O Educamos hacia la Paz o Perpetuamos el Conflicto

no hay más opciones para su verdadera resolución

por Nico Riethmüller – Director El Diario Judío

Sólo 6 meses atrás, estaba escribiendo al diario El Ciudadano una carta al Director en repudio por su edición denominada Palestina Libre. Escribí completamente solo, contra no sólo el diario sino además la Comunidad Palestina que lo auspiciaba, sin ninguno de los judíos que hoy enérgicamente han salido a increparme y atacarme. Condenaba la información tendenciosa, el rechazo y la ignorancia frente a Israel por el sólo hecho de querer hacer propaganda anti imperialista, pero por sobre todas las cosas, condenaba que sus palabras sólo llevaban a perpetuar el conflicto, incentivando el odio entre los pueblos y eliminando toda vía de entendimiento y comunicación para una verdadera educación hacia la paz, reproduciendo discursos antagónicos que se eliminan entre sí, igual que sus pueblos. Cientos de personas, judías en su mayoría, compartieron orgullosas mi carta en su muro de facebook, y se sentía una voz joven y colectiva en nuestra comunidad que se alzaba para expresar este sentimiento conciliador frente al conflicto.

Naturalmente, los lectores en su mayoría bombardearon y descalificaron mi carta por ser judío. En ese sentido, mi carácter conciliador estaba completamente vetado por mi identidad, y pasé a recibir una ofensa tras otra, donde mi carta, firmada con mi nombre y apellido como siempre lo hago, fue directamente tirada a la basura. Mi dolor no fue a nivel personal, ya que me situaba frente a un público que no me conocía personalmente más allá de ser denominado el "sociólogo sionista de izquierda" (pasando seguro a quedar dentro de los más odiados por nuestros primos en Chile) sino que mi dolor se relacionaba con ver que todos mis esfuerzos que he puesto en distintos ámbitos de educación no formal en nuestra comunidad, para alcanzar un diálogo frente a una real resolución al conflicto palestino israelí (causa a la que he dedicado ya 5 años y estoy convencido que quiero dedicar mi vida entera), eran tirados a la basura en solo un segundo, perpetuando odios generacionales en ambos lados.

Lo que pasó en Anajnu estas últimas dos semanas fue todavía peor, y lamentablemente mucho más doloroso. Como bien señala Mijael Vera, nos vemos ante un espejo como una comunidad judía muy pobre intelectualmente, completamente censuradora, cerrada al debate y más aún, perdiendo todo sentido de autocrítica. Se gritó y exigió censuras e insultos de parte de muchos, pero pocos fueron los que finalmente se atrevieron a escribir con nombre y apellido, y aun así, mucho menos fueron los capaces de escribir algo puramente argumentativo y reflexivo. El ejercicio de cuestionarnos ciertos valores y acciones no debería significar clases de hasbara y justificación para continuar defendiéndonos, sino todo lo contrario, como comunidad judía deberíamos ser capaces de ver y pensar qué estamos haciendo mal para así reflexionar sobre qué y cómo podríamos hacerlo mejor. Uno conlleva a buscar alternativas de solución hacia la paz, mientras que lo otro sólo a perpetuar el conflicto para convencernos de que tenemos la "razón".

Somos una comunidad tan pobre en construir opiniones divergentes, que el pensar diferente es sinónimo de descalificación e inquisición. Lo que más lamento esta vez, es que los ataques que se realizaron no sólo fueron a nivel personal, sino también de un público que sí me conoce. No puede ser que cada vez que alguien quiera criticar las acciones de Israel y su actuar en el conflicto, sea necesario precisar que las críticas no conllevan ni deberían conllevar, en ningún momento, a poner en duda su legitimidad como nación. En mi caso, y frente a mi comunidad, eso a esta altura debería darse por sentado. Después de dedicar 5 años de mi vida a la educación judía y sionista, que me califiquen de antijudío, antisionista y antisemita es simplemente patético.

