Hijos de Hashem y el Estado de Israel

 

 

 

 

por Rab Matias Libedinsky
 

Nota de ANAJNU: El Rabino ortodoxo Matías Libedinsky es el Rosh Kolel de la Morashá-Chile

Algunos creen que los judíos ortodoxos odian secretamente al Estado de Israel. Esa creencia toma fuerza al ver fotos de cuatro hombres con traje negro y barba larga dándole la mano a gente que nos quiere destruir como pueblo, o con carteles y manifestaciones llamando por desmantelar el Estado. Pero eso obviamente no es suficiente— todos conocemos el viejo principio de que “generalizar es tonto”. Algo más debe haber en el subconsciente de algunos, que alimenta ese “temor”, por ponerlo de forma positiva, o quizás en otros un cierto deseo de que algo así fuera cierto, algo que haga que en diversos sectores sea casi vox populi, una cosa “sabida y obvia”.

Respecto a la cosa “sabida y obvia” sobre evasión de impuestos de los judíos ortodoxos, cuando le preguntaban a Rav Jaim Mordejai Katz, fundador de la Telshe Yeshiva en Cleveland, qué pensaba de los judíos ortodoxos que hacían trampa en sus impuestos, él respondía “y que dirías tú de un judío ortodoxo que come en Yom Kipur?”. A pesar de que esa respuesta no es muy exitosa en términos emocionales, ya que la gente tiende a agrupar todo y por lo tanto un judío ortodoxo que haga algo malo es como si todos lo estuvieran haciendo, de todas formas la acusación es falsa. El periodista Aryeh Caspi, en un artículo del diario Ha’áretz, titulado “Quién realmente se robó nuestro gatito?”, investigó el tema de los impuestos. Más del 50% de la cantidad total de impuestos que se recaudan en Israel corresponden al IVA, que los religiosos también pagan, además de pagar el sistema de salud.

La mitad de la población israelí no paga impuestos por ingresos, por tener ingresos muy bajos, y muchos ortodoxos tienen un salario bajo que se escapa a la categoría de pago. Pero por otro lado, como en muchos países, el 90% de esos impuestos se genera en los dos rangos percentiles más altos de ingresos de la población, en el cuál no hay evidencia que no haya una justa representación de los ortodoxos.

Si hablamos de la exención del ejército, el hecho que el estado de Israel aplaza el servicio militar para cualquier religioso que esté estudiando en Yeshivá, lo que genera grandes números de religiosos que no hacen el ejército, ya que estudian hasta los treinta o cuarenta años y ya a esa edad no se unen al servicio militar, y que es parte importante de la propaganda anti-religiosa— no significa desear destruir al pueblo judío. Significa que se valida otro sistema de protección que consideran fundamental, porque no es sano caer en la ilusión de que las armas y la fuerza de los combatientes son lo que ganan las batallas, sino que al revés, el ideal por el que se está luchando es el que da la fuerza a los combatientes, y para el pueblo judío ese ideal es la belleza de la unión con Dios a través de la Torá que le entregó a nuestros tatarabuelos.

Si abandonamos el ideal, si dejamos aquello que nos hace grandes y especiales, después de un par de generaciones la lucha va a estar perdida— pero incluso si están en desacuerdo con este pensamiento, ¿es posible que eso lleve a acusarnos de odio y deseo de destruir a Israel?; sin ni siquiera considerar el que el diario Maariv publicó una estadística el 24 de Mayo del 2009, que muestra que la mitad— un 50%— de todos los nuevos Oficiales de Combate del Ejército de Israel son ortodoxos.

O quizás el hecho de que los religiosos se guarden el derecho a estar en desacuerdo con políticas del gobierno—quizás eso hace hace que algunos piensen que quieren destruir el Estado, pero, ¿puede ser que estar en desacuerdo con políticas del gobierno—algo aceptado como legítimo en todos los países— de repente no sea legítimo si eres ortodoxo?

