Migración y clima

Tiberio Yosif Klein

El clima ha tenido una influencia fundamental en el desarrollo humano. Los ciclos cálidos y fríos han hecho que sucedan eventos que nos han llevado a lo que es la sociedad de nuestros días. El fin de la era glacial hace unos 9.500 años a.C. elevó el nivel del mar unos 100 metros aislando territorios que hasta ese momento estaban unidos, como sucedió con las islas británicas y en parte lo que es Indonesia y Australia. El territorio que hoy en día ocupa el Mar Negro, que era una fértil región poblada por los primeros agricultores de la zona, comenzó a inundarse cuando el nivel del mar colapsó la barrera del Bósforo, creando un mar en el lapso de sólo treinta años. Los habitantes del lugar debieron huir, y llevaron su conocimiento de la agricultura a Europa. Es probable que lo hubieran traído desde Oriente Medio. No es aventurado pensar que el recuerdo de esta inundación pudiera ser la base del mito del Gran Diluvio de la Torá (La “Biblia”). Aunque en prácticamente todos los pueblos del mundo hay relatos de una gran inundación, probablemente producida por el fin de la era glacial, aunque no faltan los que creen que vienen de los de un pueblo que expandió su recuerdo por el mundo.

El Sahara era una zona fértil, cubierta de árboles y pastos, donde había una gran cantidad de animales y de asentamientos humanos, como puede comprobarse en muchas pinturas rupestres de entre 5.000 y 3.000 años antes de la era común. La desertificación debido al cambio en el clima hizo que esas poblaciones emigrara buscando agua, y terminaron asentándose junto al río Nilo, y con los siglos crearon el Imperio Egipcio. Entre los años 540 y 660 d.C. la temperatura bajó unos cuatro grados, lo que arruinó las cosechas, produciéndose hambrunas que provocaron la invasión de pueblos de las estepas a Europa; que en China se unieran los tres reinos, acabando con la dinastía Wei, lo que dio origen a la China unificada; que los turcos entraran a Anatolia, actual Turquía: que se iniciara la expansión de los árabes desde su península, ya que hubo más lluvia que les hizo disponer de más pasto para alimentar a los camellos sobre los que pudieron expandirse. También se produjo la llamada “plaga del emperador Justiniano” en lo que era el Imperio Romano de Oriente, peste que acabó con casi la mitad de su población. También el clima cambiante hizo declinar el imperio persa de los sasánidas debido a problemas en las cosechas. El llamado Período Cálido Romano llegó a su fin a partir del año 400 d.C., lo que dio comienzo al fin del Imperio. Se puede comprobar lo cálido que había sido el clima hasta entonces, sólo observando la indumentaria liviana de los soldados romanos.

Hoy en día el clima sigue siendo el que produce cambios sociales. En Siria hay una guerra civil hace años, en la que han muerto medio millón de personas. El origen del conflicto no fue el deseo de botar el gobierno, sino una fuerte sequía que asoló Siria. La gente perdió sus campos, sus animales murieron de sed y hambre, y muchas personas no tenían comida. La mayoría se dedicó al contrabando para poder subsistir, y el gobierno de Al Assad, en lugar de ayudarlos comenzó a perseguirlos y bombardearlos. De ese momento comenzó la revolución contra el gobierno que dura hasta hoy en día, y lo que la ocasionó fue el hambre. El clima, entre otras cosas, ha hecho que grupos humanos se trasladen buscando la manera de subsistir. Entre 1845 y 1949, el clima produjo una humedad que pudrió las cosechas de papas en Irlanda, ocasionando una gran hambruna que hizo emigrar a la población más que nada a Estados Unidos. Esto coincidió con una carestía general en Francia y otros lugares de Europa en 1847 que originaron revoluciones, las Comunas, y fuertes olas migratorias. Estas carestías producidas por el clima originaron en Europa del Este explosiones antisemitas, ya que los gobiernos dictatoriales señalaban a los judíos como chivos expiatorios para no ser culpados de su verdadera responsabilidad, lo que hizo emigrar a cientos de miles de judíos desde Rusia, Polonia y otros lugares hacia América.

