiento antijudío y oponerse a eventuales discriminaciones antisemitas por parte de otros. La Iglesia requiere de los católicos no escatimar ningún medio que pueda contribuir a superar la distancia, alimentada por malentendidos tradicionales, que aún existe entre ellos y los judíos.

Católicos y evangélicos reunidos de nuevo en Augsburg, en Pentecostés del año 1971, emiten una declaración común en idéntico sentido.

Y ahora una breve mención a la importantísima Resolución relativa a los escritos de Martín Lutero sobre los judíos, adoptada por el Sínodo metropolitano de Nueva York de la Iglesia Luterana de América. Recordemos que tras la Segunda Guerra Mundial, se suscita en Inglaterra y otros países, una controversia respecto a la responsabilidad de ciertos escritos antijudíos de Martín Lutero, en la creación del ambiente antisemita en toda Europa. El detonante en Norteamérica es la publicación de estos escritos por la Comisión editorial de la Iglesia Luterana de América, con el título original "Los judíos y sus mentiras". La citada Resolución toca diversos puntos esenciales de los cuales destacaremos el siguiente: "Considerando que en el curso de los cuatro siglos transcurridos desde su composición, este tratado ha sido frecuentemente citado por los antisemitas para justificar la persecución del pueblo judío.....este Sínodo recomienda ...someter a la próxima Asamblea de la Iglesia una declaración que exprese el arrepentimiento de los cristianos por los daños que su antisemitismo causó al pueblo judío, particularmente el antisemitismo alimentado en la opinión de Lutero".

La Iglesia greco-ortodoxa de los Estados Unidos publica también, en Enero de 1972, una Declaración de su máxima autoridad, el Arzobispo Jakovos, auténtica toma de posición contra al antisemitismo, de la que merece destacarse por su claridad, el siguiente párrafo: "En la segunda parte del presente siglo, especialmente después de las atrocidades y masacres cometidas contra los judíos alemanes, por el régimen hitleriano, nos hemos sentido nosotros, los cristianos de occidente, agobiados por el peso de una terrible y pesada culpa, porque hasta entonces habíamos atribuido a los judíos la crucifixión de Jesús".

La Asamblea General de la Iglesia Metodista de los Estados Unidos, reunida en Atlanta, en 1972, se suma al movimiento cristiano de acercamiento al pueblo judío, con una importante declaración, en la que, tras exaltar las raíces comunes, invita a los cristianos a compartir la potencialidad espiritual de los judíos y reconociendo, cito, "la deuda cristiana hacia los que fueron aniquilados en el holocausto provocado por los nazis".

Con ocasión de la Pascua judía del año 1973, el Comité Episcopal francés para las relaciones con los judíos, creado en 1969, publica las Orientaciones Pastorales, uno de los documentos más importantes sobre este tema. A pesar de su contenido puramente religioso, suscita reacciones muy vivas al referirse explícitamente a la realidad judía, intentando situarla en una perspectiva teológica, sin olvidar la renovada condena del antijudaísmo.

A finales del mismo año 1973, el Comité ´Iglesia y pueblo de Israel´ de la Federación protestante francesa se suma al mismo espíritu que anima a las ya citadas Orientaciones Pastorales de la Iglesia Católica.

La Comisión para las relaciones religiosas de la Iglesia Católica con el judaísmo, publica el 1º de Diciembre de 1974 las "Orientaciones y sugerencias para la aplicación de la Declaración Conciliar Nostra Aetate" (cap.4), a la que califica de ´importante giro en la historia de las relaciones judeocristianas. Firmadas por su Presidente, el Cardenal Johannes Willebrands, estas orientaciones, dirigidas a los católicos, condenan por primera vez, expresa y solemnemente, desde la Iglesia católica, vtodas las formas de antisemitismo y de discriminación´ hacia el pueblo judío.

