110 años de vida judía organizada en el país:
Sacerdote jesuita, precursor del Sionismo en el Chile colonial

Por Marcos Levy

El sacerdote jesuita chileno Manuel Lacunza y Díaz, bajo el pseudónimo de Juan Josafat Ben Ezra -en honor del Rabino Ben Ezra por su sabiduría- escribió en los primeros años del siglo XIX un tratado de tres tomos bajo el título “La Venida del Mesías en Gloria y Majestad” donde sostiene una de las tesis teológicas de la escatología cristiana que contempla una vuelta de Jesús a la Tierra y de un reino de este por un periodo cronológico de mil años. “Una de las condiciones que entonces se cumplirían será la restauración de los hijos de Israel (reconciliados con el cristianismo) en la Tierra de Israel”.

Lacunza, nacido en 1731 en Santiago y desde 1747 miembro de la Compañía de Jesús, aborda ampliamente el tema de la reconstrucción del estado judío y en el capítulo sobre la Conversión de los Judíos plantea que estos deben ser considerados en tres estados: antes del Mesías que toma su principio desde la vocación de Abraham o desde la salida de Egipto y promulgación de la ley o desde su establecimiento en la Tierra Prometida a sus padres, la situación que han tenido o tienen después de la muerte del Mesías, y el tercero que lo califica como de “futuro“ señalando que “no se sabe cuando será”.

Refiriéndose al estado pre mesiánico, Lacunza considera a los judíos como “propietarios” y legítimos dueños de toda aquella porción de tierra que el mismo D’s hizo a sus padres una solemne y perpetua donación (A tu posteridad daré esta tierra que registras, daré a ti y a tu posteridad para siempre ).

En el segundo estado, después del Mesías, los refiere como “desterrados de su patria y esparcidos a todos los vientos y como abandonados al desprecio, a la invasión, al odio y barbarie de todas las naciones”, y en el tercer estado como “recogidos por el brazo omnipotente de D’s “y como“ restituídos a su patria y restablecidos en ella para no moverlos jamás”. Expulsado de la Orden a la que pertenecía y desterrado en Italia, el sacerdote Manuel Lacunza se considera un cristiano agradecido “de la bondad de Dios “y como“ cristiano judío, dice, soy deudor con particular obligación a aquellos infelices hombres, que son mis deudos, según la carne, que son los israelitas de los cuales es la adopción de los hijos y la gloria y la alianza y la legislación y el culto y las promesas, cuyos padres son los mismos de quienes desciende también Cristo según la sangre”.

Este importante sacerdote jesuita chileno no repara en su ferviente amor por los judíos y su redención nacional, posición que según el historiador Moshé Nes El es altamente sugestiva al escribir que “el mejor escritor teológico de Chile durante la Colonia y quizás de todas las colonias americanas, sintió como suyo el natural deseo de los judíos de retornar a su Patria”.

Fuente: La Palabra Israelita

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