Discurso de Jorge Testa, presidente Federación de Estudiantes Judíos,
durante la conmemoración de Iom Hashoá

Un reconocido humorista judío argentino ha resumido las festividades y conmemoraciones judías como aquellas en las que “hace mucho tiempo atrás quisieron matarnos, a último minuto hubo un milagro y no pudieron hacerlo. Todos a comer”.

Me quedó dando vuelta que Iom Hashoa sea la excepción respecto a ese optimismo y celebración de libertad que inunda fiestas como Pesaj, quizás porque no cumple el requisito de haber sido hace “mucho tiempo”, o quizás solamente no es como las otras.

Desde que hace un par de años, luego de la primera vez que visité un campo de concentración, intento ver Iom Hashoá de una manera diferente. En esta ocasión decidí hacerme tres preguntas. ¿Es posible sentir cada Iom Hashoá de una manera distinta? ¿Qué aprendizajes se pueden rescatar cada año? Y ¿Cuál será el rol que jugaremos los jóvenes de hoy, respecto a Iom Hashoá, el día de mañana?

Cuando estaba en el colegio, cada abril una campana estremecedora nos rompía la rutina y el estómago para tomarnos un minuto de reflexión sobre la barbarie que hace solo tres o cuatro generaciones ocurrió.

Cada quién intentaba imaginar el frío entumecedor, las chimeneas humeando, y niños, como nosotros en ese entonces, sufriendo la inhumanidad del hambre en huesos.

Esa es la verdad, la que está documentada y la que está relatada por los sobrevivientes que todavía nos acompañan, la que cada vez más gente quiere negar o disminuir. Pero creo que conocer esa verdad no es suficiente.

El avance de las tecnologías y las comunicaciones nos hace cada día más fácil acercarnos a documentos, fotografías y poemas del Holocausto, y nos da las herramientas para entender por qué este episodio de exterminio sistematizado e industrializado es tan singular. Pero lamentablemente esta facilidad que nos entrega el desarrollo tiene como contrapartida el efecto de hacer progresivamente menos impresionante los crímenes que la humanidad -la cual al parecer nunca aprende- es capaz de perpetrar. Hoy no es suficiente ver y saber lo que pasó, porque nos da la sensación de que ocurre constantemente en todos lados y que es muy poco lo que podemos hacer más allá de ser espectadores, o en su defecto, cómplices.

Como me dijo una vez un amigo de la FEJ de la Unión Europea, somos la generación de los vidrios blindados. La generación que nació bajo la amenaza del terrorismo, y que por recordar Iom Hashoa sabemos que somos siempre susceptibles de las más atroces discriminaciones, vejaciones y torturas. Crecimos pudiendo escondernos del antisemitismo, juntándonos sólo con quienes nos conocen y a veces evadiendo a quienes no. Lo hacemos porque somos una generación traumada, pero también cómoda.
En la shoá también quisieron matarnos, también nos salvamos. Quizás cuando haya pasado tanto tiempo como el de pesaj, purim o janucá esta conmemoración terminará igualmente siendo una cena familiar de recuerdo y gloria.

Pero por ahora todavía nos queda tanto por aprender y sobretodo por hacer. Iom Hashoá -y más aún para nosotros, los jóvenes- tiene que ser una instancia en la cual recordemos, no por inercia, sino para reflexionar y actuar.

Hoy vemos cómo avanza un antisemitismo sin precedentes en Chile. Se puede observar en redes sociales cada día. Tenemos una tarea institucional complicada, sin duda un gran desafío. Sin embargo todo trabajo realizado es en vano si no somos capaces de crear conciencia y creo que los jóvenes podemos ser un punto de inflexión sobre esta materia.

Renovando e innovando. Poniendo sobre la mesa nuevas propuestas frente a lo que el miedo o la quizás la historia nos impuso. Si la principal causa de antisemitismo es que la gente no conoce a los judíos, pues es obligación darnos a conocer y participar más. Si queremos hacernos respetar y que se nos reconozca en un fututo que como minoría en este país también somos un aporte en múltimples ámbitos, hay que comenzar a asumir que tenemos una labor difícil, pero que mientras antes la asumamos, un mejor porvenir nos esperará.

Recordar, perdonar, nunca olvidar y actuar para que nunca más se repita.

Fuente: CJCh

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