Judíos ”aquí y en China”

Los judíos residentes en Yucatán fundaron el Círculo Judío de Mérida hace siete años con el propósito de crear un espacio para fomentar y preservar sus tradiciones, pero también impulsados por el ejemplo de los judíos de Quintana Roo, donde hay numerosos seguidores de esa religión.

“Hay tantos, que a Playa del Carmen la conocemos ahora como la pequeña Tel Aviv del Caribe”, dice Humberto Solís Martínez, miembro del Círculo de Mérida.

“En ese lugar ya se venden los tubitos del Mezuzá, que se colocan en las puertas de los hogares judíos y que se ofrecen en muchas tienditas y hotelitos”, añade. “El hecho de que tengamos tantos vecinos y una buena relación con ellos nos orilló a organizar nuestra propia comunidad en Yucatán”.

Calculamos que la comunidad judía en Quintana Roo tiene cerca de 2,000 miembros, afirman otros integrantes del Círculo Judío de Mérida, entrevistados por el Diario.
En Cancún, explican, a ojo de buen cubero hay por lo menos 600; en Playa del Carmen, Akumal y Tulum, otro tanto; en Cozumel, 200, y en Isla Mujeres, 80 más.
También hay seis sinagogas en todo el Estado: dos en Cancún, dos en Playa del Carmen, una en Cozumel y otra en Isla Mujeres.

Según los entrevistados, las sinagogas de Playa están una encima de la otra porque una es para los judíos norteamericanos y otra para los latinos.

“Lo que sucede es que a veces llegan rabinos que no hablan español, sino sólo inglés o hebreo y eso aleja a algunos. Por eso se abrió la sinagoga latina, donde se reza en español”, explican los entrevistados. “Son pequeños problemas comunitarios, nada importante”.

La sinagoga de Isla Mujeres alberga a un grupo de rabinos llamado Jabad, que van por todo el mundo en busca de comunidades pequeñas, como las del sur de México, para enseñarles los oficios religiosos y acompañarlos. Tratan de que la gente, a pesar de estar lejos de las grandes comunidades judías, viva su religión en sus pequeños círculos.
Hace poco los judíos de Mérida hicieron una fiesta y les mandaron gente de Jabad, que son rabinos o estudiantes para rabino que llegan y ayudan a los judíos de los pequeños círculos a celebrar sus fiestas y preservar su religión y sus tradiciones.

La comunidad judía local se compone principalmente de personas oriundas de otros países, incluso del mismo Israel, o de ciudades del interior de la República, que llegaron a vivir a Yucatán hace 25 ó 30 años “y que ahora son más yucatecos que la chaya”, afirma Solís Martínez.

Otros llegaron más recientemente y otros descienden de las antiguas familias judías yucatecas, que siguen practicando su religión.
Pero antes de ellos vivieron en Mérida varios judíos que fueron muy conocidos en el ámbito comercial. ¿Ellos no formaron una comunidad?, pregunta el Diario.

Teodoro y Abraham
Los miembros del Círculo Judío consultados confirman que, en efecto, en la década de los cincuentas y sesentas llegaron a Mérida Teodoro Stolovitsky y su socio Mauricio y Abraham Soloveichik.

No formaron una comunidad porque en ese tiempo no había la necesidad de hacerlo, por el número reducido de miembros, afirman.

Don Teodoro falleció en los años ochenta y don Abraham en 1985.
Los entrevistados señalan que la condición judía se adquiere por nacimiento o por conversión y en Mérida, dicen, todos son judíos por nacimiento, pero hay tres o cuatro que hicieron la conversión ortodoxa, “que es la que vale para que te reconozcan como judío aquí y en China”.

Ese certificado de conversión lo expide el Tribunal Rabínico de Israel o el de Nueva York.

Una de esas personas es una yucateca que se casó con un judío marroquí y se convirtió en una ceremonia realizada en Israel hace 20 años. Otro caso es el de Sonia Pech, que se casó con Rafael Gold, un músico norteamericano judío que llegó a Mérida como violinista de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, cuando tenía 21 años.
Aquí conoció a Sonia, entonces empleada de una dependencia de Cultura, y se casó con ella, no sin antes vencer las reticencias de la familia del músico.

Al principio fue un poquito difícil para la familia Gold aceptar a la novia, dice uno de miembro del Círculo Judío de Mérida, pero ella comenzó a convivir mucho con las familias judías locales y en cierto momento decidió seguir las tradiciones judías, sin imposición de Rafael.

Sonia hizo su conversión en Mérida y actualmente vive en San Francisco con su esposo.

Fuente:yucatan.com.mx

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