El Dybbuk, el Golem y los fantasmas del judaísmo

Cuando se acercan octubre y noviembre todas las tiendas para niños y supermercados se llenan de dulces para Halloween, calaveritas para Día de Muertos, disfraces de fantasmas, demonios y criaturas de todo tipo. Excepto … el supermercado kosher. ¿Por qué? ¿Acaso los judíos no creemos en demonios, fantasmas y seres de otro tipo? ¿Cuál es la concepción de la maldad en el judaísmo y cómo se expresa?

La pregunta es complicada, depende de a qué judío le preguntes. Sin embargo, vamos a tratar de abordarla lo mejor posible. Aunque no celebremos Halloween ni pongamos ofrenda de muertos el 2 de noviembre, sí existen ciertas figuras fantásticas y un tanto terroríficas en nuestra tradición y cultura que aparecen en el Zohar,

los midrashim (relatos) y el Talmud. A continuación trataremos de abordarlos lo mejor posible para marcar una diferencia entre las criaturas que conforman nuestro imaginario judío y aquellas que son populares en la cultura occidental.

La maldad en el judaísmo
La primera diferencia esencial entre el tipo de criaturas malignas pertenecientes al folclore occidental, característico de Halloween y las criaturas descritas por los textos judíos es que en el judaísmo no existen seres espirituales malvados como tal. La maldad sólo pertenece al hombre, es una tendencia interna; una actitud hacia la vida y el cúmulo de varias decisiones tomadas. No existe el Diablo en el judaísmo, ni nada que se le parezca. Las criaturas fantásticas como demonios, sombras y fantasmas pueden ser destructivas, o tener propensiones al mal, pero no son malvadas en sí; no tienen profundidad espiritual que se lo permita. Además, son inferiores a los hombres, por lo cual dependen de ellos y no pueden afectarlos significativamente. A continuación hablaremos de ellas.

Demonios, duendes y criaturas de las sombras
Unas de las criaturas mitológicas judías menos conocidas y poco populares son los shedim, comúnmente traducidos como demonios. Su existencia en este mundo no es clara. Varios pasajes del Talmud, del Zohar y de textos medievales los describen como criaturas con propensiones a la destrucción, invisibles para el ojo, que actúan y tienen presencia dentro de nuestro mundo. Se consideran seres de las sombras que tienen tanto características similares a los ángeles, como características similares a los animales.

Son angelicales en el sentido que no tienen presencia física y animalescos en el sentido que están hechos a base de instinto. Son una especie de espíritus que no pueden habitar las cortes celestiales porque no son puros ni perfectos; son meramente una energía o inercia destructiva incontrolable y salvaje. No tienen libre albedrío y son un tanto malignos en apariencia.

Su creación se le adjudica a varias fuentes. Algunos midrashim adjudican su existencia a D-os mismo, narran como este tipo de seres fueron creados en el crepúsculo del sexto día entre el atardecer del viernes y el inicio de la noche que da pie a Shabat. Otros cuentan que Lilith, la mujer que nació antes de Eva era una de estas criaturas y engendró junto con Adán a todos los demonios existentes, mientras que más relatos (especialmente relatos jasídicos) aseguran que son los hombres quienes con sus maldiciones y malas acciones fueron capaces de traerlos a la tierra. De cualquier manera, se piensa que estos seres permanecen y habitan principalmente el mundo del crepúsculo, un mundo intermedio que ni termina de ser de esta realidad ni pertenece a otra.

Aunque no pueden ser vistos, el Zohar los describe de varias formas a veces como duendes pequeños con patas de gallo, otras como figuras con alas y garras y a veces simplemente como sombras. Sin embargo, varios rabinos han argumentado que estas descripciones son metafóricas, dicen que estos seres realmente no tienen dicha forma descrita. Incluso grandes sabios y rabinos como Maimónides han puesto en duda la existencia misma de dichas criaturas; afirman que la metáfora del Talmud no solo se extiende a las formas de los seres, sino que la misma existencia de los shedim es metafórica. Es decir, no existen.

Incluso, ha habido rabinos modernos que leen en estos pasajes una referencia a virus y enfermedades mentales. Sea como sea, es una discusión que hasta nuestros días sigue abierta. Grandes cabalistas de nuestra era han defendido su existencia y el mismo rab. Hirsch aceptaba que no se puede llegar a una conclusión determinante sobre este tema. Existen suficientes elementos para aceptar la presencia de estos seres en nuestro mundo y suficientes elementos para negarla. En cualquier caso, lo que sí es seguro es que está determinantemente prohibido por la halajá tratar de contactarlos bajo cualquier medio ya sea magia, brujería o encantos.

Shedim e ídolos
Otra connotación que se le da al nombre de "shedim" es en referencia a los ídolos falsos de las otras culturas. El Talmud nos dice que para que cada criatura o ser existente, hay un espíritu que lo mantiene en la existencia; una energía espiritual que sostiene su materia.