Resolver un conflicto implica tener una mirada de segundo orden y por sobre todas las cosas, la intención verdadera de buscar lograr la paz. Se entiende que la paz es mejor que nuestro estado actual, que no podemos continuar en el status quo y que debemos dar nuestro mejor esfuerzo para lograrlo, esfuerzo porque un conflicto implica intereses que debemos sacrificar en orden de resolverlo. Alcanzar una resolución verdadera también implica reparar la historia y el orgullo de las partes, especialmente cuando las partes partieron en una cierta posición y con el paso de los años se distanciaron profundamente, formándose un carácter de oprimido y otro de opresor. La mediación y negociación acá apunta a considerar lo que el otro pueblo no está considerando, lo que estamos olvidando cegados por nuestra intolerancia, nuestros razonamientos, nuestra forma de ver las cosas que claramente es opuesta a la forma del otro.

Es por esto que, cuando mi primera prioridad es resolver el conflicto palestino israelí, andar dando clases de Hasbara para el mundo no me ayuda en nada más que radicalizar mis posturas y convencerme de que el otro lado es el malo, el intransigente, el que no tiene la razón y el que no se merece lo que yo, y eso es precisamente lo que yo no busco. Esto no significa olvidarnos de la historia, para nada, pero el futuro radica en otros supuestos y paradigmas. Así como cuando rezamos Ose Shalom, si queremos construir la paz, debemos dar un paso hacia atrás, si es que realmente nos interesa construirla.

Tengo clarísimo todos esos datos históricos que se presentan catedráticamente para mostrarnos por qué Israel es el bueno del conflicto y los árabes son los malos, datos que les enseñamos a nuestros jóvenes para que los repitan en el “hostil” mundo no judío y puedan defenderse de tantos interlocutores, desde los más pro árabes y de izquierda (con los cuales se nos enseña que no tenemos posibilidad de diálogo alguna y que mejor ni hablemos) hasta simplemente la opinión pública más típica, el ciudadano promedio y el sentido común, frente a los cuales sin duda, con toda nuestra batería de argumentos históricos para defender la postura actual de Israel en el conflicto, quedaremos ante el resto como fanáticos incapaces de ver más allá de nuestra realidad, y lo más triste, es que probablemente eso somos, y precisamente, eso estamos haciendo.

Por eso mismo, le pregunto a todos los que me escribieron especialmente, si son capaces de simplemente responder ¿qué responsabilidades tiene Israel en el conflicto palestino israelí? Si nuestra respuesta es ninguna, como dice Pilar Rahola, claramente somos fanáticos ciegos que carecemos de toda validez como interlocutor, y peor aún, incapaces de alguna vez poder llegar a buscar o creer en una solución verdadera y pacífica a este conflicto.

Para todos los que leyeron mi carta inicial y se molestaron profundamente, por favor hagamos nuevamente el ejercicio de cuestionarnos nuestros valores y acciones, ese es el objetivo central que debemos lograr como comunidad. ¿Estamos los judíos dispuestos a compartir Jerusalem? Esta pregunta no es antojadiza, sino que apunta a la raíz y la concepción que tenemos del conflicto, que es uno principalmente religioso y no geo-político. La tierra, los recursos, la economía y la política son cosas negociables; las ideas y creencias religiosas, no. Jerusalem es una ciudad compartida por las tres principales religiones monoteístas del mundo, en distintos momentos históricos. ¿De qué nos sirve planificar tratados y negociar hasta el 97% de las demandas del pueblo palestino, si al final hacemos caso omiso del último 3% que precisamente se trata de lo más importante? ¿Si no estamos dispuestos a compartir Jerusalem, cómo vamos a resolver alguna vez este conflicto? Resaltar a Rabin como ejemplo judío de convivencia y partición de Jerusalem, siendo que precisamente por eso fue asesinado, enseñándoles a los palestinos y también a nosotros mismos toda nuestra intransigencia, es pecar de cinismo amnésico. Es precisamente por comparaciones tan asimétricas como Jerusalem como ciudad internacional en el plan del 47, y la situación actual tras diversas guerras, que la tensión y el orgullo se centran en este punto. ¿Qué esperamos del orgullo y sentimientos en el pueblo palestino cuando en Iom Yerushalaim salimos orgullosos a marchar y gritar a las calles? Los orgullos dolidos siempre esperan para cobrar venganza.

