Conversando con el Papa Francisco

Bernardo Kliksberg

El Papa nos esperaba en su casa, la austera residencia de Santa Marta donde viven otros sacerdotes. Era una audiencia privada que compartí con un prominente empresario español Julio Lage González, modelo de responsabilidad social. 

“Nos vimos la última vez en Buenos Aires, cuando le entregué el Premio Juntos Educar de la Iglesia”, me dijo citando día y hora, con su sorprendente memoria. Nuestro tema central, al que da altísima prioridad la persona hoy más querida del planeta según todas las encuestas, su querido programa Scholas Occurrentes, la idea inspiradora que transmite con entusiasmo irresistible. “Crear un espacio de encuentro, donde los niños piensen y se dé libre curso a sus potencialidades, que asimismo sea plural, donde convivan los niños de todas las religiones, cristianos, judíos, musulmanes, y otros credos y de todos los colores de piel”. 

Cuenta cómo lo inició en Argentina, con un maestro y pedagogo de excepción, José María del Corral, a quien ha confiado la conducción mundial de Scholas, junto al ejemplar Enrique Palmeyro. “No se puede seguir con los viejos métodos del enciclopedistas, hay que apoyarlos para que piensen por cuenta propia. Tampoco con la disciplina rígida de otras épocas”.

Destaca: “Vean lo que pasó en Paraguay, con nuestras scholas ubicadas en una de las áreas más pobres. Estuve con los niños, y eligieron discutir sobre embarazo adolescente, y nos llenaron de conclusiones. 

“Francisco quiere a través de Scholas hacer aquello que el judaísmo exige bíblicamente: ayudar a reparar el mundo”
maduras. O qué pasó en Argentina, cuando los pusimos a dibujar. Cuánta creatividad”. Resalta: “Tenemos que enseñarles ante todo valores éticos, también connivencia, solidaridad, trabajo en equipo. Queremos hacerlo a través del aula, el deporte, el arte, la tecnología”. El Papa que con su poderosa y tan fundamentada encíclica Laudato Si, tomó partido en el gran debate sobre el cambio climático, y advirtió al mundo “no es que va a venir, está sucediendo pero para los pobres”, vibra de entusiasmo cuando habla de Scholas y explica que con ella estamos preparando niños pensantes, niños solidarios, niños para la paz.

Francisco quiere a través de Scholas hacer aquello que el judaísmo, ese hermano mayor del cristianismo, como lo llama, exige bíblicamente: ayudar a reparar el mundo. Está presente en casi todos los grandes frentes del género humano, defiende a los inmigrantes, advierte sobre “las economías que matan” y pide economías en las que no haya descartables, brega por la paz mundial. No lo desalientan, ni desaniman las resistencias. Afirmó en una oportunidad “que la ética da fastidio a quienes adoran el dinero”. Exige recuperar la armonía con el medio ambiente antes de que sea tarde y está siempre firme al lado de los pobres. Entre sus llamados potentes recientes “debemos escuchar el gemido de la tierra y el de los pobres”, "por los pobres se puede y se debe hacer mucho más", ante lo que pasó en Paris “que no invoquen ninguna religión, es una blasfemia”. Cuando las últimas cifras dan cuenta del ascenso de las disparidades, según ellas el 1% más rico tiene el 50.4% del producto bruto mundial, o sea, tiene por primera vez más que el 99% restante, resuenan las advertencias que ha hecho, cuando hablando ante millones de jóvenes en Corea afirmó “nos preocupa la creciente desigualdad en nuestras sociedades entre ricos y pobres...también los signos de idolatría de la riqueza, del poder y el placer, obtenidos a un precio altísimo para la vida de los hombres”.

Con su habitual sentido del humor, se sonríe cuando le recuerdo que llamó a los jóvenes “a hacer lio”. Enfatiza que ese “lio bueno de jóvenes" es lo que necesitamos. Scholas debería concitar el apoyo de todos, gobiernos, empresas, medios, sociedad civil. Debe ser una de las mejores ideas del siglo XXI.

Fuente: El País.es

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