Raíces de Pesaj

Tiberio Yosif Klein

La festividad de Pesaj conmemora la huida de Egipto de los israelitas (hebreos, judíos). Pesaj significa saltar, porque el Ángel de la Muerte que Dios envió para la última plaga, la más terrible, que era la muerte de los primogénitos, saltó las casas de los hebreos, cuyos dinteles debieron untar con la sangre de corderos sacrificados para que las identificara como de ellos. De manera que al huir de su esclavitud, los israelitas pusieron fin a cuatrocientos años sometidos al faraón egipcio. Por eso se considera la fiesta de la libertad para el judaísmo y para todos los pueblos.

Pero la Torá no da el nombre del faraón ni tampoco dice nada de la fecha del Éxodo. Para calcular de alguna manera esta, podríamos tomar a “1Reyes 6:1”, donde se dice que el rey Salomón comenzó a construir el Templo de Jerusalem “480 años después de que los hijos de Israel salieron de Egipto”. Tomando en consideración que Jerusalem fue tomado por Nabuconodosor el año 586 a.C. y partiendo del relato paralelo del Primer y Segundo Libro de los Reyes de Israel, pareciera que hay unos 390 años hasta la muerte de Salomón; le sumamos 37 años del gobierno de Salomón, y si tomamos hasta su cuarto año de gobierno tendríamos que el primer Templo habría sido construido un 1.013 a.C., y si a eso le agregamos los 480 años de la salida de Egipto, tendríamos que la fecha del Éxodo pudo ser el 1493 a.C. (A pesar de que en la tradición judía, algunos sitúan la fecha del Éxodo el 1.313 a.C. aleatoriamente).

Si la fecha del Éxodo fue, según este cálculo, el 1493 a.C., al haber sido esclavos los hebreos (israelitas, judíos) 400 años, entonces se habría establecido en Egipto la familia de José, hijo de Jacob, aproximadamente el 1.893 a.C. (Lo que sitúa a Abraham en alrededor de los 2.000 años a.C.)

Esta fecha es interesante, ya que en esa época está documentada la inmigración de gentes procedentes de Canaán (Siria-Palestina, como la llamaron posteriormente los romanos), y culminó con los invasores Hicsos, que llegaron a Egipto hacia el siglo XVIII a.C., esto es entre 1700 y 1900 a.C., en una época de crisis interna egipcia, lo que les permitió tomarse el gobierno del país. Egiptólogos calculan que se quedaron al mando entre cien años a cinco siglos. Pero a Egipto habían entrado paulatinamente oleadas migratorias, especialmente desde Canaán. Es interesante preguntarse si la familia de José pudo ser parte de los hicsos, tomando en cuenta que él mismo llegó a ser el máximo gobernante de Egipto después del faraón. Porque los Hicsos no eran un pueblo específico.

En efecto, el término Hicso, en egipcio “heqau jasut”, significaba “gobernantes extranjeros”; y del griego es de donde proviene su nombre helenizado que significa lo mismo, gobernantes extranjeros, “Hiksos”. Era como designaban a un grupo humano que procedía de Cercano Oriente (según Manetón, “pros anatolen” ; fue un historiador y sacerdote egipcio-griego durante Ptolomeo I yII), que controló el Bajo Egipto.

(Flavio Josefo, en “Contra Apión”: Durante el reinado de Tutimeos, la ira de Dios se abatió contra nosotros; y de una extraña manera, desde las regiones hacia el Este, una raza desconocida de invasores se puso en marcha contra nuestro país, seguro de la victoria. Habiendo derrotado a los regidores del país, quemaron despiadadamente nuestras ciudades. Finalmente eligieron como rey a uno de ellos, de nombre Salitis, el cual situó su capital en Menfis, exigiendo tributos al Alto y Bajo Egipto…)

Fueron los Hicsos los que introdujeron en Egipto el caballo y el carro de guerra, y el uso del bronce en espadas curvas, en armaduras de escamas y cascos, y también trajeron el arco compuesto que tenía mayor torsión y fuerza al lanzar flechas. Pero no fueron un pueblo específico, sino un grupo conformado por inmigrantes de las regiones de Canaán y Siria, de manera que es muy probable que los israelitas formaran parte de ellos.

Por otra parte, sabemos que el décimo faraón de la dinastía XVIII de Egipto fue Neferjepurura Amenhotep, más conocido como Akenatón. Su reinado se calcula alrededor de los años 1353 a 1336 a.C. Al cumplir el cuarto año de su reinado cambió su nombre a Neferjeperura Ajenatón. Fundó una nueva capital, la ciudad de Ajetatón, “el horizonte de Atón”, conocida por el nombre árabe de Amarna.

Lo que interesa de él es que fue un reformador religioso que convirtió al dios Atón en el único como culto oficial del Estado, eliminando a los otros dioses tradicionales, especialmente al predominante, Amón. También hizo reformas políticas y artísticas. Fue impopular porque desplazó a la casta de sacerdotes, quitándoles sus riquezas, lo que finalmente terminó en su destitución, seguramente violenta.

Moisés, nos lo dice la Torá, fue príncipe en Egipto. Su huída al desierto es explicada por haber matado a un capataz que lastimaba a un esclavo hebreo. Aunque debamos aceptar eso por ser un relato de la Torá, la verdad es que es improbable. Aún hoy en día el heredero de una dictadura no suele ser tocado, ni siquiera después de matar a alguien. Entonces podríamos pensar que Moisés más bien huyó debido a un enfrentamiento político y quizás bélico por el trono con un hermano que finalmente sí fue faraón.

