No hay peor antisemita que un judío antisemita

David Mandel

El autor del reporte anti-israelí emitido por la Comisión Económica y Social para Asia Occidental, es Richard Falk, profesor retirado de Princeton, de padres judíos y fanático enemigo de Israel. Anteriormente desempeñó el puesto de Enviado Especial de los Derechos Humanos en Palestina, hasta que se vio obligado a renunciar por haberse descubierto que anteriormente había estado a pago de los palestinos.

En el año 2011 publicó en su página de Internet una caricatura de un perro con la cabeza cubierta por una kipájudía, comiendo huesos humanos. En el año 2012 acusó a la comunidad judía de los Estados Unidos de ser responsable por la confiscación de tierras palestinas. En el año 2013 justificó el atentado de la maratón de Boston como "resistencia a la dominación mundial de los Estados Unidos." Responsabilizó a Israel de incitar a los Estados Unidos a hacer guerra en Irak y Afganistán.

Si Falk hubiese vivido en la Edad Media habría sido uno de los apóstatas judíos que convencieron a la Iglesia Católica a quemar el Talmud y a convertir a los judíos por la fuerza. Como hoy la religión ha perdido mucha de la importancia que tuvo en el pasado, el apostata judío tiene que buscar otras formas para dar expresión a su odio extremo, intransigente y fanático. La creación del estado de Israel proporcionó a los apóstatas un excelente pretexto para expresar su repulsa a sus ex-correligionarios. Gente como el lingüista Noam Chomsky; el profesor Norman Finkelstein; el historiador Tony Judt; el activista Adam Shapiro, fundador de la organización Movimiento Internacional de Solidaridad; el financista George Soros, todos ellos nacidos en hogares judíos, expresan su antisemitismo en la forma que hoy es aceptable, condenando a Israel y negando a los judíos el derecho a la auto determinación nacional que si reconocen en todas las otras naciones del mundo.

El apóstata, profundamente avergonzado en lo más íntimo de su ser, de su origen judío, se ve a si mismo como una persona con valores universales, y quiere que también el mundo lo considere así. Por eso, cuando el cristianismo era el valor universal de la sociedad, el judío que quería dejar de ser miembro de la "tribu" se convertía a dicha religión. Hoy ya no es necesario convertirse, pero el apóstata continúa con su obsesión de demostrar al mundo que él no es "un judío malo".

Para conseguir su objetivo, no tiene escrúpulos en atacar y denigrar los valores de sus ex-hermanos. Al contrario, necesita hacerlo, ya que sólo así, cree el apóstata, el mundo se dará cuenta de que él, aunque es de origen judío, no se identifica, ni debe ser identificado, con una nación que durante siglos, por cualquier motivo o pretexto, ha sido odiada y despreciada.

Lo único que me queda para terminar este artículo es despedirme del distinguido profesor de Princeton:

¡Richard Falk, falk you!

Fuente: Mienfoque

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