Nuevo documento del Vaticano profundiza sobre la dimensión teológica
del diálogo judío-católico

Sergio Mora

Cincuenta años después de la declaración conciliar, Nostra Aetate, se subrayan las óptimas relaciones fraternas si bien se indican las dificultades y avances en materia teológica

Un nuevo documento sobre las relaciones del cristianismo con el judaísmo ha sido presentado este jueves en la Sala de prensa de la Santa Sede que el director de la oficina de prensa del Vaticano, padre Federico Lombardi calificó de “particularmente importante”.

El nombre del documento es: “Por qué los dones y el llamado de Dios son irrevocables. Reflexiones sobre temas teológicos sobre las relaciones católico-judías en ocasión del 50 aniversario de Nostra Aetate”, y ha sido presentado por el cardenal Kurt Koch, presidente de la Comisión para las relaciones religiosas con el judaísmo.

Participaron también en la presentación, el secretario de dicha comisión, el padre Norbert Hofmann, S.D.B.; el rabino David Rosen, director del International Director of Interreligious Affairs, American Jewish Committee (AJC), Jerusalem (Israel); y el director y fundador del británico Woolf Institute, Cambridge.

El documento en sus siete puntos, indicó el purpurado, “no da definiciones doctrinales definitivas”, y “ni es un documento oficial del Magisterio de la Iglesia, sino un documento de estudio de nuestra Comisión, que intenta profundizar la dimensión teológica del diálogo judío-católico”.

Recordó también que otros tres documentos fueron publicados después de Nostra Aetate: en 1974, “Orientaciones y sugerencias para la aplicación de la declaración Conciliar Nostra Aetate; en 1985, “Sobre una correcta presentación de los judíos y del judaísmo en la predicación en la catequesis de la Iglesia católica”; y en 1998, “Nosotros recordamos, una reflexión sobre la Shoah”.

El documento en su primera sección, expone la historia del diálogo judío-católico en los últimos cincuenta años. “De la contraposición de una vez se ha pasado a una positiva colaboración”.

En la segunda sección reitera un concepto ya conocido: el cristianismo deriva del judaísmo. “La diferencia de fondo entretanto del hebraísmo y del cristianismo consiste en el modo en el cual se considera que es necesario evaluar la figura de Jesús. Los judíos pueden ver a Jesús como un perteneciente a su pueblo, un maestro. Los judíos pueden ver a Jesús como un maestro judío que predicaba el reino de Dios. El hecho que el Reino de Dios haya venido con él como representante de Dios está fuera del horizonte hebraico de la espera mesiánica”. Por lo tanto el diálogo judío-cristiano más que interreligioso debería llamarse intrareligioso, o intrafamiliar.

En la tercera sección se aborda la revelación en la historia como ‘Palabra de Dios’, que los judíos identifican en la Torah; y para los cristianos ésta se encarna en Jesucristo.

La cuarta sección trata la relación entre el Antiguo y Nuevo Testamento, entre la Antigua y Nueva Alianza. Porque el Antiguo testamento es parte integrante de la única Biblia cristiana, que da un sentido de pertenencia y relación entre judaísmo y cristianismo.

“Ciertamente -prosiguió el cardenal- los cristianos interpretan las escrituras del Antiguo Testamento de manera diferente de los judíos, porque el evento de Cristo representa para ellos la nueva llave de interpretación para entenderlos”.

En la quinta sección entra un tema espinoso: cómo los judíos son salvados si no creen explícitamente en Jesús como Mesías de Israel e Hijo de Dios. “El hecho de que los judíos tengan parte en la salvación de Dios es teológicamente fuera de discusión, pero cómo sea posible sin una confesión explícita de Cristo queda un misterio divino e insondable”, indicó el purpurado.

La sexta sección, trata sobre la actitud de los cristianos por lo que se refiere a la evangelización hacia los judíos, señaló el presidente de la Comisión para las relaciones religiosas con el judaísmo, precisando que “la Iglesia católica no conduce ni anima ninguna misión institucional específica dirigida a los judíos” si bien “los cristianos están llamados a dar testimonio de su fe en Jesucristo también delante de los judíos” pero “con humildad y sensibilidad, reconociendo que los judíos son portadores de la palabra de Dios y teniendo presente la gran tragedia de la Shoah”.

En la séptima sección, desde el punto de vista católico se indican los objetivos de éste diálogo “que nunca fueron expresados en un documento de manera tan explícita”. El principal objetivo es conocerse y apreciarse, si bien está la colaboración en el campo de la exégesis; en el empeño común a favor de la justicia y de la paz; en el cuidado de la creación; en la reconciliación en todo el mundo. Y también concretizarse en la esfera social: “porque sea la ética judía que la cristiana comprenden el imperativo de asistir a los pobres, a los débiles y a los enfermos”.

Y en la formación de las nueva generaciones, pone como objetivo “la lucha común contra toda manifestación de discriminación racial hacia los judíos y toda forma de antisemitismo”.

“Con esta nueva panorámica –concluyó el cardenal Koch– el diálogo con el hebraísmo después de cincuenta años se apoya ahora sobre un sólido terreno, porque mucho ha sido realizado en este arco de tiempo”.

Respondiendo a las preguntas, el cardenal indicó que la beatificación de Pio XII es algo interno de la Iglesia católica, y el papa Francisco está muy de acuerdo con abrir los archivos sobre ese período histórico.

El padre Hofmann, por su parte, reiteró que este largo trabajo que hoy está maduro es un texto católico desde la perspectiva católica así como espera que hagan los amigos judíos.

Fuente: revista ecclesia

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