El Comité de enlace entre la Iglesia y el judaísmo se constituye en el curso de una reunión celebrada en Roma en Enero de 1975. Esta vez, judíos y cristianos reunidos, planifican el futuro de sus relaciones, en un dialogo cada vez más habitual y más fluido, al que asiste el Papa Pablo VI, dirigiendo a los congregados un memorable discurso en el que resalta los paralelismos existentes entre los pensadores judíos y los cristianos. Respecto a las persecuciones de las que fueron objeto los judíos en ciertos países de predominio cristiano, durante siglos, el Papa destaca las numerosas intervenciones de personalidades religiosas y fieles católicos en favor de los judíos, particularmente las del Papa Pío XII de las que él mismo fue testigo.

Volviendo brevemente a Alemania, uno de los países más empeñados por su reciente pasado, en el establecimiento de relaciones correctas con los judíos, la Iglesia Evangélica alemana, produce en Mayo de 1975 un largo y substancioso documento de trabajo sobre los orígenes comunes y la posterior separación de los cristianos del tronco original, para analizar finalmente, la realidad del pueblo judío contemporáneo y la del Estado de Israel, a la luz de dicho proceso histórico. En cuanto al racismo germánico afirma:

"El odio antijudío aparece con particular virulencia durante los siglos XIX y XX, fundado en una ideología racista y como una especie de germanismo cristiano. Sus últimas consecuencias fueron la persecución de los judíos a partir de 1933 y finalmente, el exterminio de cerca de seis millones de judíos europeos.....Las iglesias cristianas mantuvieron el silencio durante mucho tiempo. Pocos fueron los que, arriesgando la vida, ayudaron a huir a los judíos o los escondieron....La catástrofe del ´holocausto´ está ligada para el pueblo judío, tanto en Israel como en la diáspora, al nombre de Auschwitz en Polonia, el mayor campo de exterminio. Como Hiroshima, Auschwitz se ha convertido en el símbolo del horror del exterminio y marca, particularmente en el judaísmo, un giro histórico en la reflexión histórica y teológica."

Con ocasión del décimo aniversario de la Declaración Conciliar Nostra Aetate, la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos envía a sus fieles un mensaje en el que tras recordar las numerosas iniciativas surgidas en el curso del decenio transcurrido, en el campo de las relaciones judeocristianas, propone una renovación del enfoque teológico tradicional.

"Gran parte del distanciamento entre judíos y cristianos, tiene su origen en cierta teología antijudía que a lo largo de los siglos, no sólo acarreó la marginación de los judíos sino incluso las persecuciones dirigidas contra ellos. Uno de los desarrollos más esperanzadores de nuestro tiempo es precisamente el rechazo, fírmemente incentivado por ´Nostra Aetate´, del viejo antijudaísmo así como la renovación de las exposiciones teológicas cristianas acerca del judaísmo, en una línea más constructiva".

Por fin y a continuación del ya citado documento titulado "Israel, pueblo y tierra", el Grupo de Estudios sobre las relaciones judeocristianas de los Estados Unidos, publica en Mayo de 1973, una importante declaración, en la que referente al antisemitismo se afirma:

"El antisemitismo aflora de vez en cuando bajo distintas formas y disfraces. La literatura de la nueva izquierda descalifica ahora a los judíos, no como judíos sino como ´sionistas´. El antisemitismo es un virus difícil de combatir, posee una capacidad de contagio susceptible de infectar a nuestra civilización entera, manifestándose en la educación, en los hogares, en el trabajo y en la vida social. Afortunadamente, algunas iglesias cristianas están trabajando para extirpar de su liturgia y de sus enseñanzas, cualquier referencia antisemita. Los que se niegan a aprender de la historia, caen en los errores y crímenes del pasado. En tiempos de desorden civil, surgen y seguirán surgiendo en nuestra sociedad, agitadores que pretenden convertir a los judíos en chivos expiatorios de los males de la época. Si problemas como la inflación y el paro siguen creciendo, puede producirse una depresión que, con toda seguridad, aprovechará la derecha o la izquierda radical para acusar a los judíos de ser los culpables de la situación".

