Ortodoxia y libertad

Mario Satz

Cuando vemos el desprecio que los judíos ortodoxos sienten por los reformistas percibimos vagamente  las guerras de religión entre católicos y protestantes,  en las que ambos bandos perdieron, tanto vidas humanas como credibilidad. Todo lo que el ser humano ha ganado en libertad y lo que aún hoy llamamos progreso, ha surgido del espíritu de la Reforma y no de la ortodoxia, judía o católica, cuyo orgullo sacerdotal les lleva a  mostrar una arrogancia  a la que  siempre hay que pararle los pies. ¿Quién es Shas para hablar en nombre todo el judaísmo? ¡Qué difícil es compartir y qué fácil criticar! Hasta el rabino Lau sostiene que el pueblo del libro está dejando de serlo para devenir un pueblo de comerciantes que abre los supermercados en sábado. Deberíamos ser libres de abrir o no abrir, pues como dijo nada menos que Mahoma, no puede  haber coacción en la vida espiritual. Y la ortodoxia es pura coacción, sometimiento. Israel debe fortalecer cuanto antes la visión laica de su estado si no quiere que la marea negra oscurezca su destino. Detrás de la ortodoxia solo  hay loros y repetidores de noes; no a esto, no a lo otro, puro desprecio del prójimo. Cuando a mediados de la década del siglo pasado un genio como Bashevis Singer dijo que cada año en el exilio  agregó una prohibición más a nuestras costumbres, estaba señalando-indirectamente- la mediocridad del pensamiento religioso ortodoxo, su limitada visión del mundo,  y tuvo que llegar el sionismo para liberar al pueblo judío de la mayor parte de sus tics y cadenas, labor que aún no ha terminado, ya que la ortodoxia, en un mundo descreído, gana de más en más adeptos y amenaza y desprecia la vida del laico. En casa y también fuera de casa vemos esa oposición.  No hay ninguna diferencia entre nuestros ortodoxos judíos y los de los iraníes:  comparten la misma intolerancia y rechazo de y por la libertad.

Fromm escribió en su libro El miedo a la libertad  que es justamente ese miedo, el miedo a ser libre, lo que rebaja al hombre religioso a ser un mero pelele del pasado. Religioso o, para el caso,  firme creyente en un único partido político. Es evidente que la ortodoxia conserva, preserva y observa, pero crear no crea nada, pues si así fuera lo sabríamos.  La polémica sobre quién debe y puede rezar en el Muro es una estupidez digna de mediocres. El mundo es de colores, biodiverso, y no únicamente negro que es lo que sucede cuando le ha pasado por encima un incendio. Así, el fuego del hombre ortodoxo, ya pasó. Hoy  vale mucho más lo que permite que nuestras cocinas funcionen con placas solares que con la zarza ardiente. Israel ha renacido para hacernos libres, cada vez más libres sin dejar de ser responsables.  La pluralidad, política y social, garantiza la existencia de la libertad, al revés de lo que sucede con la ortodoxia, que allí  donde reina y detenta el poder-ya sea mediante el socialismo del siglo XXI de Maduro o apelando a las ideas de los ayatolás persas-acaba en desabastecimientos y más y más restricciones. Hay ideas que son cárceles y hay ideas que son las llaves para abrirlas.

El hombre libre surge de sus contradicciones, confía en lo espontáneo. El ortodoxo obedece y acata, está enfermo de exclusividades cuando la verdad es que todo es interdependiente y las fronteras, reales o imaginarias, son ilusorias. No hay más identidad judía en  un  ortodoxo que en un reformista o en un ateo: Israel los abraza a todos con el mismo amor. Siempre y cuando se mantenga como un país democrático y abierto a  la disparidad y el disenso.. Ah, un último detalle: es difícil imaginarse al rey David vestido de negro y obsesionado acerca de quien rezará o no rezará en el templo que va construir. Como todos nosotros, fue un feliz pecador. Veía colores y salmos en todas partes.

Fuente: PorIsrael

Las opiniones vertidas en este Portal son responsabilidad de quien las emite.
 Comparta este articulo con sus contactos:
 
Home