HACIA UNA PROPUESTA DE JUDAISMO LAICO 

Nico Riethmüller, Pahil Hashomer Hatzair Chile

Hablar de Judaísmo Laico desde su inicio ya nos trae problemas. El concepto de laicismo se refiere a la ausencia de lo religioso. Los sectores más laicos del judaísmo, si bien han sabido expresar y manifestar una opción no religiosa, se han definido desde la negación, desde el inicio mismo del concepto, y seguimos en el comienzo de construir una real alternativa propia, una proposición judía y laica. Se sabe lo que no hay que hacer, pero no se ha explorado bien lo que sí se podría hacer.

La pregunta no debe ser creemos o no creemos en D-s, el tema no nos tiene que importar. Cuando se elimina lo religioso de lo judío, frecuentemente se eliminan muchas cosas más de las que se debería. Hay que ir revisando cuidadosamente. La gran mayoría de las tradiciones que hemos heredado de nuestro pueblo tienen un sentido religioso, pero debemos ser capaces de separarlo de la riqueza cultural de la tradición misma. La proposición laica no implica eliminar nuestras tradiciones, sino reforzar su sentido valórico y ético judaico, dejando de lado rezar.

Conversando y discutiendo junto a varios grupos de jóvenes judíos, entre ellos a mis queridos amigos del Max Nordau de La Plata, el prejuicio más fuerte que existe hacia lo religioso es con las fuentes. Cuando leen las palabras Tora, Tanaj o Talmud, de inmediato las clasifican bajo la idea de religión y las apartan como elementos que no se relacionan con su laicismo. Pero las fuentes judaicas son textos de profunda sabiduría y llenos de conocimientos éticos y filosóficos. Ser judío laico no debe ser sinónimo a ser ignorante, y conocer las fuentes debe ser un deber tan importante como lo es para un judío ortodoxo que las repite una y otra vez. Otro grupo de conceptos que se relacionan inmediatamente con lo religioso son los jaguim en general y Shabat. El Judaísmo Laico debe basarse en el calendario judío, profundamente sabio en sus tiempos, y la celebración de los principales jaguim es fundamental para llevar una vida judía y mantener su enseñanza. Toda festividad posee un sentido laico y progresista, toda festividad es un espacio lleno de interrogantes, es nuestra tarea tomarlas y tratar de responderlas. Y es nuestra obligación como judíos plantearnos interrogantes nuevas, atingentes a nuestra sociedad actual. Lo mismo pasa con el concepto de Bar Mitzvah. Desde el laicismo, la misión debe ser instruir a jóvenes en las profundas enseñanzas del judaísmo, en sus valores y su filosofía, y con ellas buscar, madura y comprometidamente, hacer de esta sociedad un lugar más justo para todos, un mejor lugar para vivir.

Siguiendo con la propuesta, debemos sacarnos el fantasma de la asimilación. El judaísmo sobrevivió, desde los tiempos bíblicos hasta hoy, debido a su capacidad de asimilar las más diversas culturas. Los ortodoxos con sus gráficos pueden decir que las familias judías laicas poseen las tasas más altas de asimilación, pero quien puede definir cuando un judío está asimilado y cuando no. El judaísmo es diverso y pluralista, y las tendencias judías que no calzan con los caminos religiosos u ortodoxos son tan válidas y judías como las anteriores. Debemos aprender que cada innovación representa una contribución que fortalece al judaísmo. El problema no es que tan asimilados están los judíos de Latinoamérica, sino cual es la riqueza del judaísmo latinoamericano. Mirar desde adentro hacia afuera.

Como judíos laicos, seculares y democráticos, creemos en la separación del poder religioso del poder político, basándonos en el respeto a la libertad de conciencia individual, la tolerancia y la diversidad de creencias. Enseñamos a la diversidad y a buscar en ella el enriquecimiento. El hincapié está en lo profundamente humano, en la cultura. Los recursos judíos son enormes. Partiendo por nuestras herencias, donde a través de dos grandes mundos diaspóricos, el yiddish y el ladino, estamos llenos de canciones, historias, música, enseñanzas, bailes, comida, poemas, interrogantes y reflexiones.

Un camino inicial es partir por lo judío e indagar desde allí. Un camino ya más secundario, y con un aprendizaje previo, parte de un lugar secular y se busca en él una interpretación judía. Esto es algo muy similar a lo que ocurrió con el aporte de los judíos a la sociología. Los judíos no buscaron desde la sociología interpretar lo judaico, interpretar sociológicamente a las estructuras comunitarias, sino que al revés, desde su visión judía laica, universalista y muchas veces socialista (no por mera coincidencia), interpretaron lo social, buscando temáticas profundamente judías y atingentes a los cambios sociales. Nuestra misión es la misma, como judíos laicos se deben recorrer ambos caminos, combatiendo la ignorancia y fortaleciendo nuestra intelectualidad.

Estos últimos 150 años el pueblo judío ha demostrado que sabe mirar tanto desde afuera hacia dentro como de adentro hacia afuera. Marx, Durkheim, Mauss, Boas, Einstein, Marcuse, Chagall, Horkheimer, Woody Allen, Merton, Lévi-Strauss, Goffman, Freud, Bashevis Singer, Mannheim, Bauman, Chomsky, son nombres que no podemos desconocer, y son sólo unos pocos. Como judíos laicos debemos explorar todas las ramas culturales y científicas y en ellas visualizar temáticas judías atingentes.

Los desafíos son grandes. Debemos volver a lo más profundo del judaísmo, y comenzar a reinterpretarlo desde un significado laico y progresista. Hay que leer y estudiar, discutir y aprender. Y después, conociendo lo judío, hay que mirar hacia afuera, y en una visión universalista, a través de nuestra óptica judía, reconocer los principales dilemas de la sociedad y actuar. La misión sigue siendo el Tikun Olam. Exista o no exista D-s, la responsabilidad de reparar el mundo en el que vivimos es del hombre. Las enfermedades de la sociedad son responsabilidad de todos. Todos podemos ser doctores y cambiar las cosas. Quizás doctor sea algo muy irreal. Todos podemos ser revolucionarios.

Por último, un consejo. La persona, o el revolucionario, que elija transitar por el laicismo, siempre debe tener en cuenta lo siguiente. Dejar de lado lo religioso puede ligarse fácilmente a renunciar a nuestra espiritualidad, trayendo un sentimiento de vacío y pérdida de algo más trascendental y menos terrenal. Pero no necesariamente. El ser humano también posee un lado que debemos reconfortar en un sentido que no podemos explicar racionalmente. Lo importante es abrir otros caminos, y tener en claro, por ejemplo, que una tefilá puede ser un momento tan espiritual como escuchar un clarinete interpretando una vieja melodía jasídica. La diferencia radica en que la primera experiencia es profundamente religiosa, mientras que la segunda, profundamente cultural.

Espero que estas reflexiones contribuyan a la unificación de una propuesta de judaísmo laico con una identidad colectiva más clara.


Santiago, Abril 2009.

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