Son muy interesantes los documentos eclesiásticos que se refieren primero tímidamente y luego abiertamente al Estado de Israel. Quizás el más constructivo sea el emitido precisamente en el Monte Sión, por la Fraternidad Ecuménica de Investigación teológica en Israel, en Noviembre de 1975, a raíz de una Resolución política de las Naciones Unidas, equiparando sionismo y racismo, resolución que afortunadamente fue posteriormente anulada. El documento se titula ´Llamamiento a las iglesias de todo el mundo sobre el verdadero significado del sionismo´. Se trata de un intento de explicación del sionismo, dirigida a los cristianos para evitar que la condena del sionismo se convierta en una forma más o menos larvada y encubierta de antisemitismo. En uno de sus párrafos más significativos se afirma:

"Los cristianos deben darse cuenta que el sionismo, lejos de ser un movimiento racista, es por parte de los judíos la única respuesta vital al racismo antijudío que alcanzó su punto culminante con la aniquilación de los judíos de Europa durante el ´holocausto´ perpetrado por los nazis. Deben reconocer los cristianos que la enseñanza del desprecio impartida por la Iglesia durante siglos, así como la larga historia de las medidas antijudías practicadas por los cristianos, han contribuido, en gran medida a hacer posibles delitos atroces contra los judíos....La falta de una justa evaluación del sionismo se debe en gran parte a una profunda incomprensión de la naturaleza del judaísmo, incomprensión expresada por ejemplo, en la Carta Nacional Palestina.... No es acusando a Israel de racismo ni negándole el derecho a la existencia, como se le podrá ayudar a ser más abierto, tolerante y justo, sino brindándole la posibilidad de ser él mismo, invitándolo con toda la insistencia de la amistad y del amor cristiano, a permanecer fiel a su vocación judía".

Es precisamente un autor judío quien escribe, a propósito del antisemitismo, que "...para superar definitivamente el antisemitismo, es necesario superar aquella actitud típica de la sociedad arcaica en la que no se toleraba la convivencia con los seres diferentes, en la que no habían aún madurado la conciencia de la auténtica libertad, entendida como el derecho de cada uno a conservar sus propios signos de identidad, sus propias ideas en un pluralismo cultural que es la verdadera riqueza".

Destaca por su particular sinceridad, la declaración de la Iglesia Mennonita, fundada en el siglo XVI, por el holandés Menno Simons. Fechada en Mayo de 1977, afirma en el párrafo sexto: "El que ante la persecución de los judíos, la más atroz de todas la conocidas en la historia de la humanidad,.. se haya permanecido silencioso e inactivo, constituye un delito y un pecado de omisión que nosotros debemos confesar ante Dios y del cual debemos reconocernos culpables".

Expresión del nuevo espíritu que anima a las relaciones de la Iglesia con los judíos es esta carta que el Cardenal J. Willebrands, presidente de la Comisión para las relaciones religiosas con el Judaísmo, dirige al Cardenal L. J. Suenens el 28 de Octubre de 1977, con ocasión de un acto celebrado en la catedral de Bruselas en desagravio de una decena de víctimas judías injustamente asesinadas bajo la falsa acusación de la supuesta profanación de una hostia. Siguiendo el ejemplo de la iglesia de Trento que ya en los años sesenta, había prohibido el culto a San Simonino, un niño víctima de un supuesto crimen ritual jamás cometido por los judíos, y jamás reconocido ni siquiera por la Iglesia católica, la Catedral de Bruselas decide rehabilitar la memoria de las víctimas, descubriendo una placa conmemorativa de los hechos que el Cardenal Willebrands en su carta califica de ´triste episodio que se inscribe en una serie de hechos, afortunadamente superados, que costaron la vida, sin motivo alguno, a muchos de nuestros hermanos judíos´.

