La teología del reemplazo
(Teología al servicio del antisemitismo)

Virgilio Zaballos

La teología del reemplazo ha contribuido a lo largo de la historia a fomentar el antisemitismo especialmente el de contenido religioso. Es una grave iniquidad que desde algunas posturas teológicas se hayan justificado comportamientos que están radicalmente en contra de las enseñanzas de Jesús y sus apóstoles. Hoy estas teologías no llevan a la muerte de judíos pero sí mantienen el error en la posición sobre el conflicto árabe-israelí llevando a la pasividad de muchas iglesias con respecto a orar por la paz de Jerusalén, y apoyar desde el ámbito espiritual y práctico la restauración del pueblo de Israel anunciada por los profetas.

Por supuesto, debemos orar por todos los hombres, pueblos y naciones, Dios no hace acepción de personas, pero Israel, como pueblo de las promesas, recibe una presión única por parte de los poderes espirituales de las tinieblas para impedir el cumplimiento de la voluntad de Dios en la tierra. En este sentido, una teología errónea sobre Israel nos hace inútiles a la hora de consolar y ayudar a la vieja Noemí. Volveremos, como Orfa, a nuestros quehaceres religiosos y no compartiremos con Rut la historia del pueblo donde hemos sido injertados por la fe en el Mesías.

Jesús explicó algunas verdades del reino de Dios a través de parábolas. En una de ellas dijo que el sembrador sale a sembrar y siembra buena semilla en el campo, pero por la noche vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo. Algo de esto es lo que se ha producido con la llamada teología del reemplazo.

Esta teología enseña que Dios ha desechado a Israel por haber rechazado al Mesías, y que su lugar lo ocupa la iglesia. Una vez unido el poder religioso con el político la bestia resultante se erigió en perseguidor de judíos y del mismo cristianismo vivo, los que no se conformaron con esa mezcla babilónica que tanto daño ha hecho a unos y otros.

Esta teología enseña que ahora la iglesia es el nuevo pueblo de Dios, el Israel espiritual, los herederos de las promesas hechas a Abraham y su simiente; las Escrituras ya no pertenecen a los judíos, sino a la iglesia; el cristianismo comienza con la llegada del Espíritu Santo el día de Pentecostés y a

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Partir de ahí ha comenzado una nueva realidad alejada de Israel por cuanto el pueblo judío dio la espalda a Jesús.

Esta teología no solo enseña que Dios ha reemplazo a Israel por la iglesia, sino que contiene un aguijón perverso por cuanto incluye el argumento de que los judíos son un pueblo deicida, que mataron a Jesús, dijeron que su sangre cayera sobre ellos y sus hijos y por tanto está justificada la persecución, el odio, el despojo de todos sus bienes y el desprecio eterno por parte de aquellos que deberían seguir la enseñanza de Jesús sobre amar al prójimo, incluso orar por sus enemigos y bendecir a los que les maldicen.

Las preguntas claves

Debemos hacernos algunas preguntas que son clave para entender este tema. Preguntémonos: ¿Ha desechado Dios a su pueblo Israel? ¿Es verdad que por haber rechazado al Mesías como nación Dios los ha enviado a la sala de los olvidos y que hoy Israel es uno más entre las naciones? La respuesta a ambas preguntas es NO. El apóstol Pablo ya hizo esta pregunta y su respuesta fue muy clara.

Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín. No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció (Romanos 11:1,2).

En ninguna parte de la Escritura vemos que Dios haya desechado a Israel como pueblo suyo. Por el contrario, sí encontramos con total claridad que la elección del pueblo de Israel nunca dejará de tener efecto. Mientras dure este sol que nos alumbra, la luna y las estrellas, Israel será nación ante los ojos de Dios. Es lo que nos dice el profeta Jeremías.

Así ha dicho Adonai, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche, que parte el mar, y braman sus ondas; El Señor de los ejércitos es su nombre: Si faltaren estas leyes delante de mí, dice Adonai, también la descendencia de Israel faltará para no ser nación delante de mí eternamente. Así ha dicho Adonai: Si los cielos arriba se pueden medir, y explorarse abajo los fundamentos de la tierra, también yo desecharé toda la descendencia de Israel por todo lo que hicieron, dice Adonai (Jeremías, 31:35-37).

Y el mismo profeta denuncia que hay los que están empeñados en tener en poco a Israel y dejar de considerarla como nación (Jeremías 33:23-26).

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Toda la Biblia muestra que Dios eligió a Israel como su exclusiva propiedad e hizo de él una nación singular en la tierra con un propósito específico (Deuteronomio 26:17-19). No podemos ignorar estas verdades esenciales.

Textos en los que se basa esta enseñanza

La argumentación para consolidar la postura del rechazo a Israel como pueblo de Dios se funda básicamente en unos pocos textos que vamos a examinar. Uno de ellos es este: el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él (Mateo 21:43). El contexto del pasaje muestra claramente que Jesús se está refiriendo a los edificadores (Mateo 21:33-46). ¿Quiénes eran los edificadores en este contexto? La respuesta la encontramos en el mismo pasaje: los principales sacerdotes (saduceos y autoridades del templo) y los fariseos; así lo entendieron ellos mismos. No está hablando de la totalidad del pueblo, porque «el pueblo le tenía por profeta». Así lo entendió el apóstol Pedro cuando le condujeron ante las autoridades religiosas para que dejaran de hablar y enseñar en el nombre de Jesús. Esta fue la respuesta del apóstol:

Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel […] Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo (Hechos. 4:8-12).

