Mitos y Verdades

por Tiberio Yosef Klein

Cuando se declaró la independencia de Israel, el primer ministro Ben Gurión dio a los judíos ortodoxos las ventajas de no tener la obligación de hacer el servicio militar ni pagar impuestos. El nuevo gobierno consideró que así se afianzaría el concepto de Israel como un Estado Judío. De todas maneras esos religiosos eran muy pocos; incluso en 1967 casi no se veían ortodoxos en Jerusalem, excepto los del gueto de Meá Shearím y algunos en barrios aledaños. Pero con los años su número fue aumentando, no sólo para vivir en la Ciudad Santa, también por esas granjerías.


Su inclusión en la política contingente, gracias a que siguen las directrices de sus rabinos guías, y por el número que les hace pesar dentro de la democracia israelí, hizo que se fueran transformando en una carga pesada para el resto de la ciudadanía que veía sus ventajas como un cierto abuso si se le comparaba con las obligaciones propias. (A pesar de que no todos los judíos ortodoxos aprovechan estas ventajas, varios grupos de ellos incluso van al ejército o hacen trabajo civil)
El nuevo gobierno que ha formado el primer ministro Netaniau excluye a los partidos de judíos ortodoxos que tradicionalmente han manejado desde los años setenta la educación y las finanzas; este cambio se hizo porque los nuevos partidos ganaron más parlamentarios en la Kneset, el parlamento, a pesar de que al primer ministro le pesa su exclusión porque son partidos que han estado comprometidos con su gobierno, y son nacionalistas.


Pero la política israelí es tan dinámica y cambiante que nada está dicho nunca, todo puede cambiar desde la mañana a la tarde. De todos modos una cosa es lo que se ve, y otra lo que realmente sucede. No es necesario que lo que los ciudadanos creen sea cierto, como tampoco lo es lo que declaran los políticos a su público.


Esto ha sucedido desde siempre. Todo se acomoda a la conveniencia, lo que no quiere decir que sea malo: muchas veces es para guiar por buen camino al “pueblo”. En la historia del judaismo relatada en la Torá – los cinco libros de Moshé – y en el Tanaj – el que los cristianos llaman el “antiguo testamento”, para poner a su “nuevo testamento” como preeminente sobre el otro -, no corresponde necesariamente a lo que realmente ocurría.


Así es como la historia del patriarca Abraham, que se trasladó desde la ciudad de Ur de Caldea, es presentada como una sola migración de su clan de arameos hebreos, cuando la realidad es que esta se extendió a varios siglos. De manera que la fecha de la llegada de estos a Canaán esta sujeta a conjeturas. Ya había en ese territorio poblaciones de amorreos, aparte de los cananeos aborígenes. Incluso habitaban allí poblaciones hititas, a quienes Abraham adquirió la cueva en Hebrón para usarla como sepultura para los patriarcas, según Génesis 23. Los hebreos se mezclaron con el tiempo con todos los otros habitantes de Canaán, produciéndose un intercambio de culturas, manteniendo los hebreos su creencia monoteísta, dedicándose a la agricultura y ganadería, y absorbiendo de paso a muchos de los otros pueblos.
 

Pero el monoteísmo absoluto se consolidó sólo con el paso de los siglos para los hebreos, contrario a lo que nos cuenta la historia judía. Se habían descartado los dioses personales que cada poblado tenía para adoptar los más universales relacionados con la economía nómade como era la ganadería, y después la sedentaria de la agricultura. Pero el concepto de D´s como superior y fundamental descartó a todos los demás. Como sucedía en las culturas que dominaban a otras, los dioses de los sometidos pasaban a ser criaturas diabólicas, en comparación con los propios dioses. Así es como terminaron por desaparecer para los hebreos todos aquellos. A pesar de lo cual, el politeísmo volvía de vez en cuando a la sociedad hebrea, para ser erradicado después, y eso ocurrió varias veces.
 

De acuerdo con algunos historiadores, en Canaán había muchos asentamientos israelitas antes del Éxodo, corroborado por las Cartas de Tel el-Amarna. (Estas son un archivo de correspondencia grabada en tablillas de arcilla entre la administración egipcia y sus semejantes en Canaán, Babilonia, Mitani, Amurru, y estados vasallos en Siria. Encontradas en Amarna, ciudad del Alto Egipto fundada bajo el faraón Amenotep IV, 1350 -1330 AC).
 

