¿Cómo fue que once enfermeras sin raíces judías tuvieron que aprender idish?

Aranza Gleason

Nadie se extraña de que un médico estadounidense aprenda francés, o un médico francés español. Pero ¡idish! ¿Por qué un doctor o una enfermera necesitarían el idish para desarrollarse en su carrera profesional

Helen Shaw nos puede hablar un poco de eso. Ella era una nutrióloga de la clínica North End en la ciudad de Detroit. Tenía grandes problemas al trabajar con sus pacientes ya que la mayoría de ellos eran judíos europeos que se expresaban en idish. Harta de malos entendidos quiso aprender el idioma para mejorar la relación médico paciente.

Cuando empezó a investigar se dio cuenta que otras áreas del hospital tenían el mismo problema. A las que más les afectaba la carencia del idioma sobre todo era a las enfermeras, porque de ellas dependía el cuidado de los pacientes. Eso implicaba darles ánimos, acompañarlos a lo largo de su enfermedad y asegurarse de que las indicaciones médicas fueran entendidas correctamente. Por eso Helen Shaw decidió juntar fondos para financiar clases de idish a los trabajadores del hospital.

Habló con el director ejecutivo del hospital, quien escuchó su petición y la propuso al consejo donde fue aprobada. Así, para mediados de octubre de 1929, un grupo de once estudiantes empezó sus clases con el señor Abraham Lachover. Según sus propias palabras, un reto que parecía imposible por los pocos recursos disponibles, fue sencillo y agaradable, gracias al esfuerzo e inteligencia de sus alumnas.

Ni una de ellas hablaba una sola palabra de idish al iniciar los cursos y tras cinco meses de estudio y clases de una hora dos veces por semana lograron alcanzar el nivel de idish necesario para escribir una carta y mantener una conversación. La gran mayoría era estadounidenses, otras tenía ascendencia escosesa, irlandesa, italiana o finesa, sin embargo, había dos integrantes judías. Las cuales pudieron aplicar sus conocimientos no sólo en el trabajo, como las demás, sino también en su casa al comunicarse con sus padres.

El grupo aprendía el idioma del libro Yidish far Onfangers, un libro de texto para niños. El cual por supuesto no tenía todas las palabras que las enfermeras necesitaban como sarna u otras enfermedades, a las cuales las enfermeras respondían creativamente poniendo sus propios nombres. Todas tenían la licenciatura en enfermería y muchas continuaron estudiando para hacerse médicos. No cabe duda que fueron mujeres brillantes.

Información tomada de JTA.org

Fuente: Enlacejudío

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