Otro Medio Oriente

Tiberio Yosif Klein

Gran parte del Medio Oriente fue inventado por Gran Bretaña y Francia tras conquistar el Imperio Otomano (Turco) después de la Primera Guerra Mundial. Países como Líbano, Siria e Irak ocuparon lo que para los árabes y turcos era parte de la llamada “Gran Siria”. Otros, como Irán, la antigua Persia, permanecieron como tales. Israel ocupó parte de lo que había sido su territorio, que había sido conquistado y borrado por el Imperio Romano el siglo II d.C., cuando el emperador Adriano incluso le cambió el nombre por Palestina, por los filisteos, antiguos enemigos de los judíos que habían desaparecido mil años antes. Gran Bretaña, desconociendo la Declaración Balfour de su ministro de Relaciones Exteriores (que consideró ese territorio para ser un Hogar para el Pueblo Judío) y la documentación de la Liga de las Naciones (1920 – 1945), que en el Mandato para Palestina de 1922, con el que se lo dio a los británicos, escindieron más del 70% del territorio que debía ser el país judío para regalárselo a árabes, colocando como rey a un árabe saudita.

Los árabes de lo que sería Israel y Jordania se auto denominaban “árabes” de la Gran Siria. Los únicos que se decían “palestinos” eran los judíos que vivían allí. De hecho no existe ningún documento internacional que usara el término “palestino” para los árabes. El líder árabe, y gran antisemita, colaborador de los nazis, el Gran Mufti de Jerusalem, Haj Amin al-Husseini, dijo que lo que los judíos y cristianos llamaban “palestina” era la Siria histórica, y siempre había sido así. La posición oficial de los árabes era la negación de la existencia de un país llamado “palestina”, hasta que el 29 de marzo de 1959 fue planteada en una reunión de la Liga de Estados Árabes la idea de una “kiyan falastini”, “entidad palestina”, por parte del presidente de la Liga Árabe, el dictador de Egipto Gamal Abdel Nasser. Propuso imitar lo que sucedía en Argelia, donde los musulmanes llevaban cinco años de guerra terrorista para expulsar al régimen colonial francés que los había gobernado desde 1830. Nasser ayudaba a los combatientes árabes, que se auto denominaban musulmanes, no argelinos (de hecho hasta el día de hoy su diario oficial es “El Moudjahid”), albergando a los rebeldes, permitiéndoles contrabandear armamento y proporcionándoles instalaciones para transmisiones. Nasser estaba al tanto del éxito que el FLN (Frente de Liberación Nacional de Argelia) tenía al ganar apoyo político entre los intelectuales de Francia, aligerando su lucha al llamarla “guerra de liberación nacional”. Nasser ideó entonces el término de “los refugiados árabes” de Israel, que no eran más que una gran masa de trabajadores que habían llegado desde muchos otros países árabes, buscando el trabajo que los judíos podían darles.

Se reunieron en Kuwait ocho árabes de la Hermandad Musulmana para imitar al FLN de Argelia para hacer terrorismo contra Israel. El que lideró la organización fue un egipcio nacido en El Cairo, Rahman al-Qudwa, que más adelante sería conocido por su seudónimo Yasir Arafat. Buscaron un nombre parecido a “frente de liberación nacional”, pero finalmente eligieron Al Fataj que significa “conquista” (Sura capítulo 48 del Corán). De manera que era una elección religiosa. Y terminaron por auto nombrarse como OLP, “Organización para la Liberación de Palestina”. El 1 de diciembre de 1964 crearon la bandera de “palestina”, basada en la que diseñó Sharif Hussein en 1916 como enseña de la llamada “rebelión árabe” de la época. Como la zona era un solo territorio hasta 1920, cuando los británicos inventaron Transjordania (hoy Jordania), la bandera Jordana es la misma.

Cuando el 15 de febrero hubo en la Casa Blanca de Estados Unidos una conferencia de prensa con el presidente Trump y el primer ministro israelí Netanyahu, éste dijo: “Los chinos se llaman chinos porque son de China. Los japoneses son llamados japoneses porque son de Japón. Y los judíos son llamados judíos porque vienen de Judea”.