En el relato de Moshé, no cabe duda que fue realmente un príncipe de Egipto, criado como tal. Si hoy en día no le sucede nada al hijo de un gobernante absolutista, menos pasaría en esa época que un príncipe como Moshé tuviese que huir por haber matado a un simple capataz. De ser verídica la historia de su exilio, lo más probable sería debido a un conflicto de poder con su hermano, que finalmente fue el elegido para ser el próximo faraón.
 

La emigración de los israelitas fue un proceso lento, sin embargo si no se dudara que sucedió tal como se nos relata, los ritos religiosos que instauró Moshé tienen una fuerte influencia egipcia. La conformación del Sancto Sanctorum, donde sólo podían entrar Moshé y su hermano Aarón, nombrado sumo sacerdote por el primero, era similar a los de los templos egipcios. También las leyes de Moshé son las mismas del Código de Hamurabi. (Creado en la antigua Mesopotamia por este rey en 1760 AC, es uno de los conjuntos más antiguos de leyes encontrado. Se basa en la aplicación de la Ley del Talión a casos concretos: el castigo aplicado era equivalente al crimen cometido).
 

En resumen, toda la historia del pueblo judío o israelita, relatado en la Torá y el Tanaj son en beneficio de la idea ética que se persigue, y no necesariamente apegado a la verdad histórica. Al igual que todos los otros pueblos, el israelita o judío es etnocéntrico, es decir que se refiere a sí mismo como centro de todo; eso es lógico ya que después de todo su tradición oral y esos libros pertenecen al judaísmo, no a otros; es la historia propia, no de otros pueblos. Que el cristianismo, que en un comienzo fue una secta judía de judíos, haya tomado los libros judíos como propios, es sólo parte del desarrollo de su propia historia, y no tiene que ver con que los seguidores de esa religión sean judíos.
 

El cristianismo que devino en nueva religión tomó de otras varias de sus propias creencias. El dios muerto y renacido del culto de Mitra; la diosa Isis con su hijo Horus en brazos, al que esta concibió siendo virgen; la bendición del vino y del pan propios del Shabat judío; incluso el uso del capelo – cápeli o kipá, gorro judío – que usan hasta hoy en día los obispos y cardenales. Y tantas otras adaptaciones que se fueron adquiriendo para enriquecer la religión y poder facilitarle a nuevos pueblos entrar en ella con ritos de su religión ancestral, han sido muchas veces explicadas como mitos hechos realidad, todo ello con la finalidad de llegar a ciertos fines específicos.
 

Los musulmanes siguen las enseñanzas de Mohamed, que tomó conceptos religiosos del judaísmo y cristianismo, a los que conoció como comerciante viajero, y especialmente en la ciudad de Medina, donde terminó por instalarse al huir de la Meca. Sus fieles siguen el libro que recoge sus enseñanzas. Pero estas fueron anotadas por escribas, ya que Mohamed no sabía escribir, de manera que no hay seguridad de que sean fieles a lo que este predicaba.
Hace no tanto tiempo las religiones eran lo que hoy en día es la política. Eran totalitarias, porque abarcaban y regían toda la vida de sus súbditos. Si estos no seguían las reglas eran castigados incluso con la muerte, ya que la autoridad se ejercía sin democracia. Se pueden recordar muchísimos casos, pero basta con el de Moshé, que hizo matar despeñando y lapidando a los que en el Sinaí pretendieron cuestionar su liderazgo del pueblo israelita. O también el proselitismo musulmán, que ayudado económicamente por las ricas minas de oro de Arabia hizo la guerra a todos aquellos que no se convirtieran a su nueva religión, aumentando así su poder político.
 

En los próximos días se celebrará la festividad de Pésaj, del hebreo “saltar”, que conmemora la salida de los israelitas de la esclavitud en Egipto. En la antigüedad esta se realizaba de manera diferente a hoy en día. Según Éxodo 12, el rito se instituyó por Moshé en Egipto para anticipar el juicio divino al Faraón y los egipcios. Era una ceremonia primitiva, y lo más importante era la preparación y sacrificio del cordero pascual. Este debía ser un cordero o cabrito sin defectos, macho, de un año, escogido el día diez del mes y sacrificado el día catorce. Cada familia debía hacerlo con uno, o juntarse entre dos familias si no podían hacerlo por no contar con recursos. Con la sangre se untaba el dintel de la puerta. Se quemaba el animal íntegramente, con vísceras y cabeza incluida, debía comerse su carne ese día y el siguiente si quedara, sin romper sus huesos, y en la misma casa. Ningún extraño podía participar en la ceremonia, pero sí los esclavos que estuvieran circuncidados.
 

