La última singladura del ‘Struma’

Casi 800 refugiados judíos se hacinaban en el 'Struma' (.)

Un torpedo soviético causa uno de los más mortíferos naufragios civiles de la Segunda Guerra Mundial. Pero los rusos no fueron los únicos culpables, los casi 800 refugiados judíos que llevaba el destartalado barco rumano huían de los alemanes, pero fueron abandonados a su suerte por turcos y británicos

Diciembre de 1941. La Segunda Guerra Mundial estaba en su apogeo. La Wehrmacht avanzaba imparable en la URSS. En los territorios conquistados por Alemania se vislumbrando la política nazi contra la población judía, lo que pocos meses después se llamaría la solución final del problema judío. Comenzaban las deportaciones en masa a guettos y campos de trabajo o exterminio, la confiscación de propiedades y la privación de derechos.
Y Rumania, país aliado de Alemania, no fue ajena a esta oleada antisemita. Según el censo de 1930 vivían casi 800.000 judíos en el país. Con la entrada en la guerra se endurecieron las leyes y comenzaron los pogromos y las deportaciones. Desde 1940 muchos judíos rumanos intentaron abandonar el país. El destino más deseado era Eretz Israel, entonces bajo dominio británico. Pero ese destino estaba bloqueado, la emigración judía a Palestina enfurecía a los países árabes y los británicos practicaban una política de apaciguamiento para evitar que los árabes entraran en guerra al lado de Alemania.

El 12 de diciembre de 1941, El Struma, un viejo barco que había sido utilizado en los últimos años como transporte de ganado por el río Danubio, zarpó del puerto rumano de Constanza, en el mar Negro. Las condiciones del barco eran deplorables. El casco de madera estaba sostenido por placas de metal corroído, con un motor en pésimas condiciones, recuperado de otro barco naufragado. Con un solo baño, sin cocina y un solo grifo de agua dulce. No había chalecos salvavidas y sólo dos botes. Su capacidad era de 100 personas, pero se apiñaron 781 pasajeros, todos judíos, entre ellos más de cien niños y algunos bebés.Durmieron hasta cuatro personas de costado en una litera. Los afortunados pasajeros habían pagado grandes sumas para obtener el pasaje en un buque precario con un destino incierto, pero era mejor que el que tendrían si permanecían en Europa.

Su primera escala, también sería la última, fue Estambul; tardaron tres días en un viaje que normalmente llevaba unas 14 horas. El viejo motor del Struma sufrió repetidas averías. Las visas prometidas por los vendedores en Rumania no aparecieron. Las autoridades turcas no le autorizaron a anclar y tuvo que permanecer fuera del puerto durante diez semanas.Tampoco les suministraron agua y comida, ni les proporcionaron ayuda para reparar el motor. Los pasajeros sobrevivieron a duras penas gracias a la pequeña comunidad judía de Estambul que les hacía llegar un bote con suministros. Turquía era un país neutral pero su gobierno aceptó las presiones británicas para evitar que llegaran a Palestina inmigrantes sin autorización. Solo permitieron descender a una mujer, gravemente enferma tras haber abortado, y a algunos pasajeros que tenían visados británicas. A bordo quedaron 769 refugiados y los diez tripulantes búlgaros.

Finalmente, el 23 de febrero de 1942 los turcos ordenaron remolcar la nave, cuyo motor no funcionaba, fuera de las aguas territoriales, remolcándola hasta el mar Negro, donde la abandonaron a su suerte. En la madrugada del día siguiente, 24 de febrero, el Struma fue torpedeado por el submarino soviético SC-213 y se hundió rápidamente. Murieron 768 pasajeros y los diez tripulantes, muchos ahogados instantáneamente y otros lentamente congelados en las frías aguas invernales. Sólo hubo un superviviente: David Stoliar, un joven de 19 años.

David Stoliar, contra toda lógica, sobrevivió. Tanto al torpedo soviético que lo hizo saltar por los aires –su litera estaba justo debajo de la cubierta– , como a la hipotermia después de pasar 24 horas en el mar Negro con trozos de hielo flotando a su alrededor, y a la desesperación de ver como poco a poco las pocas docenas de supervivientes que permanecían aferrados a escombros y trozos de madera se ahogaban. El último, el primer oficial búlgaro, Lazar Dikof, con el que paso todo aquel largo día sobre un trozo de madera. Al amanecer del día 25, Dikof había muerto y horas después Stolier fue rescatado. Estuvo detenido durante 71 días en una cárcel turca por ‘inmigración ilegal’, hasta que los británicos le concedieron excepcionalmente el visado para entrar en Palestina. Después de una larga vida trabajando en diferentes países, murió en Bend, Oregon, Estados Unidos, de donde era originaria su segunda esposa, el 1 de mayo de 2014. tenía 91 años.

Otras dramáticas travesías de refugiados judíos

St. Louis, 1939

En mayo de 1939, el buque de pasajeros alemán St. Louis, partió de Hamburgo con destino a Cuba llevando 937 pasajeros, la mayoría refugiados judíos. Muchos viajaban con el deseo de emigrar a Estados Unidos y se encontraban en lista de espera para su admisión. Todos los pasajeros poseían visados para Cuba, pero cuando el St. Louis llegó al puerto de La Habana, las autoridades cubanas se negaron a respetar los documentos.

Tras abandonar el puerto de La Habana, el St. Louis navegó tan cerca de la costa de Florida que los pasajeros podían ver las luces de Miami. El capitán solicitó ayuda, pero fue en vano. La guardia costera de EE.UU. no permitió que el barco atracara. El St. Louis regresó a Europa. Inglaterra, Bélgica, Holanda y Francia aceptaron los pasajeros, pero trágicamente en pocos meses los alemanes invadieron Europa occidental y la mayoría de los pasajeros que habían desembarcado en los tres países continentales terminaron en los campos de exterminio nazis.
Patria, 1940

El 25 de Noviembre de 1940, el Patria , un antiguo transatlántico francés requisado por los británicos a los franceses, cargado con aproximadamente 1.770 refugiados judíos que habían escapado de los nazis, se hundió en aguas del puerto de Haifa (entonces Palestina, bajo dominio británico), tras haber sufrido una explosión; murieron cerca de 200 pasajeros.

El Patria, con cabida para 800 pasajeros, fue sobrecargado con casi 1.800 refugiados que las autoridades británicas no dejaban entrar en Palestina y pretendían llevar a la isla Mauricio. Pero el barco nunca salió del puerto. Una enorme explosión se produjo en el buque, abriendo un boquete en el lateral del casco. El barco se escoró y tardó tan sólo 15 minutos en irse a pique, y aunque la mayoría de los refugiados pudieron ser rescatados, 260 quedaron atrapados. Se pudieron recuperar 209 cadáveres, que serían enterrados en el cementerio de Haifa. Los supervivientes quedaron internados en un campo de detención y después de una campaña internacional se les concedió permiso para vivir en Palestina.

En esta ocasión, el autor de la explosión fue el grupo sionista Haganah (sólo se supo en 1957), que colocó la bomba en el barco para averiarlo e impedir la deportación de los refugiados judíos. Pero no calcularon bien la potencia del artefacto y provocaron sin querer la muerte de sus compatriotas.

Fuente: Lavanguardia.es

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