52 años de relaciones Judaísmo- Cristianismo gracias a Nostrae Aetate. ¿Cómo sucedió?

Mtro. Ricardo Morales Arroyo

Para muchos de nosotros no deja de sorprendernos cuando vemos  las imágenes frecuentes de un Papa recibiendo a rabinos en su casa en Santa Marta, en el Vaticano,  o cuando visita alguna sinagoga en el mundo y ha sido recibido cálidamente por  la comunidad judía. La sorpresa se acrecienta cuando hemos visto a 3 Papas visitando el  Muro de los Lamentos (Kotel)  o brindando su respeto en el museo Yad Vashem.

¿Por qué la sorpresa? Porque luego de 2000 años de historia, no se había visto algo así,  y más bien  debemos reconocer con humildad que la relación de ambas religiones en el pasado fue una historia de incomprensión y momentos dolorosos que nunca más debieran repetirse.

¿Qué fue lo que sucedió para que se lograra dar este acercamiento histórico?

Hace 52 años el Papa Pablo VI firmó la Declaración Nostra Aetate, como parte del Concilio Vaticano II  y es el documento que marca la  diferencia en las relaciones judeo cristianas. Este documento hace dos declaraciones importantísimas, solemnes e históricas: a) reconoce las raíces comunes que existen y b) hace una condena formal al antisemitismo.

¿Cuáles fueron algunas de las circunstancias que propiciaron la elaboración de este valiosísimo e histórico documento?

Podríamos citar las siguientes:

  • Las raíces comunes en judaísmo y cristianismo, hacen que ambas religiones tengan lazos inseparables, así como la enorme herencia que emana del judaísmo antiguo y que el cristianismo ha guardado con celo en estos 2000 años de historia, especialmente  en lo referente al Tanaj o el Antiguo Testamento Cristiano.
  • Los inmensos descubrimientos arqueológicos en Israel han desencadenado un insólito conocimiento sobre el contexto histórico del siglo I e.c,  que ayudan a una mejor comprensión mutua.
  • La profundización en los estudios bíblicos especialmente a finales del siglo XIX y siglo XX que tanto en judaísmo como en cristianismo, han dado gran variedad de luces que ayudan a conocer mejor, tanto lo que tenemos en común, como a entender las diferencias que nos dan la propia identidad.
  • La Segunda Guerra mundial que fue uno de los acontecimientos más difíciles de la historia humana es para historiadores y pensadores tema de estudio por lo complejo y difícil que supuso este acontecimiento para la comprensión de la humanidad, especialmente por los horrores y atentados contra la dignidad del ser humano que tuvieron lugar,  en que la comunidad judía sufrió el exterminio sistemático de 6 millones de personas (la Shoá), situación que  hoy recordamos con dolor y reflexión para que nunca más se vuelva a repetir.
  • La invaluable labor del Papa Juan XXIII, hoy declarado santo por la Iglesia Católica. El Papa  Bueno, como era conocido,  cambió por completo la relación de la Iglesia Católica con el judaísmo, pues antes de ser Papa,  el entonces Obispo Angelo Roncalli tuvo la oportunidad de tener cercanía con la comunidad judía, de conocerle, quererle y  ayudarla  en repetidas ocasiones frente a la persecución de los nazis. Su experiencia con el judaísmo logra sembrar en él la necesidad de realizar un cambio histórico en la relación entre ambas comunidades religiosas, cambio que tiene lugar cuando llega al Papado y convoca al Concilio Vaticano II.

Cada una de estas circunstancias, ayudaron en su momento a que el judaísmo y el cristianismo lograran acercarse de una manera nunca antes vista.  Ahora vemos el fruto  de este proceso que lleva ya 52 años. Actualmente el respeto, reconocimiento y amistad que han procurado los Papas posteriores, especialmente el Papa Juan Pablo II y el Papa Francisco, ha consolidado esta relación de amistad invaluable.

Reconocer aquello que nos es común y trabajar juntos en procurar  la paz mundial, es un mundo donde la tragedia de la guerra y de los extremismos sigue causando dolor a la humanidad,  es una labor que apenas se inicia y es una tarea obligada.

El judaísmo y el cristianismo  se lo han tomado muy en serio y vale la pena que nosotros hagamos lo propio: analizar paso a paso nuestro pasado,  hacer el trabajo que podemos realizar en el presente  e inspirarnos sobre los frutos que podemos lograr en los años futuros. Bien amerita de parte de todos, aportar cada uno desde el judaísmo o desde el cristianismo el propio granito de arena a este  aire fresco que la historia nos ha permitido vivir y conocer.

Shalom Alehem.

Fuente: Diariojudío Mexico

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