La fortaleza del testimonio de Pedro tiene un componente añadido, y es que eran las mismas autoridades que habían acusado a Jesús unos días antes y a las que la mayoría temía. Ahora muchos judíos creyeron en Jesús como Mesías, llegaron a ser millares de millares según Hechos 21:20, que continuaron viviendo como judíos, a pesar de que las autoridades nunca reconocieron la mesianidad del galileo.

Hay que recordar que todos los apóstoles eran judíos, todos los escritores del Nuevo Testamento, menos Lucas, eran judíos. Durante los primeros años todos los que se convertían a la fe de Jesús eran judíos, hasta que con Cornelio se abrió la puerta a los gentiles y las demás naciones.

Otro de los argumentos que suele presentarse para validar la defenestración de los judíos es la acusación de pueblo deicida. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que los judíos mataron a Jesús y que proclamaron ante Pilatos: «su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos» (Mateo 27:25). A esta proclamación respondió el Señor en la misma cruz con estas palabras: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lucas 23:34). Además

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Hay que decir que ese argumento de acusar a los judíos de matar a Jesús, o matar a Dios, como se dijo después, demuestra una ignorancia alarmante del plan de redención. Jesús mismo dijo: «¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?» Y también les dijo: «Era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los profetas y en los Salmos» (Lucas 24:26 y 44).

En el primer mensaje del apóstol Pedro después de Pentecostés les dijo a las personas que habían participado en el proceso de la condena a Jesús, lo siguiente: «A éste (Yeshúa), entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis…» (Hechos 2:23). Y en su segundo discurso volvió a repetirles el mensaje, añadiendo:

Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes. Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer. Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados… (Hechos, 3:17-21).

Acusar a Israel de pueblo deicida y cargar sobre él la maldición de haber dado muerte al Mesías es una iniquidad procedente del mismo infierno.

La enseñanza de Pablo en la carta a los Efesios

En la carta a los Efesios el apóstol Pablo se dirige especialmente a creyentes gentiles que se habían convertido en la ciudad de Éfeso. El tema predominante de la epístola es la iglesia de Dios, la posición de los creyentes en Cristo que ahora han sido unidos por la fe al pueblo que tenía los pactos, la ciudadanía y que ya eran la familia de Dios. Vuelve a mencionar Pablo un misterio que ha sido revelado y que lo sustancia en los siguientes términos:

«Que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y coparticipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio». Vemos tres aspectos principales: Que los gentiles son coherederos. Significa que ya hay herederos y otros han sido incluidos en esa misma herencia. Los gentiles somos herederos juntamente con el pueblo que ya había recibido la herencia, es decir, el pueblo de Israel.

Qué más. Somos miembros del mismo cuerpo, no somos un cuerpo aparte, ni ha habido un cambio de pueblo, sigue siendo el mismo cuerpo de creyentes que ya existía en la antigüedad y que nunca ha dejado de serlo.

Además dice que somos copartícipes de la misma promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio. Significa participar juntamente con otros, en este caso de la promesa que Dios le hizo a Abraham y que llega a nosotros mediante el evangelio de Jesús. El sembrador salió a sembrar buena semilla, pero un enemigo vino de noche y sembró cizaña contaminando el campo.

Resumiendo.

Lo que no debemos olvidar nunca es que la teología del reemplazo ha desembocado en antisemitismo y éste ha llevado a la muerte a muchos hijos de Abraham. Las cámaras de gas fueron la culminación de este proceso que aún no ha terminado. Tampoco debemos olvidar que nuestro país, España, es hoy uno de los países donde los medios de comunicación mayoritariamente tienen una línea editorial contraria a Israel; especialmente la izquierda española espro-árabe y en muchos casos abiertamente antisemita, judeófoba o antiisraelí. Pero tristemente también hay que decir que muchas iglesias evangélicas, con sus pastores a la cabeza, mantienen esta teología errónea con una actitud obstinada (que es idolatría).

Nos guste o no, hemos contraído una deuda con nuestros hermanos mayores en la fe, los judíos. Pablo dice: «Mas ahora voy a Jerusalén para ministrar a los santos. Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén. Pues les pareció bueno, y son deudores a ellos; porque si los gentiles han sido hechos participantes de sus bienes espirituales, deben también ellos ministrarles de los materiales» (Romanos 15:25-27).

Bendecir a Israel es siempre una buena inversión. Es colocarse al lado del llamamiento que el Eterno dio a Abraham y su descendencia de ser una bendición a todas las naciones. El antisemitismo, por el contrario, es una maldición para los pueblos; y la teología del reemplazo ha contribuido a su expansión.

Fuente: Diariojudio.mx

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