Elisha Wiesel: sobre rebeldía y el amor de su padre, Elie Wiesel

“Sólo sé”.
Conforme avanzaba el cáncer con violencia episódica, y mi padre se acercaba a su final, le preguntaba qué podía hacer por él. Sonriendo, me sostenía la mano, me miraba a los ojos y decía: “Sólo sé”.

Sólo eso. No requería nada más. Ningún mensaje, ninguna exigencia. Lo único que quería mostrar era su amor por mí, y su fe en mis propias elecciones. Quería que yo comprendiera lo que mi existencia significaba para él, no el concepto de un hijo, sino yo mismo, lo bueno, lo malo, lo imperfecto y defectuoso, todo junto. “Sólo sé.”

La educación de mi padre había comenzado a edad temprana. Cuando yo era niño, se esforzaba por seguir las instrucciones de los sabios rabinos que decían que los padres debían enseñar a sus hijos a nadar. Aunque mi padre no sabía nadar, y mi madre se aterrorizada cada vez que se acercaba a una piscina, yo tenía un instructor de natación. Hace 30 años, sus demandas eran más específicas, aunque con menos amor y confianza en mí. “Sé buen alumno, sé buen hijo, buen judío,” decía.

De joven, hice todo lo contrario. Me rebelé contra la escuela, contra mis padres y contra mi tradición. Mi padre no tenía las herramientas para explicar las reglas de la adolescencia moderna y yo estaba enfurecido. Su amor era demasiado pesado de soportar, la confianza que tenía en mí era equivocada.

Una vez, un jasid preguntaba a su rabino hasta dónde su hijo se había extraviado. El rabino respondió: Ama a tu hijo más.

Mi padre debió oír esta historia porque la puso en práctica. Él creyó en mí aunque yo no creyera en mí mismo. Él creyó en mí cuando emprendí un viaje que me llevaría muy lejos del judaísmo y de él mismo. Y creyó en mí cuando le gritaba que no quería tener nada que ver con su religión, que sería ateo o budista, cualquier cosa menos lo que él quería que yo fuera.

Mi padre seguía diciéndome que fuese buen alumno, buen hijo, buen judío. Pero lo decía con más calma. Y seguía dando el ejemplo al estudiar Torá, y honrar el nombre de sus padres, defendiendo al pueblo judío y los valores judíos. Tal vez él había aprendido más de lo que me di cuenta al ver al instructor enseñarme a nadar cuando tenía 2 años, que lo más importante es dejar ir.

¿Cómo podía mi padre amarme como lo hacía, cuando mi falta de respeto era tan severa?

Su amor por mí era un amor imposible. Su confianza en mí era imposible. Pero él creía en cosas imposibles. Y ahora yo también tengo creencias imposibles, creencias que no se ajustan al pensamiento racional. Creo que todavía está conmigo, todavía cree en mí. Al fallecer, dejó de estar, y de pronto estaba en todas partes. Era como si el universo proyectara su amor por mí, diciendo: aún te amo, siempre te amaré. Estoy contigo en todo lo que haces.

“Sólo sé.”

Recientemente me encontré con una amiga que mientras crecía, sentía que nada era suficientemente para su padre. Siempre había que destacar, ganar un trofeo más, demostrar. Cuando pregunto acerca de su relación con él, me dice que siempre puede oír a su padre susurrar: “no es suficientemente.” ¿Qué escuchará por el resto de su vida tras la muerte de su padre? ¿Y qué efecto tendrá esto en ella?

Hoy pienso en cómo quiero que mis hijos me recuerden. Un día mi hijo y mi hija dirán Kadish e Yizkor por mí. ¿Qué recordarán más, mis errores o mis certezas? ¿Me recordarán por haberlos amado tanto, y haber creído que pueden hacer todo lo que se proponen?

Yizkor es para los muertos y para los vivos. Es un recordatorio de nuestra propia mortalidad. Es un recordatorio para decidir quiénes queremos ser y cómo queremos ser recordados.

¿Dice usted todo lo que tiene que decir, como mi padre lo hacía, hasta que no quede nada más que decir? ¿Vive cada momento que tiene en esta tierra? ¿Alguien ha tenido un mejor día por algo que dijo o hizo?

Si sus hijos aún viven con usted, ¿logra volver temprano del trabajo para jugar con ellos?

¿Se cuestiona cómo enseñar a sus hijos – cuándo dejar de enseñarles y empezar a confiar en ellos, reconociendo que esta puede ser la mejor lección de todas?
¿Y cuándo preguntan qué deben hacer o qué pueden hacer por usted, podrá decirles con todo su ser “sólo sé”?

Fuente: The Times of Israel

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