El Papa y el Ayatolá

Julián Schvindlerman

Al concluir el encuentro entre el Papa Francisco y el presidente de Irán Hasan Rohaní, el Servicio de Información del Vaticano emitió un lacónico comunicado que refería a “los coloquios, transcurridos en una atmósfera de cordialidad”, a “los valores espirituales comunes”, al “buen estado de las relaciones entre la Santa Sede y la República Islámica de Irán”, a “la aplicación del Acuerdo Nuclear”, al “papel que Irán está llamado a desempeñar… en la promoción de soluciones políticas adecuadas a las diversas problemáticas que afligen a Oriente Medio, contrastando la difusión del terrorismo y el tráfico de armas”, a “la importancia del diálogo interreligioso” y a “la promoción de la reconciliación, de la tolerancia y de la paz”. Amén. Ahora desmenucémoslo.

El comunicado destaca el buen estado de las relaciones entre Roma y Teherán. De por cierto que ambos estados han tenido posturas comunes en el pasado reciente. Francisco se opuso enfáticamente a una intervención militar estadounidense en Siria, pronunciándose en público al respecto y convocando a una plegaria por la paz que reunió a más de cien mil feligreses en la Plaza de San Pedro. Sin embargo, similares esfuerzos no fueron hechos para protestar la intervención militar iraní (o rusa, para el caso) en aquella nación árabe. El resultado neto de esta postura papal fue hasta el momento la preservación política del régimen de Assad, un objetivo estratégico del gobierno ayatolá. Otra área compartida es la referida al pacto nuclear de Irán con las potencias. Oportunamente, el secretario pontificio para las Relaciones de la Santa Sede con los Estados afirmó ante la Conferencia General del Organismo Internacional de Energía Atómica que “La Santa Sede valora positivamente este acuerdo porque considera que la manera de resolver los conflictos y las dificultades siempre debe ser el del diálogo y la negociación”, en tanto que Francisco lo caracterizó como “un paso definitivo hacia un mundo más seguro y fraternal”. A principios de 2014, el embajador de Irán ante la Santa Sede elogió Francisco como una “figura virtuosa” con la que Irán cuenta para “resistir a los opresores y los poderosos con el apoyo divino”. Aceptemos entonces que es pertinente aludir al buen estado de la relación bilateral. 

El resto de las referencias presentadas en el comunicado vaticano difícilmente pueden haber sido abordadas y en simultáneo haber mantenido “una atmósfera de cordialidad” como se señala. La Santa Sede, sin la menor duda, busca “la promoción de la reconciliación, de la tolerancia y de la paz”; la República Islámica de Irán está en las antípodas de ello. Lo que más y mejor promueve es terrorismo, despotismo y guerra; sea en Gaza, Líbano, Yemen, Siria o Irak. El comunicado hace mención al terrorismo y al tráfico de armas; actividades en las que Teherán está profundamente implicado. Recordemos anecdóticamente que a inicios del año pasado la justicia iraní sacó de circulación al periódico reformista Mardom-e Emrooz por publicar una imagen de George Clooney con una remera Je suis Charlie.
 
En cuanto a “la importancia del diálogo interreligioso” que marca el Vaticano, una mirada superficial a la situación del cristianismo en Irán sugiere que tal “diálogo” no es precisamente una fortaleza del gobierno ayatolá. En Irán la comunidad cristiana es reconocida formalmente, goza de relativa libertad de culto y cuenta con tres representantes propios en el parlamento. Es una minoría ayatolamente tolerada, lo que significa que los feligreses cristianos son acosados, sus biblias confiscadas y las conversiones son ilegales. El pastor Saeed Abedini  -cínicamente liberado unos pocos días antes del arribo del presidente iraní a Roma- estuvo encarcelado muchos años allí por sus creencias religiosas y por evangelizar. Irán es un 99% musulmán y abrumadoramente chií. Menos del 1% es judío, cristiano, bahai y de otras denominaciones. Aun así, el régimen se ocupa de mantener a raya a estas minorías minúsculas y pacíficas. Apenas un par de semanas atrás un panel de expertos en derechos humanos de la ONU condenó la continua detención de los cristianos en el país persa.

Todavía quedaría una pléyade de temas a considerar no citados en el comunicado. La Iglesia es rotundamente contraria a la pena capital. ¿Sabe Francisco que durante el mandato de Rohani -solamente en 2015- hubo más de 700 ejecuciones oficiales, incluyendo la condena a muerte a juveniles? El Vaticano se ha pronunciado contrariamente a la negación del Holocausto. ¿Sabe Francisco que el último diciembre la municipalidad de Teherán llamó a un concurso sobre caricaturas satíricas del Holocausto, que es parte de una bienal que se ha celebrado en la capital durante los últimos once años y que premia al ganador con 50.000 dólares? Este Papa ha proclamado reiteradas veces su respeto por el judaísmo y ha condenado enérgicamente el antisemitismo, llegando a afirmar que “atacar a los judíos es antisemitismo, y un ataque abierto al Estado de Israel también es antisemitismo”. Asimismo, aseguró que “el Estado de Israel tiene todo el derecho a existir con prosperidad y seguridad”. ¿Sabe Francisco que hay un rito anual de manifestaciones antisionistas en las calles de Irán en las que se clama por la aniquilación de Israel? ¿Sabe que apenas el último noviembre, en entrevistas mantenidas con la televisión francesa y un diario italiano, el presidente Rohani no repudió el anhelo de su país de destruir al estado judío, al que llamó “ilegítimo” y dijo estar a favor de “una solución de un estado”, premisa que desafía la noción vaticana de dos estados -uno palestino, otro israelí- para los dos pueblos?

En última instancia, el Papa no está más que haciendo lo mismo que ha empezado a hacer prácticamente el mundo entero: legitimar a un régimen monstruoso que ofende a diario los valores que los líderes occidentales proclaman defender. Un gesto para el recuerdo: para no alterar las sensibilidades del presidente iraní durante su visita a los Museos Capitolinos, funcionarios italianos colocaron varias estatuas desnudas clásicas de la era romana dentro de altas cajas de madera blancas. No sea cosa que Europa vaya a escandalizar a un ayatolá que mandó oficialmente a la tumba a 700 personas tan sólo en un año. 

Fuente: El Medio

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