NO MÁS DE LO MISMO:

caminos hacia una nueva realidad

 

por David Abodovsky

 

Habiendo leído los artículos aparecidos en esta sección, la impresión que me queda es que hay un profundo descontento con la manera en que se enfoca nuestra vida comunitaria y que se resume en la percepción que todo lo que se hace es “más de lo mismo” sin embargo, aunque comparto en gran parte el diagnostico, no necesariamente comparto las conclusiones y las acciones propuestas, quisiera aportar, por lo tanto, un granito de arena a esta trascendente y necesaria polémica.

 

Yo tampoco quiero más de lo mismo, pretendo un cambio profundo en el judaísmo, tanto en lo espiritual como en lo comunitario, no estoy en lo absoluto de acuerdo con fusionar nuestras instituciones, tal vez si con edificios compartidos en diversos barrios para las mismas. Si todas las sinagogas fueran lo mismo, entonces estaría a favor de que hubiera una sola sinagoga por sector geográfico. Sin embargo, mi aspiración es que hayan muchas más sinagogas y comunidades, de características diversas, y que todas ellas estén pletóricas de congregantes que se sientan interpretados, por sus respectivas particularidades.  La diversidad es una de las características intrínsecas del  judaísmo.

 

Leí hace algún tiempo un mini ensayo de Jaime Barylko sobre el pensamiento lateral en contraposición al pensamiento vertical; Barylko ilustra el punto con un símil: la excavación de un pozo de agua. Si el pozo está en una mala ubicación, nada sacamos con cavar más y más ya que por mucho que cavemos no encontraremos agua. En el fondo, eso hemos estado haciendo, hemos repetido una y otra vez las mismas fórmulas, que probadamente han fracasado, continuamos cavando cada vez más y más profundo nuestro pozo. El pensamiento lateral por otra parte y en el mismo símil es darnos cuenta que en ese lugar no hay agua y entonces nos trasladamos a otro lugar e iniciamos un nuevo pozo.

 

Claro, es muy difícil abandonar el pozo, después de todo hemos invertido mucho trabajo y muchos recursos en perforarlo. El pozo se inicio hace mucho tiempo y entonces pensamos, que si alguien inició el pozo en ese lugar es porque en ese lugar hay agua y por ende solo es cuestión de seguir cavando y, tal vez mañana, sí salga agua del pozo. Actuamos como un jugador empedernido que continúa apostando al mismo número,  ante el temor que si deja de apostar a el, este pudiese ser sorteado, por lo tanto no se decide a asumir la pérdida y continúa apostando hasta  perderlo todo. Por otra parte si abandonamos el pozo, la gente se daría cuenta que hemos fracasado ¡¡Qué bochorno!!

 

Por supuesto que es fácil decir: perforemos en otro lado, lo difícil es decidir donde perforar. En el caso del tema que nos preocupa hay una gran multiplicidad de factores que pueden determinar las particularidades que buscamos o las prioridades que queramos darle.

 

              Tal vez, la realidad más preocupante es que nos hemos alejado de lo espiritual, nos hemos hecho fuertes en la racionalidad, tal vez debido a, que como pueblo, solo pudimos sobrevivir aguzando nuestro ingenio. Sin embargo, lo que no desarrollamos fue nuestra inteligencia emocional y social, tanto sufrimiento nos pasó la cuenta y los costos han sido demasiado altos. No solo nos alejamos de la espiritualidad sino que muchos se alejaron de Di-s, esto último gatillado por la shoa, ¿Cómo puede existir un Di-s que permita una atrocidad como esa? Esta pregunta solo puede ser respondida a través de la fe y de ningún modo por la razón. La fe, es hija de la espiritualidad.

 

Debemos pues, cavar el primer pozo, el de la espiritualidad perdida, nuestros hijos la necesitan y también nosotros, pero no nos damos cuenta. Baste ver como la juventud se integra a corrientes espirituales no judías o judías fundamentalistas en la búsqueda de ese algo que tanto necesitan y que no les estamos proporcionando. En esto cabe una inmensa responsabilidad a los seminarios rabínicos que ante los requerimientos de las comunidades han dedicado una gran cantidad de sus esfuerzos a crear dirigentes comunitarios en lugar de los guías espirituales, que con urgencia requerimos. Formar dirigentes comunitarios es una tarea que debe ser asumida por las comunidades. Los temas de marketing, financiamiento y organización no pueden ni deben ser responsabilidad de nuestros rabinos.

 

           La participación en la sociedad en que vivo, es a mi juicio una parte fundamental y significa la obligación de aportar a ella desde mi yo judío, para de esa forma contribuir, como nos ordenan nuestras escrituras, a ser luz para los pueblos (Or LeGoim) aportando así al Tikun Olam, (reparación del mundo).

 

Aportar desde mi yo judío implica un arduo trabajo, para ello debo estar involucrado en la práctica del judaísmo, no basta con ser un “ser humano” ni tampoco con ser un ser humano “espiritual” y menos aún un ser humano intelectual,  para que podamos participar y transmitir es necesario que  seamos  judíos convencidos, comprometidos y sin complejos. También es necesario que cada uno de nosotros trabaje su parte  espiritual puesto que, la espiritualidad es un idioma común e integrador ahí donde las religiones dividen. Por todo lo anterior es necesario que conozca de la historia de mi pueblo, de Tanaj, de Torá, de tradiciones, de Alajáh, de actualidad judía y además, como si eso fuera poco, es necesario que me perfeccione espiritualmente: Crecer como persona especialmente en lo que dice relación con la tolerancia y la humildad es un requisito indispensable para la convivencia y participación.  Él dialogo exige saber escuchar, trascender el orgullo y el ego, comunicarse desde lo racional pero también desde los sentimientos, abrirse a la realidad que los demás también tienen parte de la razón y que nosotros también tenemos parte de la culpa.

 

         Junto con el pozo de la espiritualidad y del retorno a Di-s, debemos pues perforar el pozo de la participación, de la pasión por quienes somos, de la integración de nuestros hermanos alejados física o espiritualmente del judaísmo, y el desafiante pozo del involucrarse y del atreverse.

 

Y al igual que los mencionados, existen muchísimos otros pozos que debemos explorar: Los pozos de la solidaridad y la ayuda mutua, de la humildad, el de la empatía, de la aceptación y tantos otros.

 

Debemos buscar nuevos caminos, debemos buscar donde cavar nuevos pozos que si sean fructíferos y podamos de esa forma ser regados por el agua de la fecundidad, para nuestro bien y para el bien de nuestro pueblo.

 

Ken Ihie Ratzón, que así sea.

 

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