Si según los cálculos anteriores Moisés y el Éxodo pudieron ocurrir antes del faraón Akenatón, y considerando que Moisés fue príncipe egipcio, bien pudo ser que el culto a un solo dios, como era Atón, pudo ser el de la nobleza egipcia, vedado al pueblo, y como era costumbre en esa época, un culto “hermético” (por Hermes Trismegisto, personaje mítico ocultista, según griegos posteriores). En todo caso es indudable que el Pueblo Hebreo (israelita, judío) era desde hacía mucho tiempo monoteísta, a partir del padre Abraham (Aba=Padre, Am=Pueblo). Unido a esto la conexión de Moisés con los israelitas, esto es, siendo él mismo uno de ellos, fue suficiente para que pudiera llevarlos a seguir lo que él, Moisés, como líder natural del pueblo israelita – ya que nadie le había elegido como tal -, les impeliera a seguir: los Diez Mandamientos, las reglas del Kashrut, las llamadas Leyes de Moisés, la construcción del Arca Sagrada que llevaría las Tablas de la Ley, la construcción del Templo Itinerante que se levantaría donde quiera que el pueblo nómade se estableciera momentáneamente durante los cuarenta años anteriores a su entrada a la Tierra Prometida. Todo lo anterior dijo Moisés que se lo había ordenado Dios, sin discusión desde el punto de vista de la religión. Aunque objetivamente, dejándola de lado con respeto para quienes así lo creen, secularmente es probable que el conocimiento privilegiado como príncipe le posibilitó implantar esas reglas que hicieron del conglomerado de gentes un pueblo cohesionado.

(Kosher, “apto” en hebreo, son los alimentos que se pueden comer, según las reglas dietéticas dictadas por Moisés. Las Leyes de Moisés regulaban la convivencia cotidiana, y en gran parte eran iguales a las Leyes de Hammurabi, el rey Babilónico – 1792 al año 1750 a. C.-).

Mientras la mayoría de los mitos suceden antes de la historia escrita de los pueblos, entre los judíos (israelitas, hebreos) se registra la historia desde su comienzo en el Tanaj (Antiguo Testamento para los cristianos), dentro de la que sólo una pequeña parte se refiere a sucesos anteriores al judaísmo. Contiene todo el conocimiento sagrado judío, desde la creación del mundo hasta la formación del estado. Incluye las intervenciones de Dios, sus mandamientos, leyes, condiciones para rituales, y el relato histórico de la nación de Israel, desde la creación del ser humano con Adán y Eva (Adám=Adamá, Tierra en hebreo) hasta la historia de las Doce Tribus, los jueces, reyes, etc. Tiene una narrativa sagrada que contribuye a un sistema de valores y pensamientos que hace vincularse a las personas de manera espiritual o religiosa a ellos. Contiene también muchos otros tipos de información: regulación sobre dietas, higiene, unidades de medida, de construcción, finanzas, y muchas otras cosas.

Mucho después de Moisés es cuando apareció el Talmud, en el que se siguieron reglando costumbres y comportamientos del Pueblo Judío, según las conclusiones de los rabinos sobre cada tema.

(El Talmud es considerado la tradición oral judía, reunida en este libro. Recoge discusiones rabínicas sobre leyes judías, tradiciones, costumbres y leyendas, preservando todas las opiniones, las más de las veces en forma de preguntas. Está el Talmud de Jerusalem, (Talmud Jerushalmi), redactado en la provincia romana de Filistea, y el Talmud de Babilonia, (Talmud Bavlí); redactado allá por los judíos que quedaron tras el exilio babilónico; ambos redactados a lo largo de siglos por rabinos de muchas academias rabínicas de la antigüedad).

Somos la suma de nuestra historia y de la suma de nuestro entorno y experiencia. Al mantener el recuerdo de lo que son nuestras raíces es como tendremos una base firme sobre la cual resistir los avatares de la vida; que para el Pueblo Judío son muchos, quizás demasiados. Las festividades y recordaciones que se incluyen en la religión judía son parte de esa memoria que ha hecho del judaísmo el pueblo que ha resistido más el paso del tiempo como tal, y que al mismo tiempo ha influido más que ningún otro en la filosofía y religión de occidente.

La festividad de Pesaj tiene la enorme importancia de ser no sólo el recordar lo sucedido al Pueblo Judío en su pasado remoto (“fuiste esclavo en Egipto”), sino de ser la Fiesta de la Libertad para todos los pueblos. Un ejemplo de lucha por la libertad, de lo que costó obtenerla.

El Seder de Pesaj (Seder=Orden, por el orden en que se desarrolla la ceremonia comiendo los alimentos indicados como recuerdo de la saga de liberación de Egipto), celebrado generación tras generación, permite a cada judío afianzar sus raíces como parte del Pueblo Judío, al igual que lo hicieran todas las generaciones anteriores desde que salieran de Egipto, y lo que harán sus hijos, y los hijos de sus hijos, hasta la eternidad.

(Puedes acceder a la página web www.tiberioyosif.com con traducción a TODOS los idiomas)

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