Espejismo Beduino

Comisión de Asuntos Públicos B’nai B’rith Chile

En la segmentada y tribal sociedad árabe, el beduino tradicionalmente ha sido un personaje objeto de desprecio. El motivo de este desprecio es su nomadismo y su pobreza pues los beduinos dependían de los escasos recursos que les proporcionaban los espacios desérticos por los cuales deambulaban, pastoreando sus rebaños de cabras y ovejas.  También eran despreciados por su dedicación al bandidaje, asaltando a los viajeros y atacando las aldeas para saquearlas.

A los pioneros del retorno judío a su territorio de origen, antaño el reino judío de Judea y en el siglo XIX la Palestina Otomana, les tocó a menudo enfrentar los ataques beduinos a sus asentamientos.  Es por ello que lo primero que se construía, al fundar una nueva granja, era una torre de vigilancia y una valla de protección.  Frente a esas agresiones, los pioneros judíos debieron rápidamente aprender las tácticas adecuadas para combatir las asonadas beduinas que eran no dejar sin represalia ningún ataque y a su vez, atacar y herir el corazón de la tribu agresora, actuando sorpresivamente sobre la base desde donde se había originado el asalto. Estas pautas fueron esenciales en la formación militar judía y posteriormente en el ejército de Israel, creando la conciencia que no actuar de esta manera, dado el particular modo de pensar árabe, primitivo y tribal, significaba exhibir debilidad e invitar a nuevas acciones de bandidaje y saqueos, al estilo beduino.

Otra característica de los beduinos, cuando estimaban que sus propias fuerzas no eran suficientes para derrotar un enemigo, era el buscar amparo en los jefes de las tribus de mayor jerarquía. Actualmente, los árabes, viendo fracasados los numerosos intentos bélicos para derrotar militarmente a Israel y considerando que la existencia del Estado Judío es una espina clavada en el corazón de su orgullo, ha optado por abrazar una actitud “beduina” frente a este problema: negando a Israel una paz definitiva y atizando a la juventud de la tribu para que siempre tenga presente la “afrenta” judía de haber construido un Estado propio y vibrante, atacando a Israel con atentados terroristas y con cohetes. Como esto tampoco les ha dado el resultado esperado, apelan a potencias superiores (EEUU, Rusia, Europa, la ONU, la Liga Arabe) para que intervengan, imponiendo medidas que, suponen, harán sucumbir al Estado Judío. 

De esta manera, mediante presiones y boicots, condimentados con terrorismo y otros tipos de ataques, los árabes creen que pueden sentarse en la puerta de su tienda y esperar ver pasar el cortejo fúnebre de su enemigo.  En realidad esto no es más que una fantasía en la cual Israel es borrado del mapa y finalmente el enemigo judío es derrotado, lavándose por fin la horrorosa afrenta al orgullo árabe. En esta situación de confrontación sin tregua, la peor parte se la lleva la población palestina de Cisjordania, especialmente por las medidas de seguridad que debe adoptar Israel para proteger a su gente.  Este costo es doloroso y podría ser evitado si hubiera alguna disposición hacia la paz de parte de los árabes pero para sus dirigentes, los daños colaterales son un beneficio mediático pues así pueden explotar mejor su victimización. 

La fantasía que sostiene las pretensiones árabes olvida también como están cambiando las condiciones en el mundo, especialmente en un factor que permitió a los árabes a adquirir una gran importancia económica (y consecuentemente política) para el resto del mundo, durante más de un siglo, cual es sus ricos yacimientos petrolíferos.  La influencia de su riqueza petrolífera progresivamente, ha ido perdiendo su importancia en los últimos años, frente a la sustancial baja de precio de las fuentes de energías llamadas limpias y frente a las presiones medioambientalistas que apremian por dejar de utilizar combustibles fósiles.

Como los beduinos que ven espejismos, cegados por el sol del desierto, los árabes visualizan un escenario donde Israel no existe, sin darse cuenta que el Estado Judío resiste y persevera, cada día más maduro, cada día más fuerte.  Israel no es un sueño ni un espejismo, es una realidad, aunque los árabes no lo acepten.  La idea de su desaparición es una utopía pues Israel, con la fortaleza y la resiliencia que tiene, aunque no haya paz, está preparado para seguir adelante con su vida, sin problemas, pues su defensa es segura, tiene a su favor la decadencia de la influencia árabe en el mundo y ninguna potencia en su sano juicio sugeriría la creación de un nuevo despotismo árabe en el cercano oriente, en lugar de la nación judía que tantos aportes positivos ha dado a la humanidad toda.

El espejismo beduino respecto a la destrucción de Israel ha sido adoptado en su totalidad por la dirigencia de la Federación Palestina de Chile, la cual, extremando sus ataques contra el Estado Judío y los “sionistas” (recordemos que Martin Luther King afirmó que “cuando alguien critica el sionismo, se está refiriendo a los judíos”), lleva adelante una fanática campaña llena de falsedades y exageraciones, en la línea de azuzar a su tribu - los palestinos chilenos - para que hagan suya toda la propaganda antijudía que la Federación Palestina emite casi a diario, con el peligroso efecto eventual de estimular agresiones de parte de los chilenos árabes a los chilenos judíos, además de impedir todo diálogo entre las dos comunidades. 

Existe la esperanza que, algún día el afán destructivo árabe se vaya extinguiendo, cuando ellos evolucionen, superen el primitivismo beduino y maduren, cayendo en cuenta que hay cosas más importantes que el orgullo, orgullo que por setenta años les ha impedido aceptar la existencia pacífica del Estado de Israel.

Pensamiento Judío

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