Los países creados en Medio Oriente por las potencias vencedoras de la Primera Guerra Mundial incluyeron etnias, tribus y clanes diferentes, muchos de ellos enemigos ancestrales entre sí, al igual que lo que las potencias colonialistas hicieron en África. Países como Irak, con musulmanes sunitas, chiitas y kurdos, se mantuvieron unidos gracias a la brutalidad de los dictadores que asesinaban a cualquiera que intentara algo. En Líbano, que los franceses habían creado para separar a los cristianos árabes de los musulmanes, se logró por años un equilibrio entre las religiones, dándoles la presidencia, el cargo de primer ministro y del parlamento para mantener el statu quo; que fue roto cuando llegó Arafat con sus terroristas “palestinos”, y hoy en día con el grupo terrorista chiita Hezbollá, creado y manejado por Irán, y su brazo derecho, el gobierno del dictador de Siria Al Assad. Siria, por su parte, ha sido gobernada por un grupo de una rama chiita afín a Irán. Al destronar Estados Unidos al dictador Sadam Hussein de Irak, como no tenían un plan posterior a su derrocamiento, abrieron una caja de Pandora que ha producido combates entre las partes hasta el día de hoy. Los ex miembros del ejército de Hussein se unieron al auto denominado Estado Islámico, que busca crear la gran “Nación Árabe” que originalmente les fuera prometida por los británicos a los árabes que combatieron contra los turcos del Imperio Otomano. Financiados soterradamente por árabes sunitas – sauditas y otros -,  con el dinero de bancos y rescates, y más que nada con la venta del petróleo que controlan a precios bajo el del mercado, pudieron crecer. Pero están siendo combatidos por los chiitas: Irán con Hezbollá, Siria con su dictador Al Assad, incluso estadounidenses en estos momentos, con elementos del 75° Regimiento Ranger del Ejército de Estados Unidos y de la 11° Unidad Expedicionaria de Marines. El gobierno de Siria ha logrado sobrevivir gracias a la ayuda de Irán, y más que nada de Rusia. A esta no le interesa tanto el gobernante sirio, como sí mantener sus bases navales y militares en la costa de Siria, las únicas que tiene en el Mediterráneo.

Israel mira los acontecimientos sin tener porque involucrarse, excepto cuando han llegado algunos misiles a su territorio, a propósito o por descuido, y en ese caso ha contra atacado.  Israel tiene claro que si para Rusia su objetivo es mantener sus bases militares, para Irán va mucho más allá. E Israel no está dispuesto a permitirle a Irán desplegarse como quisieran. El Primer Ministro de Israel, Netanyahu, al visitar Rusia, seguramente le habrá aclarado eso al presidente ruso Vladimir Putin, que impedirá bases iraníes permanentes en el oeste de Siria, y que pone una línea roja de seguridad en relación de que Irán y Hezbollá crucen en el conflicto más acá de la ciudad de Quneitra. Y que para impedirlo Israel actuará, lo que se puede hacer sin amenazar intereses de Rusia.

La manera de evitar que Irán logre sus objetivos expansionistas es que Estados Unidos y sus aliados de Siria tomen el poder tras hacer desaparecer al “Estado Islámico”. Eso presentaría a Rusia hechos consumados, que no le importarían si pudiera mantener sus bases en el Mediterráneo. Para Israel, espectador pero expectante, mientras no avance Irán en su proyecto de expansión, no habrá problema. Por el momento Hezbollá está ocupado en Siria, perdiendo miles de combatientes, pero por otra parte adquiriendo experiencia bélica, que es diferente a hacer terrorismo contra civiles. Lo que está claro es que lo que surgirá será un nuevo Medio Oriente, con otros dirigentes árabes, siempre belicosos entre sí, pero sin mayores conflictos si es que Estados Unidos y alguna otra potencia mantuvieran la calma en la zona. El futuro está por verse.

(Puedes acceder a la página web www.tiberioyosif.com con traducción a TODOS los idiomas)

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