Y que pasa con el señor Dovid Weiss, ese que vemos vestido de ortodoxo dándole la mano a Ahmanidejad ? Se impuso un jerem (excomunión) a ese grupo, que es un subconjunto muy pequeño del grupo Neturei Karta. El Rabino Metzger se unió al jerem, el Rabino Yisrael Meir Landau, la Eidat Hajareidit, que incluye grupos como Neturei Karta-el “verdadero”- diciendo que el número de miembros del grupo de Weiss es de 10 personas en Israel y de 25 fuera de Israel y usando un lenguaje muy fuerte contra ellos. Es decir, no sólo los grandes grupos e instituciones los han denunciado públicamente, sino que tienen prohibido el ingreso a los shul ortodoxos en el mundo (cuando vinieron hace un año a Chile, en Aish HaTora había una orden muy clara de frenar el ingreso de esos personajes si querían entrar).

Entonces, ¿deben todos los religiosos caer en el mismo saco que Weiss? Cuando capturan a un judío secular haciendo algo terrible, ¿acaso vemos sonrisas condescendientes en la cara de los religiosos, felices de que fueron demostradas sus sospechas de que el mundo secular es intrínsicamente perverso? No, definitivamente no, porque entienden que hay gente y hay gente, y obviamente en todo grupo habrá gente que en verdad está expresando un desequilibrio mental más que una verdadera posición del grupo.

¿Quizás si entendemos que somos todos amados por Di-s podamos abrir los ojos a la realidad de lo que acontece con el otro lado del río y generar más entendimiento de los dos lados, el lado secular y el lado religioso? Es momento ya de entender que todos somos igualmente judíos, sea que cumplamos con la Torá o no la cumplamos en su cabalidad. El “pinkele yid”, ese “pequeño judío” que llevamos en el corazón, es algo que no se pierde, nos acompaña siempre, estemos donde estemos o hagamos lo que hagamos. Grita por su libertad en momentos de esclavitud, gime por virtud en momentos de animalidad, y alimenta todas nuestras experiencias religiosas y trascendentales.

El Jumash en Devarim 14:1, dice “Uds. son hijos para Hashem su Di-s”. El Maharal de Praga, un sabio judío muy grande del siglo XVI, nos enseña que Hashem nos llama hijos porque de la misma manera en que hay un amor y cercanía muy fuerte entre un padre y un hijo, así también podemos concluir que Di-s nos ama y está cercano a nosotros en todo momento. La Guemará demuestra que el apelativo de “hijo” se aplica también si la persona no sigue la Torá, del versículo que dice, en Devarim 32:20, “… hijos sin emuna”- sin fe. Usa la palabra hijo igualmente para referirse a alguien sin fe. Explica el gran comentarista Rashi, que “sin fe” quiere decir que no sigue el camino que Hashem nos enseñó, la Torá. Es decir, no sólo es incorrecta la percepción de que quizás hay algunos que son más judíos que otros. Eso sería como decir que hay un hijo que es más hijo tuyo que otro. Eso está obviamente mal. Pero más aún, debemos todos saber, que Hashem nos considera y nos ama y nos tiene cerca como a un hijo incluso después de habernos alejado de Su camino y Su enseñanza. Que los rezos de todos cuentan muchísimo a Sus ojos, que nuestros dolores le importan y nuestras alegrías lo alegran. Y éstas enseñanzas se aplican a todos: ninguno de nosotros sigue el camino de la Torá un cien por ciento.

Y si de verdad es así y lo logramos sentir así, ya no habrá motivo para secretamente desear algo que simplemente no es verdad, y será momento de entender una realidad y despertar a ésta aunque no se quiera escuchar: no odiamos el Estado de Israel, no queremos su destrucción ni menos su desaparición- al contrario, nos alegra y enorgullece su crecimiento y desarrollo, su florecimiento y fertilidad, nos sentimos parte fundamental de este asombroso esfuerzo colectivo— y obviamente nos guardamos orgullosamente el derecho de estar en desacuerdo con las políticas del Gobierno que esté ejerciendo el poder, esperando justamente que eso no lleve a otros a una infantil demonización y a pensar que queremos la destrucción y que odiamos todo.

El viaje a Israel de Morashá, por lo tanto, es de tremenda importancia para nuestro grupo. Que 52 jóvenes hayan viajado a Israel por un mes, hayan disfrutado de su aire, inspirado de su historia, absorbido de su santidad, como una esponja sedienta de agua, nos pone tremendamente orgullosos. Que esos jóvenes hayan llegado llenos de fuerza a activar en la comunidad, a ayudarla a crecer, más motivados que nunca con su futuro como judíos, es un testimonio de la fuerza de la tierra de Israel y de su vigorosa influencia.

 

 

 

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