Bajo la Sucá

 

por Marcela Caradeux

 

Había visto en ANAJNU una invitación que hacía la comunidad ortodoxa Jabad acá en Chile al inicio de Sucot y a nivel abierto para todas las comunidades. Me levanté muy temprano con el fin de poder conocer esta comunidad tan desconocida para algunos y pasar mi primer día de Sucot en comunidad. Me costó mucho llegar pero di con la dirección, cuando entré me abrió un guardia de seguridad, yo iba preparada para que me revisara Bitajon, pero no había nadie, lo que me sorprendió, me preguntó a quién conocía de ahí, yo le dije que a nadie y que había visto el aviso en ANAJNU, tomaron mis datos y me hicieron pasar cordialmente.                          

 

Apenas entré, vi a las mujeres y jóvenes vestidas con falda larga y subir al 2º piso me trajo recuerdos del Kotel cuando iba a rezar, el mismo ambiente de las mujeres ortodoxas, me encontraba de nuevo en Jerusalem y Tel Aviv. Me sentía como en mi casa, inmediatamente pedí un baño para lavarme las manos como venía de la calle, pero a un costado me indicaron estaban los lavatorios para el lavado de manos, justo lo que necesitaba, que alivio después de la inmensa caminata a pleno sol, mis pies no daban más y llegué a sentarme un rato, sin que nadie me dijera nada, por que  lo encontré genial al ver este cuadro de ¡mujeres sentadas, otras paradas rezando! Me di cuenta que dentro del ambiente espiritual, ellos eran más libres, más relajados en cuanto a otras comunidades, donde el ambiente es más humano, ellos son muy comprensivos con la persona.

 

Las mujeres es obvio que las separan,  si deben estar con sus niños cuidándolos. Inmediatamente una jovencita se me acercó a buscarme la página del rezo en el Sidur, eso demostró su calidad de persona. Abajo en el primer piso estaban los hombres rezando y también quedé muy sorprendida al verlos como se paseaban cantando y rezando por toda la sinagoga, ¡una libertad plena en el culto!, no había ese dogmatismo que hay en otras comunidades dentro del servicio, que todos parados, todos sentados, todos mirando para allá, ¡uf! Sólo eres tú y D-s, el resto, maní. Me llamó también la atención que no tenía Tora a la vista, sino un tapiz grande bordado entero con dibujos de ella, y los cohanim rezaban pegados a él, que simpleza.

 

Pensaba en mis ex – compañeros y amigos de Mejiná, si supieran donde estoy, saboreándome esta bendición, y que era la única de mi comunidad que estaba con ellos y viviendo una verdadera fiesta de Sucot.

 

Al terminar los rezos venía la comida, seguía la exquisitez, cuando salimos de la tan acomodada sinagoga, había gente de otras comunidades, lo noté en la vestimenta y se notaba que eran visitas, porque observaban  el lugar. Pasamos a almorzar gratuitamente a la Sucá, pero antes voluntariamente el que quería hacía el rezo del Lulav   con el Etrog, yo hice la tefila antes de almorzar, no podía perderme esa bendición de tener en mis manos esas especies y rezar como en la película Los Ushpizin, era increíble, las etapas que estaba pasando, ayer lo vi de lejos, hoy lo estaba viviendo, nadie quedaba de ignorante porque a todos nos decía lo que debíamos repetir la bendición en hebreo. Los hombres a un lado almorzando y las mujeres en otra mesa, muchas jovencitas bellas, ya casadas y con hijos.

 

Antes de almorzar partimos todos a lavarnos las manos al estilo ortodoxo, tenían sus lavatorios con sus jarros y la toalla que estaban antes de salir a la Sucá. Había de entrada un exquisito seviche de salmón con otro pescado, ensaladas de lechugas combinadas con tomates chiquitos, todo muy bien aliñado. La Jalá era individual, pequeñita y un poquito dulce. También tomamos un poquito de vino kosher después de la bendición. Mientras tanto, un moré ortodoxo nos explicaba el significado de esta fiesta, decía que en ese día estaban cumpliendo con los mandamientos de la Tora y se empezaba con mucha fuerza a vivir Sucot.

 

Seguíamos comiendo entre los cantos sin letras de los varones ortodoxos. Después nos trajeron un chapsui kosher de pollo, exquisito con arroz y de postre naranjas y frutillas bañadas en chocolate especial (sin leche). Los que estaban a cargo del banquete eran peruanos.  ¿Increíble no? Cuando fui al baño, eran personales, no públicos como en otras comunidades, tenían de todo, con todas las comodidades y elegantes. Entre medio el moré seguía explicando el sentido de Sucot, lo que más me llegó de todo lo que habló, era que el Año Nuevo Judío había empezado cuando el pueblo judío había salido de Egipto y que el Mashiaj vendría en Sucot.

 

Valió la pena haber caminado tanto por esa   bella tarde que viví, me sentí una ushpizin, me encontraba de nuevo en Jerusalem, y pensar que nunca quise entrar a una sinagoga ortodoxa en Israel por respeto debido a que siempre yo andaba con pantalones y ya me habían dicho que era gente muy desabrida.

 

No es así, yo lo experimenté personalmente, son gente muy bien formada, muy cariñosa, en abrir la puerta al extranjero sin ningún problema, no te critican como andas vestido, en su estructura me di cuenta que son muy preocupados para que la persona dentro de su comunidad tenga una excelente calidad de vida, que es lo que enseña la Tora: primero la comodidad en todos los aspectos tanto espiritual como físico y que son mano abierta con el extranjero. Almorzamos gratuitamente, de hecho ya habíamos terminado de comer   y llego un muchacho judío a esa hora, inmediatamente le trajeron almuerzo, como se hace en casa.

 

Son gente de mucha fe y muy espirituales, ellos se apoyan en una seguridad más grande, en la seguridad de D-s, el guardián de Israel. Son gente muy espiritual, no había estrellato, ni vanidad como en otras comunidades. Ellos simplemente están esperando la venida del Mashiaj, por eso creo que D-s los bendice mucho y los protege, cumplen en general con los mandamientos de la Tora, que es  dignificar al ser humano por sobre todo y eso es lo que quiere D- s con nosotros. Una cosa aprendí cuando estudié en la Mejiná: D-s quiere que tú seas libre y te sientas muy cómodo dentro de la comunidad. En esta oportunidad, una mujer de esa comunidad jasídica dijo sabiamente: “D-s no te exige tanto”.

 

 

 

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