Los judíos austríacos y el Anschluss

Prof. Yehuda Krell

Durante el siglo XIX, las ideas de igualdad y libertad se expandieron por Europa occidental. En la mayoría de los países los judíos se convirtieron en ciudadanos plenos ante los ojos de la ley. No obstante, al mismo tiempo surgieron nuevas formas de antisemitismo. Algunos pensadores consideraban que los judíos utilizan a las naciones democráticas en un siniestro plan para apoderarse de ellas, sin omitir el argumento de que los judíos son semitas, gente infrahumana que acecha a una sociedad superior. 

En abril de 1897, Karl Lueger fue elegido alcalde de Viena, cargo que desempeñó durante 13 años, hasta su muerte en 1910. Lueger, cofundador del partido Socialista Cristiano, utilizó el antisemitismo económico para ganar el apoyo de pequeños comerciantes y artesanos que estaban sufriendo el avance del capitalismo durante la revolución industrial austríaca. Decía que los judíos detentaban el monopolio en el capitalismo y que por lo tanto, competían de manera injusta en materia económica. Era el estilo clásico utilizado por los políticos antisemitas de los partidos de derecha, de Austria y Alemania, como un medio para atraer más gente a su redil.

Uno de los más influenciados por el desarrollo de este antisemitismo fue Adolf Hitler, quien residía en Viena durante el gobierno de Lueger. El futuro Führer estaba seducido por la capacidad del alcalde para conseguir el apoyo del público. Las ideas de Lueger se reflejaron luego en la plataforma del partido nazi de la década de 1920 en Alemania.

En 1918, tras finalizar la Primera Guerra Mundial, la derrota para el Imperio Austrohúngaro fue traumática y caótica. Se creó la pequeña República de Austria que los vencedores de la guerra la convirtieron en una república parlamentaria, caracterizada por una permanente crisis económica, política y social. De ser la sexta potencia mundial se convirtió en un pequeño país. El ambiente general era pesimista, lleno de incertidumbre y encontró en los judíos la raíz de todos los males. Escritores célebres de la talla de Stefan Zweig, Joseph Roth, Hermann Broch y Elías Canetti fueron obligados a emigrar.

Con Hitler en el poder alemán, se desarrolló un estado de creciente presión política sobre la pequeña república, exigiéndole el reconocimiento del Partido Nazi, que era ilegal en Austria, y más adelante su participación en el gobierno. El 11 de marzo de 1938 el ejército alemán entró en Austria y dos días después anexó el país al Reich. La mayoría de la población austríaca aceptó complacida esta anexión, “Anschluss”. Su entusiasmo por la unificación con el Reich fue expresado también en multitudinarias manifestaciones antisemitas. Rápidamente, el partido nazi austríaco comenzó el proceso de exclusión de los judíos de la economía, la cultura y la vida social austríacas.

Para el 18 de marzo las autoridades habían clausurado las oficinas de la comunidad judía y de las organizaciones sionistas en Viena, y arrestado a sus dirigentes. Al producirse el “Anschluss” vivían en Austria alrededor de 180.000 judíos, de los cuales 170.000 habitaban en Viena. Inmediatamente después de la anexión, las oficinas de la comunidad judía y de la Organización Sionista fueron clausuradas; funcionarios y miembros de esas instituciones fueron deportados al campo de concentración de Dachau y se prohibieron las actividades de las asociaciones judías. Los judíos fueron despedidos de sus puestos de trabajo, de centros comunitarios, de bibliotecas públicas y universidades. A lo largo del país se realizaron numerosos arrestos de judíos.

A finales de 1945 había alrededor de 4,000 judíos en Austria, quienes habiendo logrado sobrevivir el Holocausto, intentaban encontrar sustento en una nación hambrienta y confundida bajo la ocupación aliada. A pesar de la Shoá el antisemitismo seguía activo, De hecho, el Dr. Karl Renner, líder socialista y primer presidente austríaco de la postguerra, enfatizó que en su país no había lugar para judíos por lo que “no permitirían que se estableciera una comunidad judía con inmigrantes procedentes de Europa oriental”. 

A setenta y nueve años del “Anshluss”, viven en Austria 15.000 judíos, 12.000 de los cuales residen en Viena. Todos ellos están preocupados, el “Partido de la Libertad de Austria” (en alemán, FPÖ) es un partido político de ideología conservadora y nacionalista, considerado de extrema derecha, y es actualmente la tercera fuerza política del país, en las elecciones del año 2013 obtuvo el 20,5 % de los votos. El partido viene creciendo por la oleada de inmigrantes a Europa proveniente de Asia, Medio Oriente y norte de África, migración que catapultó la xenofobia y el racismo en la sociedad. Junto a otros partidos neofascistas europeos hablan de una “primavera patriótica”, y vaticina que en un plazo de diez años la Unión Europea desaparecerá. Diferentes encuestas indican que un 42 % de los austríacos creen que “con Hitler las cosas no fueron tan terribles”, un 54% cree que “un triunfo del partido neonazi es factible”, un 61% sostiene que Austria necesita de “un líder fuerte”.

Lo que sucede en Austria replica en varios países europeos. Las continuas y nutridas manifestaciones antiisraelíes y antijudías dan la imagen que “ya no es más vergonzoso ser antisemita”, los antisemitas dicen las cosas abiertamente y nadie se inmuta. El antisemitismo se reinstaló en Occidente en los últimos años, donde las manifestaciones varían en intensidad según su alcance y violencia, y el mundo calla frente a estos actos.

Fuente: RadioJai

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