Pésaj es una festividad muy antigua, cuyos ritos son anteriores a la esclavitud en Egipto, aunque no su significado actual. El ritual de untar con sangre es propio de muchos pueblos, así como una comida ritual en la época de luna llena el primer mes del año. El sacrificio del cordero era común en los pueblos nómades, así como comer verduras es propio de pueblos agrícolas. De manera que los israelitas mantuvieron ambas cuando se establecieron finalmente en su tierra.
 

Parece que Pésaj era también la festividad de la circuncisión, la época en se efectuaba esta. Así se explicaría que el cordero debiera apartarse desde el diez de Nisán, y que la comida se efectuara cuatro días después, el catorce, ya que se necesitaban de tres a cuatro días para curar la herida de la circuncisión. Y que sólo pudieran estar presentes en el banquete los circuncisos, los miembros del clan. Más aún, el cordero pudo ser un sustituto a un sacrificio humano, el que los israelitas no hacían, o al menos desde que fuera relatado con la historia de Abraham, que dejó de lado el sacrificar a su hijo Isaac.
 

La historia esta repleta de costumbres que han nacido de mitos, los que a su vez vienen de asuntos que quizás sucedieron, pero desfigurados por el paso del tiempo pues eran tradiciones orales. La falta de comunicación hacía desconocer lo que pasaba incluso en un pueblo cercano. En la temprana Edad Media, seguramente la gente ignoraba que existiera un obispo en Roma que se llamaba Papa, y este no tenía mucho poder, pues sus dictámenes sólo se conocían mucho tiempo después, y si es que eso ocurría. (La palabra “Papa” esta formada por las letras de “Petri Apostoli Protestatem Accipiens”, “El que Sucede al Apóstol Pedro”)
 

Como después de la caída del Imperio Romano la cultura decayó, sólo algunos pocos sabían leer y escribir. De todas maneras no había libros, excepto los que reproducían monjes, de manera que tampoco hacía falta, no había nada para leer. Las iglesias tenían pinturas y vitrales con las historias bíblicas, no para hermosearlas sino para que las gentes supieran de ellas. Eran como los dibujos de los “cartoons” o “historietas dibujadas” de las revistas actuales. Creían ciegamente en lo que le decían los sacerdotes, y como en el caso del cristianismo el infierno era algo real, eran manipulados con facilidad por obispos y señores.
 

La gran masa tiene la inteligencia del más ignorante entre ellos, de manera que cualquier cosa que se le diga y repita una y otra vez terminarán por creerla. Eso ha sucedido en el pasado, también hoy en día. Y no sólo en los regímenes dictatoriales, también en democracias. Por ejemplo en Venezuela es patético como el candidato hereditario de Chávez, Maduro, alude con desesperación al primero para no perder el poder que debiera ejercer en adelante. Está acusando frente a su pueblo a Estados Unidos e Israel de haber contagiado de cáncer a Chávez; a pesar de que eso no es científicamente posible. E insiste ahora que Estados Unidos pretende asesinar al candidato opositor Capriles para desestabilizar a Venezuela; todo ello sin pruebas, pero es aceptado como realidad por sus partidarios.
 

Eso es tan tonto como lo que Evo Morales de Bolivia dijo, que comer pollo convierte a una persona en homosexual. O lo que afirmó Cristina Fernández de Argentina, que la diabetes es una enfermedad sólo de ricos, porque estos comen mucho, engordan y enferman de eso.
 

Por desgracia no todo el mundo sabe ver “bajo el agua” o “bajo línea”. Esto es, ver la verdad bajo lo que les afirman falsamente. Porque la verdad es que a la mayoría de las personas no les interesa pensar. Prefieren que les den todo hecho, tener dirigentes que se preocupen de lo que consideran difícil, y no preocuparse de nada; seguir el camino que les obligan a hacer, sin pensar para no complicarse la vida. Así es como hay personas que siguen la línea: crecer, ir al colegio, estudiar una profesión, trabajar, casarse, tener hijos, ir a la sinagoga (iglesia o cualquier lugar de culto), etc. Sin desviarse, aceptando todo lo que les dicen sus gobernantes, directores del culto que mantienen, lo que leen o ven en los medios de comunicación. Los peligrosos son los que piensan de manera que ser oveja es menos complicado.
 

Algunos creen que este nuevo gobierno de Israel durará poco. Todo es posible, pero deben pensar así porque se acostumbraron a que los miembros de los gobiernos en ese país fueran siempre los otros partidos políticos, no los de ahora; de manera que estos no les convencen que puedan llegar a buen término. Eso pasa en todo orden de cosas; de tanto querer que algo suceda, muchos terminan por creer que sí pasará. Y más aún si se lo están diciendo sus dirigentes. El mito transformado en verdad.

 

 

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