El pueblo palestino vive hoy la ocupación de Israel. Aunque quisiéramos apoyar la construcción de un Estado Palestino en Cisjordania, los asentamientos judíos están esparcidos como un sistema nervioso por todo el territorio, desmembrándolo y descontinuándolo, desarrollando constantemente una vida tensa basada en el conflicto y limitando la movilidad de la población. ¿Somos responsables de la ocupación? ¿Queremos realmente un Estado Palestino? Por otro lado, Gaza es un basural de esperanzas humanas, de personas sin nada que perder, sin nada. El único que entrega algún consuelo a las masas es un grupo terrorista, radicalizando a la gente, educando al odio, sembrando y cosechando irracionalidad. El terrorismo no se justifica ni se excusa, pero sí se puede entender como fenómeno social. Debemos ser más humanos para comprender esta realidad, y poner todo de nuestro lado para construir una nueva sociedad. La ayuda humanitaria no basta, no basta la caridad. ¿Cómo se puede desarrollar una sociedad civil en Gaza con el bloqueo que realiza Israel? ¿Por qué la gente en Gaza cree que Hamas es la única opción? Cuando pienso en los niños y jóvenes que son sin más opciones educados en campos de odio, solo me produce la más profunda impotencia y tristeza, y pensar que existan judíos que se burlen de esta situación, me produce un enorme dolor físico y emocional. Todas estas interrogantes son sumamente necesarias si queremos comprender al otro lado y realmente caminar hacia la paz.

Yo soy sionista, y me considero profundamente sionista. Creo que Israel es el Hogar Nacional Judío que existe en el mundo, y se fundó en el lugar donde tiene sentido su existencia. Pero porque quiero y creo en su subsistencia a través del tiempo, exijo de sus autoridades un actuar más responsable en el conflicto, y la búsqueda y el alcance urgentes de una verdadera solución de paz. Israel goza actualmente de un poderío militar y económico que lo posicionan como potencia en la región, pero su subsistencia no puede depender de ello, porque estos pilares son sólo pasajeros, y cuando la historia no esté de nuestro lado, cuando nuestros ejércitos no sean los más fuertes ni nuestras arcas las más abundantes, será demasiado tarde para darnos cuenta. Lo único que nos puede proteger realmente es la transmisión de nuestros valores y la educación, de nuestra gente y la de los demás, y es ahí donde debemos apuntar como eje central en nuestras relaciones con los otros países y sociedades. La única garante verdadera de la permanencia de Israel en el tiempo es la paz, y no la dominación. La sociedad israelí lamentablemente se ha norteamericanizado, donde las personas eligen como autoridad a líderes “fuertes” que nos prometen seguridad y aplicar mano dura a los anti sociales y terroristas. La violencia sólo produce violencia, y en la sociedad del terror, el terrorismo de Estado sólo producirá más terrorismo, y el poder central sólo generará más contra-poder. Debemos ser capaces de elegir autoridades más responsables que busquen gobernar a través de la educación.

Pero como judío, también soy pro palestino, y todos nosotros deberíamos serlo. Creo en la autodeterminación del pueblo palestino en un Estado soberano autónomo e independiente. Creo que hay que tomar conciencia de la situación en la que se vive en la Franja de Gaza y la Cisjordania, y debemos ser los actores principales para repararla y desarrollarla. Debemos liberar a la sociedad civil palestina del fanatismo religioso y la intransigencia a través del desarrollo de su economía y su cultura, y para ello debemos entregarles libertades básicas y respetar la integridad de sus derechos y poner fin a la ocupación.

Creo en la educación, y por eso dirijo siempre mi mensaje especialmente hacia los más jóvenes, para que las nuevas y futuras generaciones de judíos no queden como fanáticos defendiendo lo indefendible, sino que sean personas más conscientes que busquen siempre vías de comunicación, entendimiento y paz, como la única vía posible de solución al conflicto que debemos transmitir y esperar, entendiendo que nuestra identidad judía debería ir en pos de la dignidad humana. Transmitir odios es nuestro peor enemigo.