"La iglesia católica y el nacionalsocialismo", obra del Secretariado de la Conferencia episcopal alemana, es el título de una declaración, de fecha 31 de Enero de 1979, que, partiendo de la emisión de la serie ´Holocausto´, en la televisión estatal, invita a los cristianos a reflexionar seriamente acerca de sus relaciones pasadas y presentes con los judíos. Refiriéndose al boicot de los comercios y profesionales judíos promulgado por los nazis en Abril de 1933, a las leyes racistas de Nuremberg de Septiembre 1935, así como a los salvajes actos de la Noche de Cristal, en Noviembre de 1938, la declaración episcopal afirma:

"Resulta tan difícil comprender hoy que la iglesia no haya adoptado entonces una postura suficientemente clara". Y prosigue: "Con razón, el episcopado alemán declaró en la carta pastoral colectiva del 23 de Agosto de 1945, y fue la primera en hacerlo, que ´actos terribles fueron cometidos por los alemanes, ya antes de la guerra en Alemania y posteriormente durante la guerra, en los territorios invadidos. Nosotros los deploramos muy profundamente: numerosos alemanes, incluso de nuestras propias filas, se dejaron fascinar por la falsa doctrina del nacionalsocialismo, permaneciendo indiferentes ante aquellos crímenes cometidos contra la dignidad y la libertad humanas".

Las intervenciones del Papa Juan Pablo II acerca de las relaciones judeocristianas en las cuales por cierto nunca ha dejado de condenar más o menos explícitamente al antisemitismo se inician el 12 de Marzo de 1979 y duran hasta la fecha en una serie digna de un detenido y profundo estudio.

En el curso de los últimos años del periodo que cubre este estudio, se multiplican las declaraciones desde distintos ámbitos de la iglesia alemana favorables a un nuevo enfoque de la realidad judía desde la perspectiva cristiana y refiriéndose siempre valientemente al fenómeno singular del antisemitismo, para condenarlo sin paliativos. Dos obras publicadas también en Alemania resultan decisivas y de obligada referencia, por el alto nivel y el admirable rigor científico de sus autores. Nos referimos a "Teología cristiana de los judíos" de Karl Thoma, y al "Tratado sobre los judíos" de F. Mussner, de las cuales no conozco ninguna traducción al castellano, aunque sí una de la obra de Mussner publicada en 1982 en italiano, bajo el título "Il pópolo della promessa". Esta última obra inspiró ampliamente la citada Declaración del Episcopado alemán una de cuyas frases que no fue obra de ningún duende de imprenta, da todavía que hablar. Se trata de la siguiente consideración respecto a la Shoá: "Aunque es justo subrayar que Auschwitz fue claramente la consecuencia de la falta de fe, tanto por parte de los judíos como de los cristianos....". El profesor A. Segre, en su obra "El pueblo de Israel y la Iglesia", se pregunta: "Admitiendo, la hipótesis absurda, de que así hubiera sido, ¿cómo explicar entonces que de las dos partes pecadoras, la judía y la cristiana, la primera haya tenido el privilegio de ofrendar en tan trágico altar, millones de víctimas entre las cuales un millón de niños, mientras la segunda ejercía la función de verdugo?".

Este y muchos otros prejuicios arraigados durante siglos en la mentalidad colectiva con el decisivo aval de ciertas autoridades religiosas cristianas, están siendo superados paulatinamente gracias a la paciencia y a los sacrificios personales consentidos por judíos y cristianos, en aras de la apertura de nuevas vías que conduzcan al mutuo aprecio, a la comprensión y a la admisión recíproca de las legítimas diferencias.

En el decimoquinto aniversario de la Declaración Nostra Aetate, el gran Rabino de Roma, Rabbí Eliyahu Toaff, pionero del diálogo judeocristiano, reflexionaba esperanzado con estas palabras, que hoy, en el quincuagésimo aniversario de dicha declaración, conservan toda su actualidad: "Para concluir, se puede serenamente afirmar que tanto la Declaración como las Orientaciones constituyen dos hitos en la historia contemporánea del acercamiento de la Iglesia y del judaísmo. Mucho se ha hecho, mucho se está haciendo, pero queda aún mucho por hacer".
(Fin)

Fuente: Coloquio

 Comparta este articulo con sus contactos:
   
 
Ir a página principal