Israel fue en el pasado “la tierra de leche y miel”. La “tierra prometida” por Dios a los israelitas (hebreos, judíos), era fértil y generosa. Se han encontrado restos arqueológicos de panales de abejas, y se sabe que se producía uva con la que hacían vino. También se bebía mucha leche y se producía pan de trigo y cebada que se cocía en piedras calientes, cubriendo la masa con ceniza encendida. Los dátiles de Israel eran famosos en la antigüedad y se exportaban a otros territorios. Pero tras el exilio obligado de gran parte de la población por los romanos, que habían vencido la revuelta judía contra ellos, los siglos se sucedieron sin que a nadie le preocupara mantener la producción agrícola y ganadera del territorio. Los conquistadores romanos, árabes y posteriormente turcos usaron los árboles como leña para cocinar y calentarse, y la falta de ellos erosionó la tierra, que se terminó por hacer seca, yerma y desertificada, y casi sin habitantes, como escribió Samuel Clemens, Mark Twain en “The Innocents Abroad”, 1867: “No hay ni una aldea solitaria a través de toda la extensión; no por treinta millas en cualquier dirección… Uno puede recorrer diez millas en la región sin ver un alma viva. Para experimentar el tipo de soledad que causa tristeza, ven a Galilea… Nazareth es abandono… Jericó yace en desolada ruina… Bethlehem y Bethania en su pobreza y humillación…desposeídas de toda criatura viviente… Una región desolada cuyo suelo es rico, pero completamente despojado de todo… una expansión silenciosa, lúgubre… una desolación… Nunca vimos un ser humano en todo el recorrido…Difícilmente se ve un árbol o un arbusto en algún lado. Incluso el olivo y el cactus, aquellos amigos del suelo árido e indigno han desertado… Palestina yace en silicio y cenizas… desolada y desamorada…”.

En 1920, en la Conferencia de San Remo, Italia, la Sociedad de Naciones asignó al Reino Unido un “mandato” sobre lo que llamaron Palestina, que era parte de la Gran Siria del Imperio Turco Otomano. El territorio incluía lo que sería el Estado Judío de Israel, la franja de Gaza, la Cisjordania (Judea y Samaria), parte de los Altos del Golán y el reino de Jordania que los británicos inventarían. El total de los habitantes de toda esa vasta región era de solamente 750.000 personas. Según el censo de 1922, los judíos eran el 11% del total. El resto eran árabes musulmanes, una población beduina de 100.000 miembros, y otros grupos minoritarios que eran drusos, egipcios, griegos, sirios, sudaneses, árabes del norte de África, circasianos y europeos. 
(Circasia, en el norte del Cáucaso, fue conquistada entre 1763 y 1864 por Rusia, perdiendo 3,5 millones de personas en guerra. Los circasianos son musulmanes, y emigraron al Imperio otomano. Los hay en Israel- como ciudadanos plenos con aldeas propias -, Siria, Jordania, Líbano y Turquía)
Cuando comenzaron a inmigrar otros judíos desde Europa, lo hicieron con la intención de volver a hacer de su antigua patria un territorio nuevamente fértil. Desecaron los pantanos del Hule en el norte, repletos de mosquitos de malaria; crearon aldeas, plantaron árboles y todo comenzó a florecer con mucho esfuerzo. Muchos árabes llegaron desde otros lugares, Siria, Irak, Jordania, Líbano, países inventados por los franceses y británicos, e incluso desde Egipto y el norte de África, para ofrecerse como mano de obra, ya que en sus lugares natales no tenían oportunidades. Sus descendientes son los que ahora claman por la pertenencia de un territorio que no les es propio, auto denominándose “palestinos”, término inventado en 1964 por el egipcio Yasser Arafat, que dirigió el grupo terrorista Al Fataj de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina), que fuera creado por Egipto y Siria, para destruir Israel y asesinar a su población judía. 

