Parashá Vaerá

Jorge Tachauer Sebök

      “Habló Elohim a Moshé y le dijo a él: Yo soy Adonai. Yo me aparecí a Abraham, a Itzjak y a Yaakov como el Todopoderoso”.

¿Por qué D’s decidió aparecer ante Moshé en una zarza? 

Para mostrar Su modestia: la zarza es un pequeño e insignificante arbusto. Y también para subrayar el aspecto simbólico del acontecimiento: la zarza es Israel. Así como el pájaro no puede penetrar en la zarza sin quedar atrapado en sus espinas, los enemigos de Israel, de entonces y de hoy, no podrán perjudicarla sin quedar ilesos. El precio puede ser muy caro para ellos.

Y un Midrash:

“Por lo general, cuando alguien quiere provocar un desastre a su enemigo, lo ataca de repente, tomándolo por sorpresa. No así el Eterno, quien advirtió a Faraón antes de cada plaga, para darle la oportunidad de arrepentirse”.

Entre estas dos cotas, estos dos límites se mueve Moshé.

              Cada revelación divina tiene su sentido. Para dar la Torá, lo más valioso, a Israel, D’s se manifestó desde lo alto de la montaña. Cuando D’s habló a Moshé en Midián era para sacar a Israel de la esclavitud. Y qué más simbólico de la esclavitud que la zarza. Es fácil meter la mano en la zarza; es muy difícil y doloroso sacarla. Entrar a Egipto fue relativamente fácil. Salir de Egipto fue muy difícil y costó muchas vidas.  

          Conocemos muchas esclavitudes:

* Esclavitud económica.

* Esclavitud del bienestar.

    En ambos casos el tener menos dinero y menos bienes que los esperados produce infelicidad.

* Esclavitud del vicio. Cada época de la humanidad tiene los mismos vicios del egoísmo, la envidia, el fanatismo, la ambición desmedida por bienes materiales y por el acceso a posiciones de poder. Fácil es enviciarse y difícil es librarse.

La revelación en la zarza es una advertencia:

        No se conviertan en esclavos por culpa propia.

     Cuando D’s encomendó a Moshé hablar con Faraón y librar a los Bnei Israel de la esclavitud. Moshé dijo: “Te ruego Señor, no soy hombre de palabras”.

     Conocer las cualidades y las fallas de uno mismo es un don que pocos poseen. Conocerlas bien permite perfeccionar unas y asentar otras. Da seguridad y son camino al éxito. Moshé tuvo éxito en ser el líder de su pueblo porque fue un individuo equilibrado, consciente de su valer y de la magnitud de su tarea, siempre en sociedad con su hermano Aharón. Como el gran estadista que era, conocía su medida, no creía saberlo todo. No era orador y dejó los discursos a Aharón. No era militar y dejó el comando del ejército a Yoshua bin Nun. No era arquitecto y dejó la construcción del santuario a Betzalel.

         Esa capacidad de reconocer las debilidades y delegar responsabilidades en quienes son más aptos y que denota la calidad de estadista, falta hoy en muchas personas que ocupan puestos de responsabilidad. Hay jefes de gobierno muy meritorios que quieren ser filósofos, jueces e historiadores al mismo tiempo. ¿Y cuál es el resultado?

* Los filósofos rechazan la “filosofía” del gobernante;

* Los jueces protestan contra su “justicia”;

* Los historiadores se burlan de su “historia”.

        El pueblo entonces les quita injustamente la gloria aún por aquellas cosas en que la merece.

       No existen “sabelotodos” ni “puedelotodos”. Hagamos lo que somos capaces y aquello para lo que somos competentes, y dejemos aquellas cosas que no sabemos,  a quienes saben. Todos juntos, y cada uno desde su puesto, les trajo la bendición y el éxito. 

        Y roguemos a D’s que ayude a cada uno a cumplir su deber en el puesto adecuado y en la medida justa, en beneficio de Israel y de toda la Humanidad.

                                                                ¡SHABAT SHALOM!

 

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