Cómo dejé de odiar a Israel

Sebastián Parra

La historia de un universitario latino que odiaba a Israel y su transformación en Sionista.

Algunos universitarios ansían causas para tomar posiciones ideológicas sobre ellas y portarlas como símbolos de su benevolencia y virtud. Las buscan tanto como un joven explorador busca una medalla de honor que resalte su superioridad moral. Yo era uno de esos.

Yo era el estereotipo negativo de un activista de “justicia social” que se aferraba a ideas superficiales sobre temas increíblemente complejos. Como liberal progresista, había muchas cosas que odiaba en el mundo, e Israel encabezaba la lista.

Crecí en Colombia como un Cristiano Protestante amando a Israel y semanalmente aprendiendo en la iglesia por qué debería amar a Israel. Pero en la universidad aprendí a odiar a Israel. Sabía el significado de los antiguos israelitas para el cristianismo, pero yo odiaba a los israelitas modernos. Coleccioné e internalicé los estigmas asociados con el sionismo y el Estado judío: apartheid, ejército de ocupación, violadores de los derechos humanos e incluso: “terroristas”.

El terrorismo era un tema delicado para mí. Mi familia vino a los Estados Unidos en el 2006 buscando asilo político y tuvimos la bendición de recibirlo. Crecí en una región particularmente violenta de Colombia donde el conflicto armado tomó cientos de vidas.
En mis 14 años creciendo alrededor de este conflicto, quedé casi entumecido ante el horror. Las personas asesinadas por sicarios en las calles, los secuestros, las redadas de guerrilla, las bombas, los ataques terroristas a la red eléctrica y los puntos de control militares eran normales. La violencia era la “norma” y todo el mundo estaba traumatizado como consecuencia. Dejé Colombia, pero las pesadillas no me dejaron.
Esta es precisamente la razón por la que odiaba a Israel. Unos años después en la universidad, “aprendí” cómo el ejército de Israel mató a civiles inocentes para robar sus tierras y bombardear indiscriminadamente a niños inocentes en Gaza. Me dolió el corazón al ver las imágenes de los palestinos muertos y hasta un profesor judío hacía hincapié sobre estas falsedades: “Israel trata a los palestinos como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) tratan a tu pueblo” me dijo un día. Me demostró que hasta los judíos condenaban a Israel, así que seguramente yo estaba en lo cierto.
Me convertí en una apasionada víctima del sesgo de información, buscando artículos en los medios de comunicación que reforzaran mi predisposición anti-Israel. Mi pobre madre a veces intentaba interponer un punto de vista más matizado. ¿Qué sabía ella en comparación con mis profesores? Le grité: “Mamá, mira a estos israelíes sin corazón y sus puntos de control en una tierra que no les pertenece”. Perpleja por lo que su hijo decía, mi madre oraba para que un día ocurriera un milagro que llevaría a cambiar mi mente.

Su oración fue contestada.

Híper-involucrado y sirviendo en múltiples posiciones de liderazgo en el campus, me convertí en el primer latino en servir como Presidente del Cuerpo Estudiantil. Como Presidente de la Universidad Estatal de Georgia En enero de 2015 recibí el Premio Humanitario Dr. Martin Luther King Jr. por “promover el multiculturalismo”. Poco después de la toma de posesión como presidente, recibí un correo electrónico que cambiaría mi vida para siempre.

Un grupo de estudiantes israelíes en colaboración con StandWithUs me invitaron a participar en un programa para que líderes estudiantiles de EE.UU. visitaran Israel y experimentaran el país con sus propios ojos. Yo estaba emocionado de ver los lugares sagrados cristianos, pero también quería ver el “apartheid” en persona y regresar a casa como un héroe que fue a la boca del infierno y vivió para contar la historia.

No pasó mucho tiempo luego de mi aterrizaje en Israel para que quedara completamente atónito, viendo lo ignorante que había sido por tanto tiempo. Todo lo que creía saber era una completa mentira. Me sorprendió la diversidad de la sociedad de Israel. Me presentaron muchos hechos históricos desconocidos para mí, como que los judíos Orientales (Mizrahim) tuvieron que huir de las tierras árabes donde fueron perseguidos. Estaba deslumbrado por las historias de Matan, nuestro fotógrafo, cuya familia tuvo que huir de Yemen, donde los judíos aún enfrentan opresión hoy en día. Me inundaron lágrimas cuando Keren, una de las organizadoras del viaje, me habló de las experiencias de su familia en Ucrania. De repente, mis ojos estaban abiertos a la esencia de Israel: un hogar para aquellos que estaban sin hogar durante casi dos milenios.

Me di cuenta que la historia de mi familia era la historia de Israel. Aunque mi familia no pueda regresar a nuestra tierra debido a la violencia, Israel ha sido la madre patria del pueblo judío que regreso allí para recuperar las riendas de su destino y construir una sociedad admirable. Me di cuenta de que había sido sionista desde siempre, que apoyaba los derechos de autodeterminación de los pueblos indígenas en su tierra natal. Dejé de odiar a Herzl y me di cuenta de que él era el Simón Bolívar del pueblo judío.
Durante diez días recorrimos Israel y Cisjordania, pasamos tiempo con etíopes, árabes israelíes, judíos de todo tipo, palestinos, beduinos, políticos, víctimas del terror, supervivientes del Holocausto e incluso llegamos a la fiesta en una discoteca latina en Tel Aviv. Me enamoré de este increíble país y fui educado sobre su historia a través de intensas conferencias académicas con expertos.
Volví a casa, fuerte y orgulloso. Quería compartir con el mundo que Israel es un faro de esperanza y libertad.

Pero esto no fue bien recibido en muchos de mis círculos sociales. En Twitter, alguien deseó que me quemaran en un horno después de tomar una posición contra el terrorismo. Algunas personas publicaron una carta abierta que me denunciaba como “racista” y me pedían que fuera neutral en el conflicto israelí-palestino. Me amenazaron con el derrocamiento forzado político y me pidieron que justificara mi supuesta “postura inexacta” sobre el tema. Tenía miedo porque, aunque sabía que Israel no era un estado apartheid, no sabía cómo explicarlo.

Tuve la suerte de estar rodeado de gente que me apoyó y me ayudó a superar esta situación. La Coordinadora de StandWithUs para el Sudeste Americano, Lauren, vino a reunirse conmigo en persona y me ayudó a prepararme para esta reunión. La directora de Hillel del campus, Verónica, me ayudó a tomar valor y defender la verdad. Y muchos otros amigos que me animaron a defender lo que es verdad y no tener miedo al decirlo.
Han pasado más de dos años desde que visité Israel por primera vez y mucho ha cambiado, excepto mi pasión por él. Ahora soy el Coordinador Hispano de StandWithUs Latinoamérica desde Atlanta. Actualmente me dedico a entrenar, dirigir y apoyar a otros Hispanos Cristianos que se enfrentan a desafíos como los que yo me enfrenté. Estoy agradecido de que pude ver la verdad y superar mi odio equivocado hacia el Estado de Israel. Sólo espero poder servir a más personas para liberar sus mentes de los patrones de pensamiento odiosos y de la moralidad selectiva hacia la cuestión israelí-palestina. Si puedo lograr mi objetivo, será la única insignia que quiero ganar.

Versión en español del artículo “How I Stopped Hating Israel” autorizada por el autor.

 

*Sebastián Parra es actualmente el Coordinador Hispano de StandWithUs Latinoamérica y ha trabajado con esta organización desde su graduación en mayo del 2016.

Fuente: Enlacejudío

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