En aquella oscura y fría noche de invierno

Guido Maisuls

En aquella oscura y fría noche de invierno (entre el 3 y el 4 de agosto del 2017) desperté de un pesado y borrascoso sueño y de pronto percibí un fuerte resplandor al fondo del pasillo…

Como un sonámbulo, aunque consciente de mi estado, me dirigí en búsqueda de esa potente luz y atraído por su brillo prometedor del jardín de Edén. Cuando logré sortear esa chirriante y pesada puerta que se interponía entre el futuro y yo, me encontré con un espectáculo increíble.

Alrededor de una gran mesa oval, cubierta de un enorme mantel de terciopelo rojo, estaban sentados diez personajes muy serios, solemnes, elegantemente ataviados con ropaje de gala y desde sus familiares rostros se irradiaba una aureola de nobleza, inteligencia y sabiduría que me enceguecían.

Ante este distinguido grupo de personas tan brillantes y creativas, surgió desde un rincón del alma esa tremenda duda que me viene inquietando sobremanera desde hace muchos años. Y con un fuerte impulso que brotaba desde mi interior, les arrojé (literalmente hablando) sobre su gran mesa de reunión mi viejo interrogante: "Muchas veces me pregunto. ¿Porque escribo? ¿Para qué? ¿Para quién? ¿Para mí o para los demás? ¿Qué necesidad interior me impulsa a expresar lo que veo, lo que siento y lo que ocurre dentro de mí al mirar a mi alrededor, a mi ciudad, a mi país y al mundo?"
El primero en responderme fue el español Camilo José Cela quien con un tono áspero y adusto me arrojó una frase impactante que penetró en mi mente como un punzante rayo de luz: "La más noble función de un escritor es dar testimonio, como acta notarial y como fiel cronista, del tiempo que le ha tocado vivir"
Alcancé a reconocer entre los integrantes de tan distinguido foro al escritor inglés Graham Green que me explicaba las bondades terapéuticas del arte de escribir: "Escribir es una forma de terapia. A veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, los que no componen música o pintan, para escapar de la locura, de la melancolía, del terror pánico inherente a la condición humana".
Me sorprendió profundamente encontrar al legendario Miguel de Cervantes Saavedra mostrándome los profundos manantiales de "Don Quijote": "Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobre todo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia donde quiera que estén."(...).
Y el visionario y creativo Isaac Asimov me proponía una confesión que yo ya la tenía incorporada en mis entrañas: "Escribo por la misma razón que respiro... porque si no lo hiciera, moriría".
Me resultaba familiar cuando el legendario y genial Orson Welles me expresaba genialmente el oculto deseo narcisista de cada pretendido escritor de conseguir aplausos…"Lo peor es cuando has terminado un capítulo y la máquina de escribir no aplaude".
Mientras reconocía a la memorable Victoria Ocampo en la imagen de una mujer distinguida y elegante que tomaba la palabra y con me explicaba el leitmotiv de su vida: "Pero yo no soy una escritora. Soy simplemente un ser humano en busca de expresión. Escribo porque no puedo impedírmelo, porque siento la necesidad de ello y porque esa es mi única manera de comunicarme con algunos seres, conmigo misma. Mi única manera".
De pronto se incorporó un hombre de porte noble, el inconfundible Walt Whitman que con una extraña tonada anglo parlante me aconsejaba casi a quemarropa: "No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario. No dejes de creer que las palabras y las poesías si pueden cambiar el mundo".
Logrando identificar entre la concurrencia al notable escritor paraguayo Augusto Roa Bastos que me sorprendía como justificándose con: "Escribo para evitar que al miedo de la muerte se agregue el miedo de la vida".
De pronto escuché desde su asiento al escritor español Antonio Soler que entre la rebeldía y la racionalidad me explicaba su posicionamiento: "El escritor debe ir contracorriente si quiere conquistar territorios a la imaginación".
Aquel con quien me llegué a sentir identificado en sus mas ocultos deseos fue el checo Milán Kundera quien me trasmitía su intima indiscreción de: "Escribo por el placer de contradecir y por la felicidad de estar solo contra todos".
Se me caen lagrimas de emoción cuando Isidoro Blaisten me representaba a ciertos seres humanos que pululamos por el mundo: "A lo mejor escribir no sea más que una de las formas de organizar la locura".
Jean Piaget me conmovía realmente con la verdadera identificación que me producía al decirme: "Yo no podía pensar sin escribir".
Luego de esa tremenda e inolvidable experiencia he ratificado y estoy plenamente convencido de aquello que siempre me ha inspirado y me motiva a escribir:
"Hoy escribo para ustedes, para todos los que llamo mis hermanos del mundo, escribo para vos, sin importarme tu ideología y sus falsas interpretaciones de izquierdas o de derechas. Sin importarme el color de tu piel, ni tu edad, ni tu sexo, ni tu condición socio económica, ni tu nacionalidad, ni tu idioma aunque mi español natal me acompañe desde que estaba en el vientre de mi madre."
"Sin importarme tus creencias espirituales porque estoy seguro que Mi Dios y el Tuyo es el mismo. Escribo exclusivamente para aquellos que compartan conmigo el paradigma de una justicia digna para todos, para los que luchamos por conquistar una paz autentica y verdadera sin hipocresías ni especulaciones, para los que soñamos con la verdadera felicidad de compartir entre todos, esta creación perfecta: Nuestro Mundo"
Te presento mi más sinceras disculpas por haberte atosigado con esta parafernalia de palabras, frases e intenciones pero no tuve otro camino ya que ellas son la auténtica razón de mis pensamientos y emociones. Espero que la hayas comprendido y quizás también compartido.

Fuente: Identidades

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