Vini, vidi e non ho fatto niente

Daniel Kupervaser

Que Dios me ayude

Hoy, apenas el Air Force Number one despegó del aeropuerto Ben Gurión, con seguridad que Netanyahu destapó champagne rosado y encendió un puro cubano, de esos que le regalan sus amigotes multimillonarios, se distendió en un mullido sillón y se dijo a sí mismo: misión cumplida.

El Primer Ministro de Netanyahu no defraudó a quienes lo elogian por su excepcional capacidad de conducir maniobras políticas, no ya del enjambre partidario israelí, sino también, del más alto nivel internacional. Hoy demostró al mundo que es capaz triunfar allí donde el poderoso partido republicano de EE. UU fracasó estruendosamente: domar a ese caballo desbocado de la política estadounidense que se llama Donald Trump. Como sus predecesores en la Casa Blanca, también Trump debió conformarse con asumir la función de fiel sirviente de Israel.

Toda la alharaca de su capacidad de conseguir rápidamente un acuerdo de paz y solucionar el conflicto palestino-israelí, allí donde todos fracasaron previamente, se reventó en un solo día como globo de 5 céntimos. Repentinamente, como disco rayado, volvió a viejas y gastadas promesas huecas. Todos quieren la paz y está al alcance de la mano. Solo es necesario determinación y creencia. Probablemente ese sea el motivo por el cual, de las pocas horas de presencia en la región, una parte importante la dedicó a visitar el Muro de los Lamentos y la Iglesia del Santo Sepulcro. Allí donde su tan famosa capacidad negociadora falla sin que se logre el proyectado “ultimate deal”, probablemente Dios pueda ayudar.

Esta corta visita de Trump en Israel y Palestina se la puede caracterizar parafraseando la famosa frase de Julio Cesar: vini, vidi e non ho fatto niente. De todas su grandiosas y muchas veces totalmente contradictorias promesas no quedó nada. Los palestinos se quedaron en el aire con la promesa de la institución rápida de un Estado Palestino, y la extrema derecha israelí tendrá que guardar sus planes de concretar la Gran Israel para un futuro lejano. El gran triunfo es de Netanyahu. Trump se convirtió en su gran aliado para garantizar la eterna permanencia del statu quo vigente.

La sociedad israelí tiene asegurado otro largo periodo de más de lo mismo. Muchas promesas falsas y no poca sangre y lágrimas. Es cierto lo que le dijo Trump a Mahamud Abbas: “No se puede promover la paz y paralelamente financiar terrorismo”. Lo que el presidente estadounidense se olvidó es que, si no se promueve, y en la práctica se sabotea, la creación del estado palestino, será muy difícil y probablemente imposible impedir el terrorismo, de la misma manera que los ingleses no pudieron limitar el terrorismo judío en los años previos a la independencia de Israel.

 

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