Diez meditaciones sobre el interior de un niño.
1ª Parte

Rab. Tzvi Freeman

Intuitivamente, imaginamos al niño como un ser dependiente, un alumno, un adulto en construcción. Como si el niño sólo llegara a ser, no siendo todavía. Invertimos en el niño, no por lo que el niño es ahora, sino por lo que el niño llegará a ser.

Pero el niño es ahora.

Si no aprendemos del niño, no estamos viviendo en el hoy. Habremos cortado las raíces que nos nutren desde nuestro pasado. ¿Cómo entonces, vamos a crecer en nuestro futuro?

Si no podemos aprender del niño, no somos adultos. Somos viejos. No crecemos, solo envejecemos.

Si usted abandona al niño que está dentro de usted, usted será un nómada sin destino.

Crecer es construir sobre aquello con lo que uno empezó. Abandone al niño que está dentro de usted y usted será un nómada sin destino, vagando en círculos a través de arenas movedizas, que no dejan ningún rastro de sus pasos y sólo presagian su eventual desaparición.

Escuche al niño, aprenda del niño, y usted será un árbol altísimo anclado y alimentado por raíces profundas. Siempre flexible ante el viento, con nuevos brotes y nuevas hojas, ramitas y ramas siempre ante el brillo del sol.

Así como el niño necesita al adulto como un cuidador y guía, también nosotros, los adultos, necesitamos que el niño nos devuelva a nuestra inocencia, para recordar el punto de donde primero brotamos, y de donde aún recibimos la vida. Esto quizás explica por qué el Rebe nos enseñó una y otra vez a pensar como un niño de cinco años.

La Mishnah1 define la sabiduría como la capacidad de aprender de cualquiera y de todos. Porque "no hay persona que no tenga su tiempo, ni ninguna cosa que no tenga su lugar".

No hay ningún ser que recibe y no da, así como no hay ningún ser que da sin recibir.

El mundo es una esfera que constantemente gira. Cada uno apunta al pináculo de esa esfera en su forma única. De modo que no hay ningún ser que recibe y no da, así como no hay ningún ser que da sin recibir. No hay tiempo en la vida que no sea sólo una preparación para un tiempo posterior. Y no hay una persona que esté aquí y que con el tiempo no se convierta en otra persona.

Una mujer es una mujer y un hombre es un hombre. Un maestro es un maestro y un estudiante es un estudiante. Un adulto es un adulto y un niño es un niño. Y sin embargo todos nosotros proveemos, todos nosotros enseñamos, todos nosotros nos cuidamos - cada uno de una forma diferente.

Esto es tikun, esto es una revolución que es para siempre: En nuestro mundo no hay calles que van en un solo sentido. Cada cosa tiene su propósito en este momento y ahora. Y lo entenderemos cuando podamos escuchar la sabiduría más profunda que permanece en la simplicidad de un niño.

From the Upcoming Book, "Wisdom to Heal the Earth"
Based on letters and talks of the Rebbe, Rabbi M. M. Schneerson

(Traducido por Humberto Silva con la ayuda de Google)

 

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