Días inciertos

Tiberio Yosif Klein

En su trilogía “Fundación”, “Fundación e Imperio” y “La Segunda Fundación”, el escritor Isaac Asimov introducía la “psico-historia” de su personaje, el psicólogo Hari Seldon, como un método científico de predecir lo que sucedería en una sociedad. En la realidad sí es posible anticipar en cierta forma los sucesos posibles, pero es difícil tener certeza de que eso será así debido a la naturaleza humana, que depende no sólo de las conveniencias socio económicas de la clase dirigente, sino también de la personalidad de los líderes.

En Gran Bretaña ganó por poco el deseo de separarse de la Unión Europea. La primer ministro May, que no era partidaria de ello, ahora es la más urgente adepta a hacerlo contra todo evento, aún a costa de que el Reino Unido se desuna, con la huida de Escocia y quizás de Irlanda del Norte. En Estados Unidos, el presidente Trump, que ha dicho que “pensé que sería más fácil gobernar”, está haciendo lo contrario de lo que había prometido en varias cosas, como el acercamiento que tendría con Rusia y que ahora es antagonismo, y el alejamiento que tendría con China, y ahora acercamiento. Su decidida aparición en Siria, Afganistán y Corea del Norte, con lo que nuevamente ha aparecido en escena con la fuerza que el presidente Obama había debilitado. Francia, con las elecciones en las que el candidato “independiente” de izquierdas y derechas, si es que eso es posible, aparentemente ganará presidencia aunque no está claro si el Parlamento, dejando atrás las opciones más extremas. En Chile, donde habrá elecciones a fin de año, varios partidos de gobierno se han aglutinado con un candidato que también se ha declarado “independiente” sólo porque tiene más porcentaje en las encuestas, y no necesariamente por un programa que hasta ahora no se le conoce, lo que ha hecho que un partido de centro – “centro izquierda” – se haya escindido para ir por su cuenta. A la izquierda tradicional le ha salido al paso una izquierda más extrema y sesentera, lo que le complica todo el panorama que era hasta ahora plácido y conocido.

En Siria continúan los enfrentamientos en los que el dictador sirio Al Assad no es más que un monigote que sigue en píe sólo gracias a Rusia, a la que él no le interesa para nada, lo que protege son sus bases navales, aéreas y militares en la costa siria, las únicas que Rusia tiene en el Mediterráneo. No le importa que Al Assad lance gas sarín y cloro a poblaciones sirias, después de todo los rusos tampoco han demostrado ser demasiado cuidadosos en Chechenia o cuando han combatido a terroristas en su territorio, donde han muerto también muchos rehenes. Los “rebeldes” o “terroristas”, según sea quien los califique, en Siria, forman varios grupos que luchan contra el gobierno sirio, entre ellos Isis, que de a poco se va diluyendo. A todos los combaten los rusos, unidos a Irán, que lo que persigue, más que mantener en el poder a Al Assad, es apropiarse de Siria, tal como lo ha hecho en el Líbano con su brazo terrorista Hezbollá.

La frontera de Israel con Siria era la más pacífica desde 1973, estaban claras las demarcaciones con el ejército sirio, las que eran monitoreadas por observadores de las Naciones Unidas. A partir de 1981 Israel impuso su legislación, anexando las Alturas del Golán. Pero la guerra civil en Siria ha cambiado las cosas pues el  gobierno sirio ya no controla muchas áreas de su territorio, lo que ha cambiado la composición de fuerzas. En el sur del Golán domina el grupo Brigada de los Mártires de Yarmouk, aliados con Isis, pero no hacen problemas a los israelíes. El plan expansionista de Irán es lo que le preocupa a Israel. Si la influencia de Irán en Siria se consolidara, se abriría un nuevo frente terrorista ante el Estado Judío, que ahora estaría amenazado por Hezbollá – Irán – desde Líbano y Siria. De manera que no puede permitir de ninguna manera que Irán logre su propósito. Lo que persigue Irán es establecer un corredor terrestre que iría desde Irán a la región chiita de Irak, hasta conectarse con Al Assad en Siria y Hezbollá en Líbano. Así alcanzarían el Mediterráneo y la frontera de Israel desde el norte y el este.

Israel no aceptará que Hezbollá reciba desde Siria cargamentos de armas, y ha bombardeado varias veces estos, estableciendo un límite, una “línea roja” para impedir que reciban sistemas de misiles sofisticados. Existe para ello un entendimiento entre israelíes y rusos  con una línea directa entre un oficial de la fuerza aérea israelí que habla ruso y un oficial de Rusia, que coordinan para que no haya ningún percance. Esto funciona porque el interés estratégico de Rusia es diferente al de Irán, y no le interesa la seguridad siria cerca de la frontera israelí, como tampoco les interesa defender el armamento que Irán le envía a Hezbolla. El problema para Israel es que a pesar de que Hezbolla ha perdido muchos combatientes en Siria, también ha adquirido una experiencia en combate que lo convierte en un peligro latente. Con su enorme arsenal misilístico en el sur del Líbano, podrían tratar de hacer lo mismo en Siria como brazo de Irán.

Los que tienen la posibilidad de manejar la situación son los rusos. Si Rusia junto a Turquía estuvieran a un lado e Irán al otro, eso podría limitar lo que quisieran hacer los iraníes. De manera que depende de Rusia como manejará la madeja de las relaciones en la zona. Putin comprende cuáles son las necesidades estratégicas israelíes, y el primer ministro israelí Netanyahu se lo ha dado a conocer en una relación que se ha fortalecido en los últimos años. Es Rusia la que podría detener el proyecto iraní con algún acuerdo que frene el movimiento de las milicias iraníes, Hezbolla y la Guardia de la Revolución de Irán, en la zona. En cuanto a lo que haga ahora Estados Unidos con el impredecible presidente Trump en la región, está por verse.

(Puedes acceder a la página web www.tiberioyosif.com con traducción a TODOS los idiomas)

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