El Sol tiene un espíritu, la luna tiene un espíritu, las plantas, los animales, y todo lo que existe. Se nos dice que Enosh (uno de los descendientes de Caín que vivió durante la época del Diluvio) podía ver los espíritus de los grandes cuerpos celestes e intentaba tomar esa energía y redirigirla para crear efectos paranormales. Es decir, tomaba toda la energía espiritual que sostenía al Sol y la redirigía al ídolo. De tal forma que el ídolo hablaba, se comunicaba o hacía cosas fuera de lo común. A estos espíritus redirigidos, a estos dioses falsos o ídolos también se les llama shedim. Son espíritus a los cuales les fue dada una forma material. El más conocido de todos, en su forma benigna es el Golem de Praga.

El Golem de Praga
Aunque no se le llame seguido de esta forma el Golem de Praga es un shedim un espíritu sin forma al cual se le dio materia. Sólo que este espíritu era un espíritu benigno. Golem en hebreo quiere decir incompleto, sin forma y es antes que nada, una criatura creada del barro a la que se le da vida. Aparece descrito en el Sefer Yetzirá (un libro de Cábala). El procedimiento necesario para crearlo sólo se le permite a determinado tipo de personas y con mucha reserva.

El más famoso de los rabinos que tuvo acceso a ello fue rabí Yehuda ben Betzalel Loeb, mejor conocido como el Maharal de Praga (1525 – 1609). Él era un hombre sabio, conocido por todos como un hombre justo y benevolente, el mejor cabalista de su época. Fundó una gran academia talmúdica, conocida con el nombre de Klaus; y era reconocido en el mundo no judío por sus grandes conocimientos de astronomía.
Se volvió popular en la cultura judía porque un día formó un hombre del barro y a través de escribir en su frente el nombre de D-os le dio vida. A esta criatura se le llama el Golem de Praga. Ayudaba a todo tipo de labores, como cargar agua, cortar leña, cocinar; pero sobre todo protegía a los judíos de ataques antisemitas y otros peligros de la época.

Era extremadamente tonto, no podía hablar, y vivía sólo gracias a una tabilla que el rabino colocaba en su boca. Cuando empezó a revelarse y volverse peligroso el Maharal decidió deshacerlo y enterrarlo en su ático. La historia se ha hecho tan popular que ha inspirado, libros, noveles, leyendas y películas alrededor de esta figura. Incluso se ha incluido en el lenguaje popular, se usa el término "golem" para insultar a alguien y decirle que carece de inteligencia.

El Dybuk y los fantasmas
Otro ejemplo de un espíritu que toma un cuerpo que no le corresponde naturalmente es el dybuk. Sin embargo, esta criatura no es maligna, no depende de espíritus materiales como el Golem ni de demonios, sino directamente de almas humanas. Varios textos judíos del siglo XVI nos hablan de ellos. Nos dicen que hay almas mucho más unidas al mundo material que otras. Estas almas se rehúsan a entrar al Gueinom (Purgatorio judío) y por ello permanecen un rato más en este mundo. En su desesperación por mantenerse en el mundo material intentan unirse a un cuerpo, el que sea y terminan habitando el cuerpo de otra persona. A ese ser se le llama un dybuk.
El Talmud y textos cabalísticos hablan sobre exorcismos. Sin embargo, éstos son muy distintos a lo que comúnmente se cree. No se está tratando de librar a un demonio o espíritu maligno de un cuerpo, este tipo de seres no tienen la fuerza suficiente para entrar al cuerpo de un ser humano, ni desean hacerlo ya que están conformes con su existencia no material. Sólo un ser que ha probado los placeres materiales puede desear permanecer en ellos.

De tal forma, que el exorcismo no busca dañar ni eliminar el alma que ha poseído a la persona, sino ayudar a redirigirla al mundo espiritual, el lugar donde debe de estar. También se mencionan casos en los que el alma queda atrapada en un árbol, un animal, un cuerpo de agua u otro ser. Generalmente cuando el alma se da cuenta de su error y quiere salir de la condición en que se encuentra ya es demasiado tarde. Necesita de alguien más que la libere, que haga un tikún(reparación) por ella. En distintos rezos pedimos por la liberación de estas almas.

Nota final
Cabe remarcar que aunque hay suficientes argumentos toraicos y talmúdicos que hablan sobre estas criaturas, numerosos rabinos a lo largo de las épocas han cuestionado su existencia en este mundo, aclarando que su presencia en los textos es metafórica. Aquellos rabinos que aceptan su influencia en este mundo, constantemente nos recuerdan que dichas criaturas son muy inferiores al ser humano y por ello, éste tiene la suficiente fuerza y voluntad para alejarlas.  Nos dicen que el mejor antídoto para tenerlas lejos es rezar, hacer acciones buenas y acercarse a D-os.
También es importante remarcar que estas figuras se han hecho presentes en la literatura judía y el folclore, por lo cual en algunos relatos, obras de arte y leyendas han tomado un significado distinto al original.

Fuente: Enlacejudío

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