No nos quedemos en justificar nuestras acciones según las declaraciones y las acciones de los fanáticos del otro lado, que al final son necesidades actuales extremas que se mezclan y confunden en discursos radicales que niegan la existencia del otro. Generemos responsablemente los canales y vínculos de comunicación para buscar alcanzar el diálogo y entendimiento entre los pueblos. El conflicto palestino israelí no se va a resolver por hacer propaganda sionista. Hacer lobby es sólo velar por mis intereses, pero cuando detrás de mis palabras no hay intenciones sinceras, no hay convicciones ni ideología, sino sólo apariencias en fotografías vacías y corbatas sin sentido, estamos construyendo comunidad en la nada. Nos habría fascinado como comunidad judía que para Januca en La Moneda, el Ministro del Interior Rodrigo Hinzpeter prendiera una vela junto con Noam Titelman, presidente electo de la Feuc, y junto a Andrés Fielbaum, miembro de la recientemente electa Directiva Fech, ambos continuadores del legado de la acción de los movimientos estudiantiles del 2011, para mostrarle a Chile que los judíos somos una comunidad diversa, pluralista, incluyente, tolerante y políticamente participativa. Pero lo cierto es todo lo contrario. ¿Por qué la causa de un joven activista y líder estudiantil como Fielbaum no es la judía? O ¿por qué Titelman ni siquiera le contesta el teléfono a las más altas autoridades de nuestra comunidad? Los liderazgos de apariencias y sin convicciones reales no ayudan a construir nuevas realidades.

Si algo he aprendido mientras estudio Resolución de Conflictos y Mediación en la Universidad de Tel Aviv, es que para avanzar en la resolución de este conflicto (como en la de cualquier otro), cuando se enfrenta un país con un agente que no lo es, la responsabilidad mayor la tiene siempre el país constituido, agente más poderoso y con mayor posibilidad de acción. Y vuelvo a señalar, aunque Max Grass u otros no sean capaces de entenderlo, lo que hace a Israel más poderoso, lo que más le conviene, raramente será mejor para alcanzar una resolución verdadera al conflicto, porque solamente terminará desequilibrando las partes aún más. Resolver el conflicto, como dije antes, es reparar la historia y los orgullos de los actores involucrados, lo que será imposible en contextos asimétricos de fuerza y opresión.

Para todos los que repudiaron mis palabras, piensen si sus respuestas hacen algo más que perpetuar el conflicto, y los desafío a ser capaces de plantearse y señalar qué responsabilidades tiene Israel en él. Para los que me atacaron e insultaron a nivel personal y emocional, no tengo palabras, no voy a rebajarme a semejante ordinariez. Para los que me insultaron y ofendieron y ni siquiera fueron capaces de escribir y argumentar sus ideas, que vergüenza. Para los que me ofendieron e increparon anónimamente desde ficticias instituciones en facebook, su cobardía habla por sí sola. Para don Eduardo, sus palabras sólo exponen la calidad de ser humano que es. Y para los que creen que mis palabras, por muy duras que sean, sirven para hacer reflexionar y sensibilizar a nuestra comunidad, gracias.

En mis clases y presentaciones, cuando termino y veo las caras asombradas e impresionadas de los jóvenes judíos que me escucharon, siempre recalco que no le puedo pedir a los jóvenes palestinos educados en campos de odio y adoctrinamiento o que viven en calidad de refugiados, ambos en contextos de opresión, que realicen un ejercicio crítico sobre su rol en el conflicto. La crítica y el cuestionamiento sólo son posibles en libertad. Para ellos la realidad no es más que la experiencia mediata, tensa, urgente y violenta. Pero para nosotros, jóvenes judíos que hemos sido privilegiados con mayores campos de entendimiento y reflexión, debemos exigirnos ser siempre críticos frente a nuestro rol en el conflicto, y nunca limitar nuestra acción ante una obediencia ciega, ni caer en fanatismos intransigentes ni terminar defendiendo lo indefendible. Cualquier cosa que no sea educar hacia la paz, es necesariamente perpetuar el conflicto, y con él, la desgracia de nuestro pueblo y la del pueblo palestino.



 

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