En el territorio de Israel no habían árboles, casi no había agua, no tenía combustible para hacer nada. Durante el Quinto Congreso Sionista de Basilea, Suiza, en 1901, se votó la creación del Keren Kayemet Leisrael, el Fondo Nacional del Pueblo Judio, por el que los judíos de todo el mundo aportarían el dinero necesario para adquirir tierras a los latifundistas árabes a precio de oro, y para reforestar el país. El día de hoy, Israel es el único país del mundo que tiene más árboles que hace cien años. Se han plantado más de 250 millones de árboles, lo que ha logrado ir cambiando el clima del país. El agua, que ha sido vital para Israel, hizo que se conquistaran los Altos del Golán que mantenían los sirios, ya que éstos pretendieron desviar las aguas del Banias, afluente del río Jordán, aparte de que desde allí disparaban a los agricultores judíos de las aldeas, que tenían a sus pies desde la meseta del Golán. Jordania perdió en esa ocasión su acceso al agua del Jordán, pero después Israel lo ha incrementado al 33%. El 26 de junio de 1994 Israel y Jordania acordaron la paz. El primer ministro de Israel, Yitzak Rabín, y el primer ministro de Jordania, Abdul Salam Majali, firmaron ese tratado, por el cual Israel acordó proveer a Jordania con 50 millones de litros cúbicos de agua anualmente, y distribuir con ellos el agua de los ríos Jordán y Yarmuk, y las aguas subterráneas del Valle de Aravá, que va desde el Mar Muerto hasta el Mar Rojo. Hay un proyecto de 900 millones de dólares que creará una gran planta desalinizadora en el Mar Rojo, entre Eilay y Acaba, para producir agua potable que se distribuirá con un canal entre Israel, Jordania y los palestinos, lanzándose el resto con salmuera al Mar Muerto para rellenarlo, ya que su nivel ha bajado desde que en los años sesenta israelíes y jordanos comenzaron a desviar el agua del Jordán que lo alimenta.

A pesar de que Israel ha estado en guerra permanente desde antes de su independencia, el esfuerzo e inteligencia de su población ha hecho que hoy en día se recicle el 70% del agua utilizada y que el 55% del agua sea desalinizada en varias plantas: las de Ashkelon, Palmajim, Hedera, Sorek y Ashdod. El 91% del agua residual se reutiliza y se distribuye más que nada a poblaciones del Negev, la mayoría de ellas de beduinos. Israel es el que les proporciona el agua a los árabes palestinos de la Autoridad Palestina en Cisjordania (Judea y Samaria) y de la franja de Gaza, a pesar de los ataques que lanzan contra la población israelí.

Al haber llegado judíos de todo el mundo, el aporte de culturas diferentes y el conocimiento que cada persona ha entregado, han hecho que Israel esté aportando al mundo soluciones e inventos únicos en todos los campos. Desde el riego por goteo hasta el Pendrive, desde avances médicos a otros en comunicaciones, la suma del saber de la población hace posible el desarrollo explosivo en todo tipo de campo. En Israel el 46% cuenta con educación universitaria – superior o terciaria -, y un 92% cuenta con título de secundaria. El gasto en educación es de 7,2% del PIB, e incluso la educación preescolar es gratuita.

En los países donde las puertas están abiertas a la inmigración, éstos han aportado soluciones originales gracias a que ven la sociedad desde otro punto de vista. La Inmigración de un millón de judíos rusos que llegó a Israel hace unos años trajo, aparte de músicos que han permitido tener muchas orquestas sinfónicas y filarmónicas, muchos médicos entre otros profesionales. Como no había necesidad para tantos, muchos de éstos fueron los que han creado máquinas, remedios e inventos novedosos que logran tratar enfermedades que hasta ahora no tenían solución. Los inmigrantes han aportado a países como Estados Unidos el conocimiento que le ha permitido a ese país aportar el mayor número de inventos. Curiosamente el actual gobierno de ese país pretende limitar la inmigración, con lo que se perdería ese aporte. Eso no es nuevo, ya en 1952 se promulgó la ley “McCarran-Walter Act” que limitaba y regulaba la inmigración. El presidente Truman la había vetado antes, y en 1924 ya había habido una ley contra la inmigración que, argumentaban, “inundaba” el país. En 1979 el presidente estadounidense demócrata Jimmy Carter la utilizó para cerrar las puertas de Estados Unidos a los inmigrantes de Irán.
Aparentemente estamos ante un cambio climático. Si los gobiernos no encuentran la manera de crear soluciones ante lo que deberán soportar las poblaciones, unido a los conflictos inevitables que ya se están produciendo debido al cambio de paradigma – desde la Era Industrial a la de la Informática o Electrónica -, el mundo podría estallar. Es de esperar que no suceda. Las poblaciones del mundo seguirán trasladándose, tal como lo han hecho desde el pasado, buscando mejores horizontes, y con ello aportando nuevos conocimientos al lugar donde lleguen.

(Puedes acceder a la página web www.tiberioyosif.com con traducción a TODOS los idiomas)

Las opiniones vertidas en este Portal son responsabilidad de quien las emite.
 Comparta este articulo con sus contactos:
   
Home